Autor: irenenaruba
Conversaciones interesantes
– Somos insignificantes entre seis mil millones de personas
– Por narices, alguien tuvo que haber pensado lo mismo que tú, pero de esa misma idea me viene el optimismo.
– ¿Y eso?
– ¿Tú nunca pensaste en que necesitabas a alguien para «ser feliz»? Es decir… no sé cómo explicarlo. Todo el mundo en algún momento de su vida se ha sentido solo, y estoy seguro que alguna vez hemos deseado que alguien, cualquier persona desconocida, viniera a «buscarnos».
– No, nunca me he sentido solo.
– ¿Ni cuando eras pequeño? Y, en cualquier caso, ¿no piensas que sin ti la vida de alguien sería un poco más triste?
– Sí
– Si de repente te encontraras solo, sin nadie, si se diera la horrible casualidad de que te quedas sin familia y sin amigos, ¿te sentirías solo?
– Sí
– ¿Te quedarían fuerzas para seguir?
– No creo. Sin nadie, me perdería
– Vale. Esto es pura teoría y es un poco complicado pero… imagínate que hace unos años te hubieses quedado sin fuerzas (por cualquier cosa) y no hubieses sido capaz de seguir. Hubieses «desaparecido». ¿No sería ahora, por ejemplo, nuestras vidas «un poco más triste»?
– Sí
– ¿No piensas que si «desapareces» ahora la vida de alguien en un futuro dejaría de ser «un poco más triste»? Me cuesta explicarlo, es una idea… extraña… realmente es puramente teórica.
– Creo que empiezo a avistar el perfil de esa idea. Me pensé que si ahora desapareciera cambiaría el futuro.
– Algo así, sí. No se daría esa casualidad de conocer a alguien a quien podrías hacer un poco más feliz…. no sé si me explico
– No, no te explicas.
– A ver… Las casualidades te llevan a conocer a la gente. No es la suerte, no es el destino. Es una casualidad. Por casualidad te cruzas con alguien por la calle y decides entablar una conversación.
– Vale
– Por casualidad, por ejemplo, vivís en la misma ciudad, vais al mismo instituto y, por casualidad, os pusieron en la misma clase. Son casualidades.
– Sí, y luego es tu mejor amiga.
– Si no llegas a existir, no se daría la casualidad de que, por ejemplo, te tropieces con una persona por la calle, no decidirías empezar a hablar con ella y esa persona no llegaría a convertirse en «alguien» para ti.
– Sí, pero para eso necesitas una extroversión máxima.
– No, es un ejemplo, simplemente, pero si no llegases a existir, tampoco estarías viviendo en esa ciudad, no irías a ese instituto y tampoco estarías en esa clase. A partir del momento en el que conoces a una persona, las decisiones las tomas tú. Siempre puedes decidir si hablar con esa persona o no, o que se dé de nuevo la casualidad y que por casualidad volváis a hablar (por necesidad o porque esa persona toma la iniciativa o por alguna otra casualidad, vaya)
– Sí, pero, según ese esquema, todo es casualidad.
– Las casualidades te acercan a la gente, tú decides luego por donde quieres tirar, con quien te quieres juntar y quien quieres que sea tu «amigo». Tú decides tu camino. Tú decides, por ejemplo, mudarte a una ciudad, tú decides matricularte en tal instituto y tú decides coger ciertas asignaturas que te acaban poniendo en una clase
– Entonces no son casualidades, sino cosas predestinadas
– No, si estuviera predestinado no tendrías la opción de elegir y no podrías luchar por ello.
– La tendrías, pero ya se sabría cual elegirías
– Ya te dije una vez que la idea de destino no me gusta. De la misma manera que el «destino» te une a una persona, ese mismo «destino» te puede separar.
– No existe destino ni casualidad, simplemente existimos, sin más.
– Pero si no, ¿cómo explicas que te encuentras a una persona en tu clase y no te encuentras a otra? Se dan una serie de casualidades entre dos personas. Esas personas han elegido individualmente pero, por casualidad, digamos que «han elegido lo mismo» (vivir en la misma ciudad, ir al mismo instituto, escoger las mismas materias….). En su camino, han escogido lo que mejor les parecía y, por casualidad, se han encontrado. Tienen distintas motivaciones y distintos destinos. Tienen el poder de elegir con quién quieren caminar parte de ese camino, pero por casualidad, sus caminos se han cruzado, y tienen la opción de elegir si seguir hacia adelante o detenerse un momento a hablar y, quizás, puedan compartir parte de ese camino juntos, hasta que tengan que separarse (y no por casualidad o por destino, sino porque tienen que tomar un camino distinto)
– No será igual al destino, pero entonces mi vida es controlada por la casualidad
– Te equivocas. Las casualidades se dan, la vida la controlas tú. Tú tomas tus decisiones.
– Todo es casualidad. Casualidad de que yo me conectase y tu también y casualidad de que estemos hablando de casualidad.
