923 palabras para explicar una historia inventada

Hola, sí, la verdad es que necesito contarte algo con calma y prefiero hacerlo por aquí, porque sé que si te llamo acabaría mintiendo o suavizando las cosas para que no te duelan, porque soy una cobarde, y eso sería volver a engañarte. Y precisamente lo que no quiero es seguir en esa dinámica, porque no te lo mereces. Eres una buena persona y buena amiga, y no mereces que no te hable desde el corazón.

Lo primero es decirte que te aprecio mucho y te considero mi amiga. Realmente disfruto compartiendo mi tiempo contigo y me gustaría que sigamos haciéndolo. Pero sé que durante mucho tiempo he alimentado la idea de que éramos más íntimas de lo que yo realmente sentía. Y lo reconozco: NO FUI HONESTA.

Lo hice porque me cuesta mucho enfrentarme a los conflictos. Prefería seguirte la corriente antes que arriesgarme a hacerte daño o a discutir.

Ahora me doy cuenta de que al final he creado un problema mayor. Te estoy haciendo daño y es todo mi culpa. No tengo excusa posible.

Pero porque te aprecio, no quiero seguir en ese patrón contigo. Por eso prefiero ser sincera, aunque duela, porque creo que te mereces claridad y no quiero seguir alimentando algo que te haga daño, porque sí me importas.

Aunque te considero mi amiga, si es verdad que a veces siento que antepones tus problemas, dejando los míos un poco en segundo plano cuando hablamos, por ejemplo, el otro día la conversación comenzó con que te sentías excluída y que te sentías mal, y yo no estaba para nada bien…, sí que es cierto que después me escuchaste y me apoyaste, pero al principio sentí que era yo la que te tenía que consolar en vez de ser la consolada.

Para mí una amistad es un dar y recibir, y me gustaría que nuestras conversaciones fueran más equilibradas.

De hecho, considero muy importante aclarar lo del otro día: no es que no quisiera hablar contigo en concreto, es que no quería hablar con nadie, ni siquiera con ellos, de hecho te lo dije, creo. Pero insistieron y sí es cierto que cedí y es verdad que les pedí que no avisaran a más gente.
Por encima, cuando hablamos puse excusas usando a A*, diciendo que era muy sobreprotectora, cuando la realidad es la que te comenté antes.

Eso estuvo fatal, y me sabe mal porque la dejé a ella en medio. Fue otra forma de evitar el conflicto directamente contigo, y reconozco que me equivoqué. No quiero que pienses mal de ella, porque fue decisión mía y la puse en una situación injusta. Fui yo. Ella solo se preocupaba, y yo la metí en medio para evitar el conflicto.

Reconozco que lo manejé fatal. No era que no quisiera contártelo nunca, sino que en ese momento necesitaba apoyarme en alguien con quien tengo un nivel de confianza más profundo. Y sé que a ti te pudo doler, porque tú piensas que realmente tenemos ese nivel de confianza, pero yo no lo siento así.

Me doy cuenta de que en algunas cosas somos muy diferentes, y eso a veces me hace tener cuidado con lo que comparto contigo para no molestarte, discutir o afectar a nuestra relación.

Para mí la amistad significa poder hablar sin sentirme juzgada, y a veces siento que eres algo extremista en cuanto a las opiniones de los demás cuando son diferentes a las tuyas.

Por eso te decía que no siento ese nivel de confianza tan profundo.

Prefiero que nuestra amistad se base en lo que sí compartimos y no en forzar algo que ahora mismo no es, pero que con el tiempo, puede serlo.

No todas las amistades tienen que ser iguales, y creo que lo nuestro funciona mejor si lo llevamos con tranquilidad, disfrutando de lo que tenemos sin forzar nada. Creo que lo bonito es que podamos seguir siendo amigas, mejorando poco a poco nuestra relación, apoyarnos cuando nos apetezca y disfrutar de lo que compartimos, aunque no sea todo.

