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  • Hablar de ti

    Hace un año expresaba por aquí que no era capaz, que hablar de ti se me hacía insoportable, que tu ausencia me pesaba en el día a día, en el alma, en el corazón. Constantemente.

    A tu ausencia se le añadió un vacío más. Una ausencia más.Un hueco casi tan grande como lo dejaste tú. Mi corazón hecho trizas y el mundo girando mientras yo me ahogaba entre ausencias, decepciones, faltas y la incertidumbre constante de no saber qué había hecho mal, qué merecía de todo aquello, por qué había perdido credibilidad en un conflicto que ni siquiera había buscado…

    Llegué al día D desbordada. Tu ausencia me quemaba y mi suelo se derrumbaba. Todo a la vez. Creo que nunca sentí un vacío tan grande en mi pecho. Desolada, destrozada y un abismo abriéndose ante mi como nunca antes lo había sentido. El vértigo, la falta de aire, el dolor.

    Sobreviví. Sobreviví a más de 365 días. El tiempo que tarda la tierra en dar la vuelta al sol. Un año. Un año sin ti y no sabes cuanto me pesa.

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  • Me perdiste

    De todo lo que te quise, solo quedó un recuerdo.

    Después de tantas salidas de tono perdonadas, después de tantos desplantes ignorados en el tiempo, sin arreglar, sin reparar. Después de arrastrarme tras cada uno de tus estallidos de ira descontrolada, esta vez no puedo.

    «Puta cría» dijiste hace años. Y nunca lo arreglamos. Te dejé volver sin necesidad de disculparte. A pesar de los insultos, creía que me hacías bien. Y cuando hablaba contigo, creí que me comprendías. Fue cierto. Durante un par de años fue cierto.

    También fue cierto que te creí demasiado. Demasiado importante, demasiado «razonable», demasiado «como yo». Sin quererlo, llegaste a envenenar mi mente con ideas que quizás no se hubiesen desarrollado en mi cabeza de esa forma. Todos los «yo ya paso de hablar porque tal persona no va a cambiar», «es que es así, condescendiente con los demás», «a mi también me molesta que diga esto» (pero no se lo digo). Me lo decías a mi. Y yo te creía.

    Ya en 2019 no eras capaz de respetar mis límites. Nunca fuiste capaz. Cuando te pedía parar una discusión porque no quería perderte, siempre insistías hasta romperme. Y yo, idiota de mi, siempre volvía. Pidiendo disculpas aún cuando nunca te hubiera faltado al respeto. La culpa es mía. Por permitirlo sin consecuencias y por perdonar sin reparar antes.

    Pero el año pasado lo rompiste todo. Me rompiste del todo.

    Podría haberte perdonado. Con el tiempo y si todo seguía como hasta ese momento, podría haberte perdonado a pesar de decirme lo que me dijiste, de insultarme tal y como me insultaste. A pesar de la gravedad de las consecuencias, del impacto que tuvo en mi ese día. No voy a minimizar tus palabras para hacerte sentir mejor: me agrediste. En un momento, además, en el que ya sabías lo que iba a ocurrir si lo hacías. Te advertí. Te dije «si ocurre esto no podré soportarlo»…. Te puse ese límite. Y cuando pasaste ese límite, ocurrió lo que te dije que ocurriría: no podía mantener una conversación en ese estado. Y en cuanto te dije «no puedo mantener una conversación así», traspasas ese límite y me agredes.

    Sin embargo, no fue eso lo que me impidió seguir adelante. No fue eso lo que me hizo pensar «hasta aquí». Fue lo de después. Que borraras todas nuestras conversaciones. Porque hay cosas que aún conservo de tus palabras y de las mías: mi despedida, tu intento de disculpa, tu torrente verbal cuando yo aún estaba esperando a una ambulancia, completamente desregulada. Pero todo lo demás, lo bueno, las conversaciones lúcidas, cuando estaba en un momento emocional más razonable. Las ideas y planes de futuro. Las palabras sobre otras cosas. Tu discurso en la boda. Esos recuerdos se han borrado. Los has borrado. Y me cuesta imaginarme una situación donde pueda decir «está bien, volvamos a construir algo juntas».

    No es rencor. Es que no puedo volver a ser esa niña que se deja pisotear. No así. No otra vez. Aun pensaba en ir a Alemania en tu cumpleaños, disculparme, tratar de hablar contigo, solucionarlo, recuperarte. Pero no puedo.

