Se acabó la guerra.

Desde siempre he sido la mala. He sido el enemigo al que combatir. La incorrecta, la inmadura, la «puta cría», «niñata», «zorra»… No sé por qué aguanté tanto. Por qué perdoné tanto. Por qué me negué a ver tanto daño.

Siempre dije: «Me sentía cómoda.» Pero las pruebas estaban ahí. Los sentimientos estaban ahí. Algo se sentía «raro». Siempre era yo, siempre eran mis defensas. Me hicieron creer que los cuchillos eran flores cuando en realidad mi presentimiento era cierto y siempre fueron cuchillos disfrazados de palabras bonitas.

«Tienes que aprender a aceptar», «tienes que aceptar», «acéptalo», «supéralo», «pasa página». Aceptar, aceptar, aceptar. ¿Cuando pensabais aceptarme a mi? ¿Nunca? Fue una batalla constante por ser vista, entendida y apreciada.

¿Alguna vez aceptasteis que pudiera tener una opinión distinta a la vuestra y que no tenía por qué estar «bien» o «mal»? Solo distinta. Pero no, todo lo que hacía estaba «mal» siempre. Aprendí a defenderme a mi misma, a pelear por mi verdad después de tanta invalidación. Pero… ¿lo visteis? Era todo una «justificación», «excusas», «no aceptas tus errores»…. ¿Quién no acepta sus errores si está todo el rato afirmando «aquí metí la pata»? ¿Quien no ha reflexionado lo suficiente?

¿Por qué las relaciones se sentía verticales? En la mayoría de los casos, nunca era tratada de igual a igual. Conmigo no se hablaba, con la excusa de «es que tenemos miedo a hacerte daño». Hablar para entender es muy distinto que hablar para criticar. Y para poder hablar con alguien y entender lo que dice, hay que saber escuchar. Escuchar a alguien es darle el permiso de expresarse sin miedo, sin juzgarla, sin dictar su moralidad, su voluntad, sus intenciones. Sin acusarla. «Eres egoísta», «no piensas en los demás aunque lo digas», «tu realidad está alterada», «solo quieres beneficiarte tú», «eso son excusas». Hablar era una sensación constante de «aleccionamiento» (odio esa palabra). Un esfuerzo constante por dividir lo que soy y lo que pienso. Y siempre la misma respuesta «tienes que aceptar que lo que haces está mal»… Como si fueseis poseedores de la verdad absoluta, donde solo vosotros podíais decidir lo que estaba «bien» y lo que estaba «mal». Como si las categorías morales no fuesen subjetivas, matizables y distinguibles. Como si la realidad no fuera, en sí misma, subjetiva. Como si desconociera las normas.

Lo siento, nunca he sido ignorante, pero la legalidad no es la moralidad y tener una opinión no te hace mágicamente inconscientes de los límites (legales Y morales).

Construí una coraza para protegerme de la constante fiscalización de mi conducta. Y luego os preguntabais por qué me defendía siempre. Incluso cuando no hacía nada mal, se buscaba el mínimo fallo. Una percepción equivocada, una palabra inadecuada, un matiz inválido. ¿Quien no ha hecho crítica? He llegado a hacer tanta crítica y a revisar tanto mi comportamiento que he llegado a la conclusión de que la dinámica era siempre la misma. Y yo estoy cansada de defenderme. De vivir guardada, contenida, fuerte y resiliente. Estoy cansada de ir por la vida con el escudo por delante, porque es lo único que he podido mostrar ante la constante invalidación y la invisibilidad percibida.