– Pero tú decidiste conectarte. No sabías si yo iba a estar conectada o no. Se dio la casualidad de que estaba conectada (de pura suerte, no suelo conectarme a las 10 de la mañana) y decidiste hablarme. TU decidiste (o podría haber sido yo) y YO decidí responderte.
– No me gusta en nombre de casualidad, prefiero decisiones. Decisiones fructíferas.
– Tú decides, pero no puedes saber el futuro
– Eso es lo que lo hace interesante
– No tomas decisiones en función de lo que «va a ocurrir», no te conectaste pensando «voy a hablar con ella»
– Me conecte por vicio
– Pero no podías saber que acabaríamos hablando. Podemos jugar a adivinar, podemos decir «por costumbre se conecta a esta hora, entonces se conectará a esta hora», y podemos decir «voy a conectarme, que quiero hablar con tal persona y seguro que está conectada», pero… ¿y si esa persona varió sus costumbres por un día? Fue una decisión suya. ¿Eso quiere decir que hay algo que controla nuestras vidas? No, el camino lo haces tú. Tú tomas tus decisiones, y, a veces, al caminar por ese camino que tú estás construyendo, te encuentras con alguien que también está construyendo su propio camino. ¿Tenéis un mismo destino? ¿Tenéis las mismas motivaciones? Para nada. Entonces no estáis «predestinados» ¿Pero por qué os habéis encontrado?
– Casualidad. ¡Tonta! Me hiciste cambiar de opinión
– Definición de «casualidad»: Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.»
– Vale, ganaste
– Espera, espera. Y, volviendo al principio, ¡que aún no te hice pensar en lo positivo del asunto! Que es lo más difícil de explicar aunque una vez explicado la casualidad… (Teorías filosóficas, ¡cómo mola!). si desaparecieras ahora o dejaras de construir tu camino, dejaras de tomar decisiones, dejaras de moverte y de seguir caminando (podemos cansarnos a veces, pero nunca abandonar el camino que estamos construyendo) no te tropezarías «por casualidad» con esa persona (con esa o con cualquier otra) y no podrías tomar la decisión de «voy a hacerla un poco más feliz y voy a sacarle una sonrisa», o esa persona no podría tomar la misma decisión y no podría intentar sacarte a ti una sonrisa. Si tú dejaras de construir tu camino, ¿la vida «futura» de esa persona, una persona que quizás ahora mismo no conozcas, no sería un poco menos feliz?
– Puede
– Entonces mientras tomemos decisiones y construyamos nuestro camino, poco importa que estemos en un bosque, perdidos y que no sepamos cómo salir. Si sigues adelante, algún día encontraras una salida, o encontraras a alguien que también esté perdido, o a alguien que te ayude a encontrar la salida
– Espero ansioso a perderme y que me encuentren.
– Lo malo es que es puramente teórico. Somos humanos, tenemos pensamientos y emociones y sentimientos, y cuando nos perdemos tendemos a pensar con negatividad, a decir «esto es una mierda, mi vida no mejora, no veo la salida, es mejor abandonar».
– O podemos pensar que nuestro objetivo es la superación
– Yo si tengo un día malo suelo pensar «mañana estaré bien», «mañana ya será otro día». A veces la oscuridad nubla nuestra mente y no nos permite ver más allá del bosque, preferimos sentarnos y esperar que nos encuentren antes de seguir adelante con el camino y encontrar a alguien que quizás también esté perdido o que quizás pueda ayudarte a salir de ese bosque, o seguir caminando y encontrar tú solo la salida para después mirar hacia atrás y decir «pues no era para tanto el bosque, la salida no estaba tan lejos, solo tenía que seguir caminando». Aunque el bosque te parezca eterno, algún día se acaba, pero solo saldrás del bosque si sigues tu camino, si sigues tomando decisiones. Algunas decisiones te llevarán a perderte más, otras a salir, algunas decisiones te meterán en el bosque, pero no por ello tienes que dejar de tomar decisiones. Si metes la pata, intenta arreglarlo e intenta no volver a cometer el mismo error la próxima vez. De esta forma, siempre puedo pensar «aunque me sienta sola, si sigo mi camino en algún momento me encontraré con alguien que hará que no me sienta sola». Las decisiones que tome me llevaran, por casualidad, a alguien que me haga sonreír un poco.
– Como tu mejor amiga.
– Ajá. Supongo que esa teoría me permite ser «positiva».
Una poesía para el recuerdo
Su vida se derrumbaba
sin espacio para respirar.
A un paso entre la vida
y la muerte.
Sin luz, sin esperanza
vivió así, durante unos años.
Hasta que la muerte
le encontró.
En un callejón oscuro
fue perseguido sin más.
Sin una razón para vivir
fue atrapado.
Su vida se derrumbaba
hasta que fue abandonado.
En soledad, con crueldad.
Muerte segura.
Y así lo dejó todo atrás.
Sin que a nadie le importara
Sin que nada tuviera importancia.
Se fue.
Y, para no volver,
dejó un recuerdo.
En la oscuridad del bosque,
ella vive con su memoria.
Y jura que nunca lo olvidará.