    Solo puedo perdonarte, quizás, si pides unas disculpas sinceras. Si te esfuerzas por mi por una única vez. Si vienes de frente, como siempre he pedido, y muestres que de verdad estás arrepentida del daño que me hiciste. Pero si tu pensamiento sigue siendo «yo también estaba cansada de esto», «yo ya no podía con esta relación», «a mi también me estaba haciendo daño»…. Desde ahí no hay nada que construir, solo distancia. Solo podría perdonar con una promesa de cambio, de regreso a terapia, de reconocimiento del daño y del problema de control que siempre has tenido. Tus estallidos ya no tienen justificación. Y no estoy dispuesta a volver a permitir un regreso sin consecuencias.

    Más de 15 años destinados al olvido. No importa si no sientes esa necesidad de recuperarlos. Yo, desde luego, ya no puedo volver a la misma posición de antes. Aunque lo intente, no puedo. Lo siento.

    Te quise, pero traspasaste tantas veces mis límites que no puedo seguir siendo la misma.

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  • Que bonita la vida…

    Qué bonita la vida que da todo de golpe
    Y luego te lo quita, te hace sentir culpable
    A veces cuenta contigo, a veces ni te mira
    ¡Qué bonita la vida!

    Qué bonita la vida cuando baila su baile
    Que se vuelve maldito, cuando cambia de planes
    Ahora juega contigo, otras tantas comparte
    ¡Qué bonita la vida!

    Y tan bonita es que a veces se despista
    Y yo me dejo ser
    Y tan bonita es

    Es vida lo que me das
    Vida tu caminar
    Vida que arrampla cobarde
    Que lucha, que sueña y que perderás

    Vida que vuelve a dar
    Vida que sola estás
    Vida repleta de gente que nace, que vive
    Que viene y va

    Qué bonita la vida, tantas veces enorme
    Te acaricia y te mima, te hace sentir tan grande
    A veces eres su niño, a veces enemiga
    ¡Qué bonita la vida!

    Qué bonita la vida, qué regalo tan grande
    Que luego te lo quita, te hace no ser de nadie
    A veces un sin sentido, otras tantas gigante
    ¡Qué bonita la vida!

    Y tan bonita es que a veces se despista
    Y yo me dejo ser
    Y tan bonita es

    Es vida lo que me das
    Vida tu caminar
    Vida que arrampla cobarde
    Que lucha, que sueña y que perderás

    Vida que vuelve a dar
    Vida que sola estás
    Vida repleta de gente, que nace, que vive
    Que viene y va

    Y tan bonita es que a veces se despista
    Y yo me dejo ser
    Y tan bonita es

    Es vida lo que me das
    Vida tu caminar
    Vida que arrampla cobarde
    Que lucha, que sueña y que perderás

    Vida que vuelve a dar
    Vida que sola estás
    Vida repleta de gente, que nace, que vive
    Que viene y va

    Vida, vida, vida, ah-ah

    ¡Qué bonita la vida!, que te mece con arte
    Que te trata de usted, para luego arroparte
    Te hace sentir valiente, otras tantas, don nadie
    ¡Qué bonita la vida!

    Hoy estoy triste. Como ayer. Como, quizás, mañana. 365 días sin ti y las horas sumando.

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  • ¿Qué sentido tiene?

    ¿Es normal que quiera volver a hablar del tema con las mismas personas?

    Sí. Cuando algo duele, duele y seguirá doliendo hasta que no tengas ese momento de reparación, esa conversación. La comodidad está bien y mientras eso no moleste, las cosas estarán bien…. Pero eso siempre va a estar ahí molestando en mi cabeza. Es que ni siquiera me veo capaz de estar en un mismo espacio sin volver al tema…

    Depresión, oh, here we are. Expresaba con palabras lo que tenía en la cabeza, otra vez ese sentimiento de insignificancia, de…. no importarle a nadie, no preocuparle a nadie, de ser totalmente prescindible, en cualquier sitio. Que soy la única que estoy sufriendo ASI y que los demás están mejor sin mi…. Y eso duele.