Fueron casi 10 años de convivencias comunes. De quedadas a jugar juegos de mesa, de casas rurales, de cumpleaños, de bodas y celebraciones, despedidas de solteros, de complicidad, de grupos y llamadas hasta las tantas, karaokes, anécdotas compartidas, conciertos, viajes (Málaga, Alemania…) e incluso intimidades que no salieron nunca por mi parte (los traumas de una, la relación con su padre de otra, los miedos a viajar, a quedarse sola, a ser el centro de atención, la ansiedad por el trabajo). Todo relegado a un «no fui honesta» o un «para mi nunca fuiste más que una simple conocida»… O peor, un «ahí te mueras». Juré que movería cielo y tierra por esa persona, que era mi rosa de los vientos, que era mi guía, mi Nana. ¿Y ahora qué? ¿En qué ha quedado todo? Más de 10 años compartidos que se han visto reducidos a cuatro conversaciones mediante chats, abandono activo de una persona en crisis y una agresión verbal que nadie estuvo dispuesto a rechazar.

No más. De los puentes tendidos ya no quedan ni cenizas. La reparación no va a llegar nunca para mi, pero como cualquier duelo, se transita. Me llevará tiempo colocar esta herida en mi y «pasar página». Y volveré adelante y atrás constantemente, preguntandome por qué lo permití durante tanto tiempo o cómo volver ahí. Si me merecía tanto sufrimiento, si me merecía no ser vista en mi peor momento, si me merecía una conversación empática. Si alguna vez alguien pensará que se equivocó conmigo. Si alguien se arrepentirá de lo que ocurrió. Si alguien piensa que realmente me cuidó cuando más lo necesitaba.

Un paso adelante, dos atrás, tres adelante… Y así acomodando el dolor en mi interior, en algún espacio que me permita vivir.

Qué decepción, qué desengaño, que absurda melancolía.

La chica que lo perdió todo

Se forzó tanto en continuar. Se forzó tanto en seguir como si nada pasase, como si pudiera con todo, como si fuera una heroína. Estudiar, trabajar, gestionar. Estudiar, trabajar, gestionar. On repeat. Mientras el frío se instauraba dentro de ella otra vez. Otra. Maldita. Vez. On repeat.

Ese frío que lo cubrió todo de blanco, de hielo y de muerte. Esa chica se refugió en una pequeña cabaña, chiquitita, con el corazón encogido y sin querer salir. Era familiar, había crecido en ese frío, estaba cómoda, con su camita, su ordenador… Estudiar, trabajar, gestionar. No sabía como estaba, pero estaba. On repeat. Otra. Maldita. Vez.

Empezó como un pequeño eco. Una intuición. Una voz en su cabeza diciendole «algo no está bien». ¿Serían paranoias? ¿Pensamientos intrusivos? Gestionar, gestionar, gestionar. Un breve murmullo, extendido en el tiempo. Gestionar, gestionar, gestionar. Durante días y días. Meses. Años. On repeat.

Hasta que esa voz empezó a ganar fuerza, a poner patas arriba su mundo, inquietante, incesante. Algo no iba bien. ¿Eso era familiar? Sentir lazos desvaneciéndose en la nada. Otra. Maldita. Vez.

«Siento que eres… como un bonito recuerdo»

Y llegó el evento principal, la hora del show, el baile perfecto. La actriz principal llegó con sus prendas raídas, agotada, cansada. Pero llegó. Estuvo ahí. Sintió el calor. Pudo sentir el calor. Y pudo volar hacia él…. Solo un poquito más. Solo un poquito más. Maldito Ícaro. On repeat.

Esa chica no pudo volver al frío tras sentir el calor. Se plantó. Hizo algo diferente. Una. Buena. Vez. Y empezó a tirar de esos hilos invisibles. Probando, testando, descubriendo. Se rompieron. El frío se lo había llevado todo. Incluso esos hilos. Se rompieron. Y por mucho que la chica se esforzaba en sentirlos de nuevo… Ya no estaban.

La soledad. Otra. Maldita. Vez. On repeat.

La muerte del yo.

Todo se ha deshecho. Finalmente todo ha muerto en mi. Pongo fin a «la Irene de antes» en este 01 de enero de 2026. Lo conseguiste, Melanie, me mataste. Te dije que no, que no me iba a morir por mucho que tú me lo dijeras… Pero finalmente me mataste. Eliminaste todo lo que eramos tú y yo sin vuelta atrás, sin retorno…. Años de conversaciones eliminadas de un día para otro.