No creo que sea necesario forzar un nivel de confianza que ahora mismo no tenemos. Prefiero que lo que tengamos sea natural y que nos haga sentir bien a las dos.

Por eso estoy aquí diciéndotelo ahora, porque no quiero que nuestra amistad se base en malentendidos ni reproches.

Sé que todo esto son errores míos por no saber afrontar estas situaciones.

No quiero seguir escondiéndome ni hacerte sentir engañada.

Me gustaría que, si seguimos siendo amigas, sea de forma más sencilla, sincera y sin tantas expectativas, simplemente, dejar que fluya y conocernos más, poco a poco, solamente siendo nosotras mismas y sin drama.

Realmente lo siento, porque sé que esto es injusto para ti, pero más injusto sería seguir así.

Te repito, yo te considero mi amiga, sólo que no tenemos tanto nivel de confianza como con otras personas del grupo, nada más. Y no es algo con lo que te tengas que obsesionar, simplemente, nos conocimos más tarde, o no somos tan afines o yo que sé.

Lo importante, y con lo que me gustaría que te quedaras es que realmente te aprecio y lo siento mucho si esto te causa dolor, ya que nunca fue mi intención herirte.

Te agradecería que lo leas con calma y analices también lo que sientes y lo que te he hecho, y lo hablemos para la semana, ya que ahora mismo estoy muy vulnerable y no es un buen momento para mi, pero no quería dilatar más esto en el tiempo.

Que opciones me quedan a mi de responder?

Ninguna. Era un callejón sin salida. Me dejaste una tarea que para mi nunca existió, pero que requería un trabajo por mi parte, un tiempo de «reflexión»… pero sin fecha, sin nada a lo que agarrarme. No tenía NADA que hacer. Para ti hubo un daño, un impacto, que NUNCA existió para mi porque soy incapaz de pensar mal de la gente.

Querías que le dedicara un tiempo que NO tenía a una tarea que a mi me costó un viaje en autobús y una noche en vela para resolver lo que para ti tenía que pensar hasta la semana siguiente, sin saber ni día, ni nada, ni qué coño estaba pasando en mi vida. La incertidumbre era absoluta. Para mi el martes había quedado todo en un «malentendido» y una llamada con muy buena impresión. El miércoles nada me hizo pensar lo que iba a ocurrir el jueves. Porque ocurrió. Porque fui a hablar con A*, que había cosas que no me cuadraban entre lo que había pasado en esa llamada y lo que habíamos hablado A*y yo, y quería «armonizar» la teoría, no quedarme con la duda y no tener esa incertidumbre en mi interior.

Hola. Podríamos tener una llamada o quedar un momento para hablar sobre esto? Hay ciertas cosas que no me cuadran demasiado y me gustaría hablarlas contigo. Como siempre, no es una obligación ni tiene por qué ser algo privado, pero si que prefiero hablarlo antes de que se me haga bola. Está bien si piensas que no tienes nada que decir o si no quieres hablar de esto, no pasa nada, aunque para mi es importante. Disculpa las molestias

Mira, si no te mandé a paseo el otro día, sinceramente, fue porque no me parecía justo porque no sabes todo el cuento, pero tampoco es algo que dependa de mi.

Mis reflexiones

«suavizando las cosas para que no te duelan, porque soy una cobarde, y eso sería volver a engañarte.»

– ¿Quién crees que decide lo que me duele o no me duele, C*? ¿Por qué crees que suavizando las cosas me van a doler más o menos? ¿Por qué crees que me estás engañando? No creo que seas una cobarde, cuesta ser honesto con los demás cuando tu autoestima necesita refuerzo constante y reafirmación en tus amistades más cercanas. El miedo al conflicto es real y no se debe minimizar, eso no te hace ser cobarde. Las conductas de evitación son normales, no son signos de debilidad ni de cobardía, y nadie te va a culpar por querer suavizar las cosas o evitar un conflicto. Por lo menos yo no pienso hacerlo, al menos. Creo que nunca he hecho nada que te hiciera pensar lo contrario, creo que nunca he dicho nada que te confrontara directamente cuando me hablas de tus problemas (las pocas veces que hayamos hablado de estas cosas).