    Supongo que soy la única que quiere reparar aquello que se rompió. Que «nadie me guarda rencor» y que «simplemente» no quieren hablar del tema. Pero algo se rompió en mi (todo se rompió en mi) y nadie es capaz de verlo a la cara, de sostener eso… «No creo que Irene sea capaz de evitar ese tema»… Es que NO quiero evitar ese tema. «Nadie tenía problemas con verla en el cumpleaños de…. Fue decisión de ella, pero los demás, ni siquiera la otra persona, no tenían nada en contra»…. «Para mi sería muy incómodo, otra cosa es que en algún momento surja verse en grupo y se cree normalidad». No entiendes que para mi no va a haber ninguna normalidad nunca. No hasta que se hable. No hasta poder sentarme con vosotros y que hablemos del tema, por muy incómodo que sea.


    Pero ahora cada vez que vuelvo a esto, a esta entrada, a ese momento…. Todo llega a la misma conclusión: no hubo ni siquiera la mínima intención de reparar nada, porque nadie veía que para mi todo esto fue una ruptura. Dolorosa, muy dolorosa.

    Porque cada vez que pedí diálogo, las excusas se fueron haciendo más y más evidentes. Publicar aquí fue visto como un motivo más, una razón más para negarme una humanidad que pedí desde el primer momento. Si todo lo que publico en mi blog va a ser usado en mi contra… Desde luego, no podía ser yo.

    No, no uso ni he usado el blog para atacar a nadie. He expresado lo que sentía cuando lo sentía. No lo he compartido para «señalar» a nadie. Si lo compartí UNA vez fue para expresar lo que sentía en ese momento. La rabia. El dolor. La desesperación. Pero si ni siquiera eres capaz de entender eso… Me temo que el año pasado tenía razón cuando dije que tienes la empatía en el culo. Lo que se publicó en redes, se borró casi de inmediato, arrepentida. Así que no puede ser que digas que «lo hago público» para que «os entereis» cuando lo publiqué una única vez y lo borré. Nadie entra en mi blog, salvo quien realmente quiere tergiversar lo que escribo o usarlo a su favor para defenderse de palabras que no están ahí para atacar o mentir, sino para expresar lo que siento y lo que HE VIVIDO. No puedes negar mi experiencia, así como yo no niego la tuya.

    Pero os empeñasteis en negar mi verdad, en negar mi experiencia, en negar incluso mis razones. Te empeñaste en negar mi realidad, diciendo que mi realidad estaba alterada. Cuando se pone en entredicho la experiencia de la otra persona, deja de haber diálogo posible. Y aunque deseara con todas mis fuerzas mantener una conversación en persona, desde el primer momento, una conversación más humana y cálida que simples mensajes de texto, sabía que esa oportunidad no iba a existir.

    Por eso borré los chats. Yo no llego hasta el final del asunto si no estoy segura de que no hay nada que hacer. No soy una persona de rendirse. No soy una persona que de las cosas por hecho, que no reflexione sobre los asuntos que le importen, que no lo intente más veces. Lo doy todo, hasta el final.

    Pero cuando llega el final es cuando entiendo que no puedo hacer nada más. Que las conversaciones mantenidas no me sirven para nada porque no había diálogo, solo posturas ya cerradas. No había intención de reflexión. Hubo un período de 2-3 meses donde las conversaciones estuvieron ahí y no se hizo ningún tipo de reflexión, así que… ¿Qué puedo esperar?

    Y en ese momento llega el blog.

    Que no consideres que me hicieras daño no significa que el impacto de tus acciones fuera diferente. Sí, me hiciste daño. Diste muchas cosas por sentada. Dudaste de mi desde el primer momento. No me creíste. Y luego decidiste activamente (y me lo dijiste) mirar para otro lado. Para protegerte quizás, para salvarte a ti. Pero esas acciones tuvieron consecuencias en mi. Todo lo que ocurrió esos días, el resultado de vuestras conclusiones y, sobre todo, la imposibilidad alguna de diálogo, me llevaron a una depresión MUY grave. No levantaba cabeza. Lloraba a todas horas. No tenía ni un día en paz conmigo misma porque NO PODIA.