¿Como puedo quedarme con lo bueno si eso tambien lo borraste? ¿Qué esperas que haga ante mi propia muerte? Decía que este año me rompí 20 veces y me recompuse 21…. Pero eso fue antes de saber que me mataste.

Es imposible que Irene vuelva. La Irene que alguna vez conocisteis ahora mismo está muerta. Enhorabuena, lo habeis conseguido. En tres meses habeis matado a una persona inocente, la habeis aniquilado por completo. Una vida hecha escombros. ¿Y todo para qué?

¿Qué va a salir de aqui? Porque incluso cuando digo «no puedo más», «dejad de hablar de mi», hay acciones que desvelan que sigo estando en vuestras vidas. ¿Os importo? Yo sé que no. Pues desapareced de una vez, dejad de hablar de mi. Haced como si nunca hubiera existido para vosotros y ya está. ¿Para qué quiero yo los recuerdos? Nunca me han dado nada bueno. No los quiero, quedaoslos. Quedaos con todo lo que yo era antes, todo lo bueno y lo malo, y desapareced de mi vida.

Lo conseguisteis al final. Me habeis matado. Id a mi tumba a ponerme flores y a llorar por mi y seguid con vuestras vidas.

En algún momento renaceré. Nunca he toreado en peores plazas, es cierto. Nunca me mataron tanto por dentro ni de tantas formas distintas. Os espero en mi funeral para veros una última vez.

De aquí solo puede salir una persona nueva.

Elegir bando

– Dejarias a quien sea ahogandose en el agua? Ya da igual si es amigo o es un completo desconocido

– No, pero desde luego no me iria tan tranquila. Intentaria ayudar, como fuera. Mi conciencia no estaria tranquila sabiendo que pude hacer más y no hice


– Que intento fue ese?

– Con quien hablé? Si incluso el grupo que creé aquí el día que empecé a ahogarme, lo borré yo misma … No era cuestion de hablar y explicarme nada. Solo darme seguridad en un momento donde todo tambaleaba. Cual fue el intento de ayudarme?

– Creo que decir «he vuelto a tener pensamientos suicidas y tuve que llamar al 024 este dia» es suficientemente alarmante como para ayudar. No puedes decir que no he pedido ayuda cuando no he dejado de pedirla

– Ya… Por que nadie lo ve si lo he gritado?

– Cuales crees que son mis problemas?

– Si mi mayor problema es sentirme irrelevante e insignificante para los demás… Como pido ayuda sino diciéndoles «necesito que me veas»?? Pero es más cómodo apartar la mirada que sostenerla, porque sostenerla te impide quedarte inmóvil ante la situación

– Me vieron alguna vez?

– Tu dices que estoy dando por hecho que el resto me ve ahogándome

Las cosas claras, el chocolate espeso

Y ahora que en tu cabeza ya hay algo formado, una explicación, una narrativa que te ayuda a transitar por el dolor, por el duelo y por la pérdida. Ahora que ya sabes que no eres culpable. Que su verdad no es tu verdad y te has apartado de esa visión negativa que te hacía daño. Ahora que has identificado los patrones y los ves con tanta claridad, sabiendo su utilidad y lo que significan para ti. Pudiendo nombrar exactamente lo que te duele. Ahora que tu cabeza está en calma y tu mundo interior en paz consigo mismo….

¿Cómo volver ahí?

Y no es que quiera volver a donde me hicieron daño. No es que esté buscando un perdón o un reconocimiento que nadie va a aceptar. No espero que me entiendan, pues reconozco que no tienen la capacidad de entenderme. Y que no es por mi, que no soy yo «el problema». Dentro del grupo funciona, pero a mi eso que funciona me ha hecho daño durante muchos años. Y no lo pude ver, no pude entenderlo, no me di cuenta antes. Ahora es tarde.