«Pero sé que durante mucho tiempo he alimentado la idea de que éramos más íntimas de lo que yo realmente sentía»

– ¿Qué te hace pensar que yo considero que somos tan íntimas? ¿Crees que te cuento todo lo que podría contarle a cualquiera? ¿A M*? ¿Crees que espero de ti que me cuentes todo lo que le podrías contar a otras personas como A* o A*? ¿Crees si quiera que yo comparto contigo la misma idea de intimidad? Creo que te equivocas.

«Prefería seguirte la corriente antes que arriesgarme a hacerte daño o a discutir.»

– ¿Por qué me consideras tan frágil y, sobre todo, tan belicosa? ¿Por qué crees que decirme las cosas como son iban a llevar a una discusión? Realmente me pregunto si me conoces de verdad… Y creo que sí, creo que conoces esas partes de mi que yo permito que los demás vean. Y esto será culpa mía, quizás, por no ser capaz de mostrarme del todo o no saber expresarme bien. También creo que a veces se tiene una cierta «predisposición» a pensar mal de mi y se va un poco con esa bandera por delante, la de «si digo esto le va a hacer daño a Irene» o «es que me va a discutir esto y no quiero discutir»… Creo que no es justa esa etiqueta o esa «bandera». Así como A* insiste en que ella ha cambiado en estos últimos años, parece difícil de ver que yo también he cambiado o no os creéis del todo que realmente haya cambiado.

«Ahora me doy cuenta de que al final he creado un problema mayor. Te estoy haciendo daño y es todo mi culpa. No tengo excusa posible»

– ¿Por qué crees que has creado tú un problema o que me estas haciendo daño? No, no has sido honesta, pero lo que me ha hecho daño estos días (y que quede claro que es algo de estos días y nada más, pues nunca tuve otra imagen distinta de ti) es que no solo no fueras honesta conmigo, sino que por otro lado no estabas siendo honesta con los demás tampoco. Quizás ni contigo misma. Eso es lo que me duele. No hace falta que te preocupes por mi, pero considero que deberías preocuparte más por ti misma, decidir lo que realmente quieres, tomar las decisiones que consideres que tienes que tomar y ser clara a la hora de comunicarlas a los demás. No puede ser que a mi me digas que en realidad no querías ni siquiera hablar con ellos, y a ellos les digas que sin más no querías meter a nadie más. No sé si ellos han sido conscientes en algún momento que te estaban «forzando» a hacer cosas que quizás no querías hacer (lo pongo entre comillas porque no es exactamente lo que quiero decir), pero que no eras capaz de decir que no. Y esto ya te ha pasado alguna vez, esto ya lo hemos hablado tú y yo por llamada, lo hemos hablado varias veces y creo que sabes cual es mi postura al respecto. No puede ser que te insistan en cosas que no quieres hacer, C*, hasta que digas que sí, que las vas a hacer o que «quizás» las hagas cuando tú ya has decidido que no las vas a hacer. Como lo de ir a trabajar o lo de hablar con la psicóloga. Esto es una impresión mía, más que un hecho, pero es lo que te digo que a mi me duele. Que no sepas poner límites a determinadas situaciones a mi no me afecta, pero siempre siento que te agobias muchas veces por ello. Y te lo digo desde todo mi cariño, desde mi posición y mi intuición. No quiero que pienses que te estoy juzgando, en absoluto.