Gracias
Lo peor del amor cuando termina
Querido John
Querido John
Damien Rice
Tiemblo. La primera vez que escuche una canción tuya me enamoré. Me sentía la hija del trompetista (the blower’s daughter). Hablaba de un final, como muchas otras canciones. Ritmo lento, suaves acordes de guitarra. Me gustaba. Pero la cosa quedó ahí. No sé cuando, pero tomé una decisión. Escucharte. Y me enganché. Me volví una adicta a la melancolía de tu voz y de tu guitarra, a la tristeza de tus letras y a ese matiz de amor. A ese toque gris en la habitación (grey room), al agua fría (cold water) y a Amie (Amie). Musica redonda y perfecta (O). Eres tú el que me lleva a ese mundo, allá lejos, donde los nueve crímenes (9 crimes) están permitidos. Tu voz me sacudió como una bala de cañon (cannonball). Te quería hacer un homenaje, pero no sé si lo estoy consiguiendo, entiendo que sea un tema delicado (delicate). Como el marfil de los elefantes (Elephant), que no es blanco brillante pero que aún así es bonito. Recuerdo (I remember) cuando para mi no eras nadie. Supongo que, realmente, sigues sin ser «nadie»… .y sin embargo, tu voz es demasiado para mi, como un volcán (volcano) que lo puede con todo. Los animales se habían ido (animals were gone), incluso la rata en el granero (the rat within the grain) y los perros (dogs) corrían salvajes, buscando a esa chica que hacía yoga. Guardaba todo en unos viejos baúles (older chests). Bueno, las cosas cambian. Quería dormir y no llorar (sleep, don’t weep), pero no sé si será posible. Ahora recurro a ti cuando quiero llegar lejos. Damien Rice.
(No se como meter accidental babies en esto, pero tenía que hacerlo…)
Barcos de Papel
Si, eso, barcos de papel. Supongo que no sabía qué poner. Se dice que si haces mil grullas, tu deseo se cumple. ¿Qué pasa si haces mil barcos de papel? Los sueltas en el puerto y dejas que naveguen. Sería, incluso, gracioso. ¿Se comportarían igual que los sueños? Yo creo que se hundirían. Pero es como cuando pruebas a sentarte unos metros por encima del mar, con los pies sueltos. Ver el mar justo debajo de ti. Y te entran ganas de tirar tus zapatos. Aún sigo pensándolo. Algún día lo haré, cuando esos zapatos me pesen demasiado, cuando me haya cansado de caminar. Y soltaré mil barcos de papel, ya que ellos tambien tienen derecho a soñar con navegar. E irán cargados de sueños, para que lleguen a donde yo no puedo llegar (ya sea el otro lado del océano, cualquier otra parte del mundo, o las profundidades del océano. O a lo más alto, allí donde solo llegan los sueños).
Otra cosa… ¿alguna vez os habeis preguntado qué haríais si tuvierais que escapar? ¿A dónde irías y quién querrías que te encontrase? Desconectar de todo. Y si alguna vez no quiero ver a nadie, yo estaría viendo el mar. Lejos de casa, lejos de las nuevas tecnologías, lejos del blog. Lejos de todo. Si, en ese mundo que es solo mío, en el que domina el mar y el viento. Allí, donde viven los sueños y los recuerdos. Donde muy pocas personas pueden llegar. Tampoco pido que nadie me venga a buscar, pero… ya sabes, nunca pediré nada.
PD: pensé en cambiar el nombre del blog por el de esta entrada, pero… No puedo. La frase tonta de la semana seguira siendo eso, la frase tonta de la semana. Diga lo que diga.
Deseo de cosas imposibles
Deseo de Cosas Imposibles – La Oreja de Van Gogh
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Sueños
Hoy soñé contigo. No fue un sueño triste, sino que sonreí al verte, sabiendo que podría ser la última vez que volvería a verte. Soñé con un reencuentro, en sueños. Y eso que no ha pasado tanto tiempo (casi 5 meses). Estaba tranquila, sabía que sólo era un sueño. Pero tú apareciste por allí, sin avisar. Soñé contigo. Te di un abrazo y tiré de tu mano, aunque luego desapareciste. Supongo que en un sueño estas cosas pasan, y por eso no fue un sueño triste. Llevabas un corte de pelo extraño, ¿es así como te peinas ahora? No te pega en absoluto. Por eso al principio me costó reconocerte. Pero sabía que eras tú. Estabas en el mismo sitio de siempre, tomando lo mismo de siempre, y yo era la misma de siempre. Me sentí, quizás, un poco más pequeña. Me di cuenta de que solo era un sueño. Pero, aunque me gustaría que hubiese sido verdad, los sueños son solo sueños. No me ha costado nada aceptarlo. Por eso me alegro de haber soñado contigo. Sé que no se hará realidad (es imposible, no se puede recuperar el tiempo perdido, mucho menos en estos casos), pero sé que estás… bien. Aunque te has cambiado el peinado. Que no volverás ya lo he asumido (no me queda más remedio), y si volveré a verte o no, por las noches, en sueños, no es cosa mía. Gracias.