No quiero volver a esa dinámica. Pero sí que me gustaría volver a sentirme «bien» con esas personas. Volver a sentirme cómoda. A mi nunca me ha importado el nivel de intimidad, ni de confianza. Me molesta la falta de honestidad o el «miedo» a hacerme daño, cuando ese daño viene del paternalismo constante. Pero ya sé lo que no debo buscar. Lo que no voy a encontrar.

¿Como acepto que, aunque no lo encuentre, esas personas pueden seguir siendo una razón para vivir? Una de tantas, pero una. Volver a sentir esa pertenencia. ¿Cómo empezar? ¿Cómo se abre ese melón? Sin acusar, sin actuar desde el dolor. ¿Cómo reiniciar?

Este año me esforcé mucho para que fuera el mejor año. Me casaba, todo iba a estar bien. Pero todo empezó a torcerse más y más. Decepciones constantes, estrés, agotamiento y un sentimiento de no ser suficiente, de no hacer suficiente, de no intentarlo lo suficiente. Siempre insuficiente. Y el dolor. El dolor más agudo que he sentido nunca. La noticia primero, la pérdida después. La despedida. Y el resto de pérdidas que vinieron unas tras otras.

Me esforcé mucho para que todo fuera perfecto. Y al final no fue importante para nadie. Acaba el año y todo el mundo puede mirar atrás y pasar por encima de todo. Y yo, con tantos eventos por borrar de mi cabeza.

La discusión inexistente

«estás obviando todo el tiempo el hecho de que ella quiere sencillamente dejar la discusión tal y como está, que no va a querer poner una fecha porque ahora no es el momento, y tú quieres poner una fecha sencillamente por tú sentirte bien«.

Ignoras que la fecha a mi no me aportaba nada más que una organización mental (necesaria para mi, pero no por los motivos que tú crees). Yo no estaba mal por el conflicto y por eso necesitaba una fecha. Yo estaba mal por otros motivos y tener una fecha me ayudaba a poner orden en mi cabeza, pero no me iba a sentir «mejor» ni iba a obtener ningún tipo de beneficio.

«si la otra persona está mal, te ha explicado sus motivos, te dice que no quiere discutir más, etc. Y tú le haces caso omiso y sigues insistiendo«

«La otra persona está mal»… Me dijo: «estoy muy vulnerable y no es un buen momento para mi» y eso lo entiendo. Yo tampoco estaba pasando por un buen momento. Tampoco me dijo que no quisiera discutir más, es que nunca hubo una discusión. Es difícil entender la proporcionalidad de la respuesta si nunca has entendido la situación como un conflicto.

«Si una persona está mal, tú no puedes decirle que tú estás peor porque… Aún por encima para escudarte en una discusión que estáis teniendo entre las dos, porque esto no es una charla en la que tú le estás contando lo mal que estás y ella te está contando lo mal que está. No, no es de eso, no trata de eso.«

QUE DISCUSIÓN? Es que lo que más me enfada de todo esto, es la supuesta «discusión» que estábamos teniendo Carmen y yo. ¿Qué discusión? Qué conflicto? Esa discusión que tú dices que estábamos teniendo NUNCA existió porque dos no discuten si uno ni siquiera sabe que está en una discusión. Yo no tenía ni idea de que aquello era una discusión. Para que haya un enfrentamiento o una discusión tiene que haber dos «bandos», dos «opiniones» enfrentadas. Nunca hubo dos opiniones enfrentadas, hubo un juicio de valor sobre una percepción errónea.

«Tú estás tratando de convencer a alguien para que hable contigo y las razones que tú le estás dando es que tú también lo estás pasando muy mal«

Nunca he tratado de convencer a NADIE para que hable conmigo. Tampoco he dicho en ningún momento que las razones para tener esa «conversación» o esa «discusión» sean porque yo lo estaba pasando mal. Es que lo que yo estaba sintiendo, o por lo que yo estaba pasando, no tenía NADA que ver con Carmen en sí. Sí que tenía que ver con el grupo de amigos, con lo que yo creía tener y que nunca tuve. Estaba mal por la muerte de una idea, el duelo de esa idea, pero eso no tiene NADA que ver con Carmen ni con lo que me dijo.