«si es verdad que a veces siento que antepones tus problemas, dejando los míos un poco en segundo plano cuando hablamos»

– ¿De verdad crees que antepongo MIS problemas cuando realmente nunca cuento mis problemas? ¿Cuándo he hablado de mi en general? Porque normalmente se habla de los problemas de otras personas menos de los míos… porque los míos no los externalizo! No sabéis cómo he vivido esta última semana, no sabéis realmente cómo he llevado lo de Janna porque aunque me preguntasteis y os dije «pues esto» realmente no sabéis que aún no he podido ir a dar de baja su chip, ni cuando he podido pensar en ella sin llorar (solo ahora empiezo a poder a hablar del tema y aún así me emociono muchísimo) o cuando he dejado de notar su ausencia como un dolor constante. ¿Cómo podéis pensar (porque sé o pienso que esto no proviene de ti solamente) que antepongo MIS problemas cuando, igual que tu, soy una persona que prefiero callármelos para no preocupar a nadie más y no os los cuento ni a vosotros? Es que no se los cuento ni a M*, C*. Hay cosas que no cuento ni a Iago. ¿Cuando mis problemas fueron una prioridad? ¿Cuando he dejado tus asuntos a un segundo plano? Incluso el otro día, sí, es cierto que empecé «mal» porque realmente lo que quería hacer era disculparme porque la situación parecía exactamente lo que estaba pareciendo y quería aclararlo y re-centrar la situación en ti. Sí, es normal que al principio sintieras que eras tú la que me tenías que consolar a mi porque exactamente era eso lo que parecía. Obviamente no era eso lo que quería, por eso precisamente me disculpé y redirigí la llamada a cómo estabas tú y a hablar de ti, que era lo importante en ese momento. De una llamada de 35 minutos, quizás los ¿10? primeros minutos fueron esos minutos incómodos, en los que expliqué la situación, el por qué estaba así mal yo y que no era importante y que lo sentía. Después re-centré la conversación a lo importante. ¿De donde sale ese sentimiento de que antepongo mis problemas? Me gustaría saberlo, la verdad, porque no lo entiendo

«es que no quería hablar con nadie, ni siquiera con ellos, de hecho te lo dije, creo………………. Eso estuvo fatal, y me sabe mal porque la dejé a ella en medio.No quiero que pienses mal de ella, porque fue decisión mía y la puse en una situación injusta»

– ¿Realmente crees que tengo un problema contigo o que realmente pienso que era algo contra mi en concreto? Si me dijiste que no querías hablarlo con nadie, ni siquiera con ellos, te creo. No tengo motivos para dudar. Y si no me dijiste nada del tema en ningún momento, sé que es que no querías hablarlo conmigo. Te pasé los árboles y te mandé un mensaje de ánimo para que supieras que estaba ahí si querías hablar en algún momento. Creo que en ningún momento te forcé a hablar conmigo. Creo que a mi me meterieron en la situación «a la fuerza», y lo siento si lo digo así… Es que lo siento así.

No pienso mal de A* ni mucho menos, creo que A* hizo las cosas con buena intención pero nadie (ni A* ni el resto) se paró a pensar nada por un instante. Entiendo la situación y sé que no era el momento de «pensar» en otras cosas, pero… ¿en qué posición me deja todo esto a mi? Me habla A*, me pide una cosa, me dice que es importante, que estás tratándote mal a ti misma y que necesitas eso. Me pide que no diga nada y que no me preocupe…. Pero no puedes pedirme eso… Pedirme a mi que no me preocupe por una amiga mía, independientemente del grado de «confianza» o amistad…. Yo, que soy una persona que va a remover el cielo y la luna por una persona a la que quiero tanto… C*, que te juro en serio que no me importa EN ABSOLUTO acercarme a Santiago a quedarme contigo, que lo haría por cualquier persona de mi entorno. Que a mi si me llama mi ex-amiga porque no tiene a nadie, yo voy y me quedo, por muy ESTÚPIDO que parezca. Que me he quedado una semana con mi cuñada, en todo momento, sin atender a MIS cosas, cuando la semana anterior estaba CABREADISIMA con ella por un vídeo que subió. Joder, que me dice M* que le pasa algo y me faltan segundos para pillar el primer vuelo que me lleve a Alemania, sin importarme cuanto cueste. Soy ESA clase de persona. Creo que realmente pedirme que no me preocupe, que no diga nada, que no haga nada…. Es esperar demasiado de mi en este sentido. Es malinterpretar por completo mi forma de ser y de querer. Es imposible pedirme que me quede quieta de brazos cruzados ante este tipo de situaciones y creo que cualquiera podría haberse dado cuenta.