    Es fácil negar el daño cuando no lo has visto de frente. Cuando ni siquiera te has atrevido a asomar por la rendija a ese vacío. Me pusiste un «único» límite, cuando sabías que era el ÚNICO límite que no podía cumplir. «No repetir el tema…. porque ya estaba más que hablado». Para mi no. Tu límite era un imposible, porque para mi no estaba «más que hablado». La única circunstancia que pedí desde el primer momento, que fue hablar del tema por voz, nunca surgió. Y no surgirá nunca. Y esa fue mi única petición, en todo momento. Hablar como adultos, cara a cara, con la calidez de los gestos, el silencio de las miradas, la ternura de las palabras. Pero cuando no hay madurez emocional, no puedes pedir más. No se le pueden pedir peras al olmo.

    Desde la comodidad del chat todo ha sido muy fácil. Fue fácil interpretar mis intenciones. Fue fácil decidir lo que me convenía. Fue fácil anular mi realidad. Bastaba con decir «eso no fue así» y cerrar la conversación. Pero…. ¿donde queda lo que yo viví? El diálogo quedó cerrado y traté de explicarlo por aquí, por este blog. Otra vez mis palabras fueron interpretadas de cualquier forma. Y, si lees esto, creo que también vas a interpretar de nuevo mis palabras. Dirás que te estoy acusando, que te estoy atacando o que te estoy juzgando.

    Y después de todo… Sigues suponiendo. Supones que en mi cumpleaños lo pasé mal por no tener felicitaciones (qué más daba? No esperaba nada de nadie). Supones que habríamos tenido una bronca por no haberme felicitado, incluso «soñaste» con ello. Supones. Siempre supones. Pero nunca te paras a preguntar si tus teorías son ciertas. Nunca te paras a reflexionar por qué siempre haces las mismas suposiciones. No te paras a ver que tus suposiciones están siempre muy muy alejadas de la realidad, de lo que yo pienso y de lo que yo siento. MUY alejadas. Desde el momento en el que esa duda no existe, desde el momento en el que nadie se para a pensar «Oye, ¿qué habrá querido decir Irene con esto? ¿De verdad pretendía hacer chantaje emocional o simplemente está desbordada?» … Desde el momento en el que la curiosidad por la realidad de la persona con la que estás hablando desaparece por completo…. Los castillos en el aire que construyes no se sostienen. Y eso me parece muy triste.

    «Esto empezo cuando me mintió»…. Pero es que no te mentí… No interpreté lo mismo que tú y eso es muy diferente a mentir. Entiendo por qué tú no lo ves igual. Para ti estaba claro como el agua, pero para mi nunca estuvo tan claro. Nunca tuve más contexto emocional que el que dijiste, que cuando admitiste que «no sabía nada» y que no tenía ni idea de la dimensión del conflicto. ¿Como puedes pensar que mentí cuando admites que no me diste toda la información necesaria para que fuera consciente?

    Siempre he aceptado las consecuencias de lo ocurrido. Lo he dicho muchas veces. Sé que el mensaje se recibió como presión y entiendo por qué. Pero tras intentar el diálogo en tantas ocasiones sin recibir ni una sola oportunidad, me cansé. A este blog se llega por algo y es que cuando el diálogo se acabó, vine aquí a gritarle al viento. Mi primera entrada para retomar el blog fue precisamente eso, una «vuelta al muro». Una vuelta a la escritura terapéutica. No con intención de difamar a nadie, sino de expresar mis emociones, mis sentimientos, mi dolor, mi rabia, lo bonito, lo malo, lo que yo vivi… Todo.

    Tras las continuas respuestas de «no voy a hablar», «no quiero hablar», «no puede hablar», cada una con con su correspondiente excusa («no está preparada para lo que yo le tenga que decir», «no es capaz de asumir lo que hizo», «no quiero tener nada que ver porque me ha difamado en redes»)… Decidí borrar todo. Las conversaciones, los contactos, los grupos en los que en algún momento hemos estado… Todo. Puedo borrar vuestros números de teléfono, pero aún estoy intentando borrar hasta los recuerdos. Por lo que sea, eso es mucho más difícil.

    Todo esto para decir… Que este tema aún me sigue haciendo daño. Aún me duele. Me alegro que los demás hayais podido pasar página, de verdad. Bien por vosotros. A mi aún me va a doler un rato.

    Ya verás cómo me olvidas
    Y te encuentro en cualquier bar
    Pegando saltos de alegría
    Y me dices que lo nuestro
    No era lo que merecías
    Seré cosas que se cuentan
    Vueltas de la vida

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