«has formado una bola de mierda de la nada, de la nada y esto ha sido cosa tuya, o sea, tú solita te lo has armado»

Has visto un fantasma en la habitación y desde esa posición se ha interpretado como «una bola de mierda»… Yo solo he visto una reacción totalmente desproporcionada hacia un mensaje que no fue lanzado con maldad ni para obtener algún tipo de beneficio, sino desde una posición también vulnerable y de agobio. Lo dicho, una cuestión meramente organizativa. Si esto ha sido un conflicto tan grande, si esto se transformó en una «bola de mierda» no es por lo que yo pudiera decir o hacer, sino por la interpretación que los demás pudieron tener de mis mensajes o de mis actos.

«tú tienes una opinión de las cosas que tú crees que dices y eso no va a cambiar, entonces por mucho que yo te diga y te siga diciendo y le sigas preguntando a la gente, da igual, como tú tienes tu opinión y no atiendes a razones de lo que nadie más te dice, de lo que están percibiendo, de lo que tus acciones generan en los demás, pues nada va a cambiar»

Y a partir de aquí basta de paternalismos. La condescendencia y el paternalismo os lo guardáis para quien los quiera, no los necesito. Me hacen sentir inferior, me hacen sentir incorrecta, me hacen sentir mal. Por eso siempre he reaccionado así, porque vuestra «ayuda» y vuestros consejos siempre han venido de una posición «superior», de un «pobrecita que no se entera de nada», de un «lo que yo te digo es lo que está bien, lo que haces está mal»… Y sentís que no me podéis ayudar o que todo lo que hacéis siempre me sienta mal… Y es porque siempre lo hacéis desde esa posición superior, desde un sentimiento moralista que os hace sentir mejores. Como todos los audios que me mandaste.

«es que al final todo lo que haces es en beneficio tuyo y no te das cuenta«

¿Es posible hacer las cosas en beneficio tuyo y no darte cuenta realmente? ¿Te puedes beneficiar de algo sin saber que te estás beneficiando de algo? «beneficio: 1. Bien que se hace o se recibe. 2. Utilidad (provecho)» ¿Qué bien recibo yo de estas situaciones? ¿Cómo es posible que me pueda aprovechar o beneficiar de situaciones que solamente me hacen más daño? Es posible, acaso, obtener algún tipo de beneficio posible en un conflicto emocional? Eso si se entiende que tal conflicto existe.

«a mí sí que me decepcionó bastante el hecho de que entrases en la conversación cuando Ana te pidió que no entrases»

En resumidas cuentas, y para entenderlo yo misma: parece que entendisteis que me metí en Discord porque sentía que tenía «derecho» a estar ahí solo por ser amiga de Carmen y considerarme «íntima«…. Y no sé qué pudo pasar por vuestras cabezas a partir de ahí, yo nunca llegué a sentir ese nivel de intimidad que Carmen presupone en su mensaje… Yo nunca llegué a sentir el dolor que Carmen presupone que me hizo con su mensaje. Nunca llegué a tener ninguna «discusión» con ella como dice Alexia. Si todo esto nunca existió para mi, ¿por qué el castigo se siente tan doloroso, tan «cruel», tan desproporcionado? Me despojaron de toda mi agencia, me quitaron parte de mi humanidad, asentaron una base en prejuicios y desde ahí se montaron una historia en la que yo me beneficiaba de algo, en la que yo tenía un conflicto, en la que yo sentía una intimidad «especial» que Carmen había alimentado. Como si Carmen me hubiera hecho sentir un nivel de intimidad concreto, como si no supiera visualizar unos límites. Presuponiendo que me metí en Discord desde ese punto de «maldad», desde esa «violación de los límites», en vez de entender que NO RELACIONÉ UNAS COSAS CON OTRAS. Puedes llamarlo ingenuidad, inconsciencia, lo que sea. Puedo decir que entendí que las cosas estaban más tranquilas y que podía pasar… Que no supe leer la situación, vale. De ahí a que existiera una «discusión» hay un paso enorme.