«Y sé que a ti te pudo doler, porque tú piensas que realmente tenemos ese nivel de confianza, pero yo no lo siento así.»

– A mi no me dolió que no contaras conmigo, a mi no me dolió nada de lo que hiciste ese día. No creo que tengamos ningún nivel de confianza, no esperaba que tuvieras un problema y acudieras a mi a contármelo porque patatas, C*. Creo que conozco los límites, soy una persona bastante observadora y no me creo nada que no me digan en primera persona. No creo que tengamos «ese nivel de confianza» porque sé que no acudes a mi cuando tienes un problema, que tampoco estoy ciega ni sorda, sabes?

«eso a veces me hace tener cuidado con lo que comparto contigo para no molestarte, discutir o afectar a nuestra relación.»

– ¿Cuando, en qué momento, te he indicado yo que me molestaba algo de lo que compartes conmigo, que fuéramos a discutir sobre algo en concreto o que eso fuera a afectar a nuestra relación??? Cuando te he dado pie a pensar que no soy tolerante, que discuto por estos temas o que dejo que una discrepancia afecte a cualquiera de mis relaciones? Quizás tienes experiencias pasadas mías con otras personas, pero contigo creo que nunca nunca ha sido así. Pero es que para mi cada relación es única y si A* siente que tiene que tener cuidado conmigo para no molestarme, no discutir conmigo o lo que sea, tiene más que ver con A* y con cómo somos las dos y cómo nos relacionamos entre nosotras dos, que con cualquier otra persona. Y repito, estas situaciones con A* suceden porque no hemos aprendido a relacionarnos de manera sana entre nosotras, tenemos discrepancias y diferencias que se ven insalvables y que requieren un trabajo mucho más cuidadoso, más exclusivo, dedicado o como se quiera decir. Mis problemas con A* tienen múltiples causas y no son de fácil solución porque en cierta manera no somos compatibles y no se trata de serlo, sino de conseguir, con el esfuerzo de ambas, de llegar a un punto intermedio donde nos podamos sentir cómodas. Este objetivo está muy lejos de conseguirse, pero no tiene nada que ver con mi forma de relacionarme con otras personas. No soy una muñeca de porcelana, tampoco soy una persona que vaya a saltar por cualquier cosa y, si tu fuente es A*, creo que deberías ver más allá. Verme a mi, no la imagen que tengan otras personas de mi. Estoy aquí, soy accesible, siempre lo he sido aunque no lo parezca.

poder hablar sin sentirme juzgada, y a veces siento que eres algo extremista en cuanto a las opiniones de los demás cuando son diferentes a las tuyas

Y sí, el tema no iba sobre mí, sino sobre ti. No sé si fuiste tú, o A*, o A*, o quien fuera, pero alguien decidió involucrar a una tercera persona (a mi, en este caso, por lo que fuera) y eso fue meter un eje más en la ecuación que nadie contó con él. Como si esa persona no tuviera también sus pensamientos, sus sentimientos, su propia iniciativa, su propia situación, la información de la que disponía, ni el contexto… nada. Ni sus afectos, porque al final a mi me dicen que tú estás mal y yo lo único que hago es preocuparme, por mucho que me digan que no me preocupe. Creo que cualquiera se preocuparía.