Injusto

Todo ha sido injusto desde ese día, desde ese martes. Ya no es el dolor por unas palabras dañinas, no es el trauma por haber sido rechazada y acusada de hacer «chantaje». Es una sensación de dolorosa injusticia desde el primer momento.

Yo no sabía nada. No sabía nada de lo que estaba pasando dentro de ese círculo. Ni lo sabía, ni pretendía saberlo. Y lo peor de todo es que para mi estaba todo BIEN. «Si no te mandé a paseo el otro día es porque no sabes todo el cuento». ¿Desde qué posición podéis juzgar mis actos si reconocéis que no sabía nada? En eso tengo la conciencia tranquila: hice lo que pude con la información que tenía y, para mi, ese martes 9 de septiembre fue un día donde todo quedó resuelto y me fui a dormir tranquila.

No puedo culparme porque al día siguiente no me dijeran nada al respecto. No puedo culparme por ser yo la que fui directamente a preguntar mis inquietudes. Hice lo que tenía que hacer, lo que se supone que hace cualquier persona con madurez afectiva, una persona que quiere construir puentes, que trata de comunicarse para que no haya malentendidos. Que prefiere preguntar antes que suponer. Una persona que sabe lo que quiere: relaciones sanas, aunque haya momentos incómodos. Sé que si yo no hubiese preguntado, ahora mismo estaríamos todos bien, este sábado iría al cumpleaños de Adry y no habría pasado nada.

Ya van 2 meses desde ese día y no me lo quito en la cabeza. No es el trauma. Es la desconsideración, la falta de atención, la falta de cuidado, la falta de interés por mantener una comunicación adecuada conmigo. La falta del beneficio de la duda. La ausencia de una pregunta que hubiera sido clave en todo esto: ¿por qué? ¿Por qué hice lo que hice? ¿Por qué dije lo que dije? ¿Por qué fui invisible para todo el mundo durante esta situación? O, más bien, ¿por qué creyeron que me entendían mejor que yo misma? ¿Por qué ese paternalismo? ¿Esa condescendencia? Si no quieres mantener conversaciones incómodas es que no estás preparado para tener relaciones sanas. Nunca asumí ningún nivel de confianza. Nunca sufrí por una honestidad expresada con cariño, pero es que parece que nunca fuisteis honestos. Nada de esto hubiera pasado si en su momento todos hubieseis dicho la verdad sin tapujos: oye, la llamada me sentó muy mal. ¿Qué pretendías con ella?

Todo se hubiese solucionado. Pero no. No tenéis la suficiente madurez emocional.

Tu continente

Será fácil contar historias para escondernos
Lo difícil será dejar que alguien nos eche de menos
Será fácil romper ventanas para escaparnos
Lo difícil será pasar a verte y decirte adiós

Lo conseguiste, eres el superviviente
Caminas solo sobre tu continente

Y ahora hay solo silencio
Solo silencio

Y preguntas al aire
Preguntas al aire
Tan dormido y despierto
Tan dormido y despierto

Porque nadie gritará en el desierto tu nombre (¡nadie!)
Nadie va a declararse culpable (¡nadie!)
Nadie piensa arriesgarse a buscarte (¡nadie!)
En las ruinas de tu ciudad, nadie

Será fácil cerrar los párpados, airearlos para no tener que vernos
Lo difícil será dejar que por los poros penetren dentro
Será fácil separar la mente de los actos y olvidar a los extraños
Lo difícil será acordarnos de lo que perdimos por no hacernos daño

Lo conseguiste, eres el superviviente
Caminas solo sobre tu continente

Y ahora que has conseguido ocultarte
Preguntas por qué

Porque nadie gritará en el desierto tu nombre (¡nadie!)
Nadie va a declararse culpable (¡nadie!)
Nadie piensa arriesgarse a buscarte (¡nadie!)
En las ruinas de tu ciudad (¡nadie!)

Nadie gritará en el desierto tu nombre (¡nadie!)
Nadie va a declararse culpable (¡nadie!)
Nadie piensa arriesgarse a buscarte (¡nadie!)
En las ruinas de tu ciudad, nadie

Mi reina

Aún no voy a hablar de ella, aún no puedo profundizar en este dolor. Algun día te dedicaré una entrada, la entrada que te mereces…. La que necesito escribir sobre ti. Aún no.

Nunca encontraré un ser tan noble, honesto y leal como lo has sido tú. Nunca encontraré un vínculo tan puro, tan fuerte, tan amable… Da igual cuantas vidas pasen. Te buscaré de nuevo en todas ellas.

Descansa, Jannita, descansa. Te lo mereces.

El descanso del guerrero.

(Y yo ahora como aprendo a vivir sin ti…)

… Fue tan real, tan fuerte, tan intenso que duele…

Hello, world

Hoy vuelvo a ti. Y ojalá fuera por gusto, ojalá no sintiera esta profunda necesidad de gritarle a un muro vacío. Ojalá no hubiera vuelto a caer en este pozo que llamamos depresión.

Y ojalá tuviera más herramientas, pero me he vuelto a quedar sin ellas. Así que aquí estoy de nuevo, escribiendole al aire. Llevo un mes y medio ya reflexionando sobre una serie de eventos en mi vida y no puedo decirle a nadie cuales han sido mis reflexiones. 50 minutos de sesión no son suficientes, mis amigos ya están cansados de darle tantas vueltas, de sentir que conmigo no avanzan en nada. Reflexionar me ayuda, hablar de estos temas me ayuda a ir desentrañandolos, pero debo ser la única que se preocupa tanto.

Bueno, si se puede decir que actualmente tengo amigos. Quizás algún amigo, suelto y sin tiempo, desesperados con la vida adulta como cualquiera a estas edades podría estar. Estoy cargando todo en Iago y, en la medida que puedo, en Adry… Pero incluso eso está siendo complicado.

De momento no tengo intención de hacer nada con el blog. Lo utilizaré para trabajar en terapia, hacer las tareas que me va mandando la psicóloga. Y después, supongo, volveré a utilizarlo para expresarme. Para darle el espacio y el valor que tienen mis emociones y que siento que a nadie le importan.

Me duele el alma….

El eterno vidrio roto

Hoy voy a hablar de ti.

De los años que me volvi loca por ti. Mi amor platónico. Siempre te he llamado así. Te pierdo y te encuentro, pero nunca nos damos encontrado. Nunca en el momento exacto. ¿Que pasaria en el momento exacto? ¿Qué si fuera el momento ideal?

Hace 4 años… Quizás hubiese dudado más. Hace 4 años, yo aun pensaba en huir a Madrid y encontrarme contigo. Pero ya no huyo a Madrid y, sobre todo, ya no me encontraba contigo.

En mi interior, algo hace 4 años decidió matar esa historia. «Cosas de cria» me decía. Tus palabras de alguna vez aún resonaba un poco en mi cabeza «para mi eres como una hermana pequeña». Crush. Pedacitos de cristales rotos. Pero no dolió tanto. Al fin y al cabo, solo fue una historia que en ningun momento pudo haber sido y no fue.

Pero ahora estoy como hace 4 años. Con más historia, más madurez y más responsabilidades por delante. Con ideas de futuro. Y tu, con tu vuelta a la libertad. ¡Podemos vernos! ¡Podemos llamarnos! ¡Podemos cenar juntos! Oooh!

Pero yo ya tengo mi casa. Mi hogar. Un sitio al que regresar. Mi mundo compuesto. Y no sería capaz de descomponerlo por ti.

Dejemoslo en… platónico. Y si algún día este sentimiento se convierte en algo más intenso, tan intenso como lo fue durante años… Ya veremos. Ojalá. Ojalá que no.