– ¿Cuándo te he juzgado yo? Y pregunto con total incredulidad. De todas las personas que te rodean, no sé si todas, pero CREO que soy una de las personas que menos juzgan a los demás y que, concretamente a ti, nunca he juzgado nada de lo que dices, ni haces, ni ninguna decisión que tomes, ni ningún pensamiento…. Nada. Siempre te he respetado en todos los sentidos, esté o no esté de acuerdo contigo. ¿Qué no querías volver a terapia hasta después de Navidades? Está bien, es una decisión que has tomado. ¿Qué no querías ir a trabajar el otro día? Está bien, es así como te sientes, no te voy a juzgar por ello! Y si no quieres ir, no vayas, no pasa nada! No me parece justo que digas que conmigo no puedes hablar sin sentirte juzgada cuando que los demás, aunque sea por tu bien, te fuerzan a decir cosas que no quieres decir, hacer cosas que no quieres hacer y sé que a ti te cuesta decirles que no. Aquí creo que no estás siendo honesta contigo misma, como ya te dije antes, porque si hablamos sobre juzgarte, quien más te juzga realmente son las personas en las que más confías. Y sé que entiendes por qué lo hacen, pero no es justo esto que me dices a mi. Porque creo (y ahora no sé que creer, la verdad) que muchas veces tampoco estás cómoda con la forma en la que te tratan, pero te lo callas precisamente por no generar conflictos. Ahora mismo no sé donde está la verdad, porque no es algo que yo pueda decidir, pero creo que quizás deberías considerar esto que te comento. Porque al final siempre cedes, siempre dices que vas a hacer cosas que en realidad no quieres hacer o no vas a hacer. Y creo que ahí lo que pasa es que no estás siendo honesta contigo misma y no eres capaz de poner ciertos límites a ciertas personas.

«Prefiero que nuestra amistad se base en lo que sí compartimos y no en forzar algo que ahora mismo no es»

– ¿Y qué es? ¿Sientes nuestra relación forzada? ¿Crees que te he forzado a algo en algún momento? ¿Te he forzado a compartir algo que no quisieras compartir conmigo? ¿Te he compartido algo mío que no debería haberte compartido? ¿Te has sentido forzada a apoyarme en cosas en las que no me apoyarías si no fuera así? Porque creo que en ningún momento te he forzado a que me cuentes nada de tu vida, ni de tus problemas, ni de nada. Las conversaciones surgen y han surgido hasta ahora de manera bastante natural, o eso he sentido yo. Si el otro día se precipitó todo, espero que veas que ni fue mi intención ni considero que fue «mi culpa» (por así decirlo), porque realmente a mi me metieron en un asunto y todo el mundo esperaba que no hiciera nada. Y si me conocéis lo suficiente deberíais saber que soy INCAPAZ de quedarme de brazos cruzados cuando alguien que me importa lo está pasando mal, lo siento. Tengo que mandar, como mínimo, un mensaje de ánimo (como hice el otro día), un mensaje de «estoy aquí». Pero incluso ese mensaje sentó mal, al parecer. Pues oye, creo que no es mi problema. Tampoco considero que sea algo que deba cambiar, creo que es parte de mi, de mi forma de ser, algo que me caracteriza y de lo que puedo sentirme orgullosa. Es mi forma de querer y no creo que tenga que cambiarla. Si alguien es incapaz de aceptarlo, si alguien es incapaz de ver que las cosas que hago desde mi corazón no van acompañadas de ninguna maldad y que simplemente es un puro acto de amor, mi lenguaje de amor, pues quizás sea esa persona la que deba alejarse de mi.

«porque no quiero que nuestra amistad se base en malentendidos ni reproches».

– ¿Te he reprochado algo? Yo pido hablar los malentendidos entre las dos, sin terceros por medio. Sin mensajeros. Porque creo que es la forma más genuina de hablar entre dos personas con las mejores intenciones. Nunca he dudado de tus buenas intenciones y no pienso empezar a dudar ahora. Me niego.

«Te agradecería que lo leas con calma y analices también lo que sientes y lo que te he hecho»

– Pero es que no me has hecho nada, C*. Si, no has sido honesta conmigo. Creo que tampoco eres honesta contigo misma. Pero eso es algo que tienes que trabajar tú. La falta de honestidad ha generado una situación con A* desagradable, de C* dijo esto, yo tengo esta información, pues yo tengo esta otra…. Y sí, se ha notado que algo no cuadraba y que no estabas siendo honesta. Pero eso no me ha hecho daño. Me ha extrañado, porque si creía a A* era una cosa y si te creía a ti era otra, así que perdí la credibilidad en alguna de las dos y quise creer en ti. Quizás me equivoqué, pero porque nunca pensé que tú ibas a tener motivos para mentirme. ¿Y A* si tenía motivos para mentirme? No, tampoco, pero en una relación entre dos personas, prefiero creer a la segunda persona, y no a la tercera en discordia. Por eso también te llamé y por eso también cuando A* me dijo «creo que C* tiene cosas que hablar contigo» te dije «oye, tienes algo que contarme?». Y si, duele un poco darte cuenta de que alguien a a una persona y a otra persona decirle B. Porque lo que me dijiste a mi y lo que le dijiste a A* (o al grupo, no sé) no tienen nada que ver y son puntos contradictorios. Cualquiera puede ver eso. Y que A* se enfade conmigo porque le has dicho B cuando a mi me dijiste A y yo ya no sé en quien creer, me molesta un poco. ¿Pero qué hago? ¿Te voy a reprochar algo? No. ¿Voy a discutir contigo? No. ¿Voy a discutir con A*? Tampoco. A* está enfadada conmigo, está bien. Si se le pasa y quiere hablar conmigo del tema como le pedí, bien. Sino, también bien, la vida sigue y no tengo por qué detenerme por ella.

¿Qué significa para ti?

Después del impacto de sus palabras, de darme cuenta de esa agresión y llamarlo como lo que fue, me está costando asimilar que * fuera capaz de decirme algo así.

Me pasé la tarde sola en urgencias, quedándome con las justificaciones suyas y teniendo que ‘revivir’ esas palabras constantemente, cada vez que hablaba con un profesional. No tuve tiempo para reflexionar sobre ellas, pero cuando pude hacerlo sentí que debería estar sintiéndome MUY enfadada y dando una respuesta mucho más contundente. Solo estaba profundamente decepcionada. No quería hacer saña de la herida (hacer madera del árbol caído), pero sentí que si no ponía distancia en ese momento no iba a poder sanar nunca, que empezaría a sentir rencor y era lo que menos quería. No quiero terminar una relación así, y menos con *. No quiero que las últimas palabras que tenga de ella sean esa agresión verbal y sus audios posteriores (que ni recuerdo lo que dicen) tratando de justificarse.

Siento que necesito este tiempo, este punto muerto, para digerir el trauma, para acomodar esa herida en mi interior, buscarle un hueco y aprender a convivir con ella. Ni mil disculpas de * van a poder sanar esa agresión ni van a quitar el sentimiento de desilusión, de decepción. Tengo que aprender a aceptar que lo que pasó, pasó y va a vivir conmigo, pero eso no tiene por qué repercutir en una futura relación con ella. Se puede perdonar sin olvidar y se puede vivir también sin perdonar. El rencor y el perdón no tienen por qué ir de la mano.

No sé si algún día la confianza volverá a ser la misma. De momento no lo veo posible, y si algún día volvemos a ser amigas creo que siempre tendré la duda en mi interior, siempre me preguntaré «¿Cuando será la próxima? Puede esperar algo así de esa persona?». Quizás, una de mis condiciones inamovibles tiene que ser que ella admita esos prontos, esos conatos de rabia que dirige hacia su entorno. Lo estaba trabajando y lo llevaba bien, pero ese día traspasó cualquier límite y fui capaz de ver una cara que nunca me habría imaginado y que siempre estará ahí «subyacente».

Por el momento, esta pausa me deja tranquila, siento como si nada importara ya. No sé si es la medicación o que todo lo demás ha ido perdiendo intensidad y lo que me deja es la calma de no tener expectativas de nadie y hacia nadie.

Me sentí traicionada y eso sí que me dolió, pero poner ese límite con *, tan marcado, tan estricto y habérselo comunicado «bien», de la manera que a mi me habría gustado recibirlo, me hace sentir bien conmigo misma, serena. También me siento orgullosa de mi misma por haber «plantado cara» y verbalizado lo que fue con ella, sin que quepa duda a la justificación ni a una interpretación errónea. No traté de buscarle una explicación, no traté de dialogar. No hubo diálogo.

Mi reina

Aún no voy a hablar de ella, aún no puedo profundizar en este dolor. Algun día te dedicaré una entrada, la entrada que te mereces…. La que necesito escribir sobre ti. Aún no.

Nunca encontraré un ser tan noble, honesto y leal como lo has sido tú. Nunca encontraré un vínculo tan puro, tan fuerte, tan amable… Da igual cuantas vidas pasen. Te buscaré de nuevo en todas ellas.

Descansa, Jannita, descansa. Te lo mereces.

El descanso del guerrero.

(Y yo ahora como aprendo a vivir sin ti…)

… Fue tan real, tan fuerte, tan intenso que duele…

Hello, world

Hoy vuelvo a ti. Y ojalá fuera por gusto, ojalá no sintiera esta profunda necesidad de gritarle a un muro vacío. Ojalá no hubiera vuelto a caer en este pozo que llamamos depresión.

Y ojalá tuviera más herramientas, pero me he vuelto a quedar sin ellas. Así que aquí estoy de nuevo, escribiendole al aire. Llevo un mes y medio ya reflexionando sobre una serie de eventos en mi vida y no puedo decirle a nadie cuales han sido mis reflexiones. 50 minutos de sesión no son suficientes, mis amigos ya están cansados de darle tantas vueltas, de sentir que conmigo no avanzan en nada. Reflexionar me ayuda, hablar de estos temas me ayuda a ir desentrañandolos, pero debo ser la única que se preocupa tanto.

Bueno, si se puede decir que actualmente tengo amigos. Quizás algún amigo, suelto y sin tiempo, desesperados con la vida adulta como cualquiera a estas edades podría estar. Estoy cargando todo en Iago y, en la medida que puedo, en Adry… Pero incluso eso está siendo complicado.

De momento no tengo intención de hacer nada con el blog. Lo utilizaré para trabajar en terapia, hacer las tareas que me va mandando la psicóloga. Y después, supongo, volveré a utilizarlo para expresarme. Para darle el espacio y el valor que tienen mis emociones y que siento que a nadie le importan.

Me duele el alma….

2021

La última vez que escribí aquí tenía 26 años, mi vida estaba patas arriba, mi madre había fallecido 6 meses antes y yo estaba a punto de irme de viaje a Orlando, feliz por haber terminado las prácticas del ciclo. ¿Cómo podía seguir siendo tan… ilusa? Tan inocente. El año 2019 se iba y yo en su momento despedí ese año con una frase que aún hoy me hace sentir una payasa: «lo bueno de haber pasado un 2019 taan malo, es que el 2020 solo puede ser mejor». AJAJAJAJHJA Ay, esperen, que me recupero. El 7 de enero de 2021 hacía un resumen del 2020…. desde el 2019 solo he ido cuesta abajo y sin frenos, ay. Voy a aprovechar esta entrada para contar todo lo que ha pasado en 2020 también

Empezaba enero de 2020 saturada. Con una tendinitis en la muñeca bastante limitante y aún así… Cargando y cargando sacos de pienso, todas las semanas. Y empezando la frustración. Fue la primera vez de muchas que dije «estoy saturada, me siento frustrada». Ignorando todo lo de la pandemia, el confinamiento…. Otro año de pérdidas. En abril despedíamos a Brandy. A mi Brandy. A mi gordito, que había pasado conmigo casi media vida, 15 años a mi lado, todo un campeón. Su pérdida fue un dolor difícil de superar y en junio decidí adoptar a Key. Aposté por él y no me arrepiento de nada. El 19 de junio poníamos rumbo a León para recoger a una perrita que Iago adoptó…. Pero fue una perrita tan complicada que Lux acabó formando parte de esta familia. No estaban preparados el uno para el otro…. Yo seguí cargandome responsabilidades a las espaldas. Durante todo el verano se sucedieron los «me frustra esta situación»…. Y nada cambiaba. Nunca. ¿Quien puede…? Irene. Irene siempre puede. Pensando en que, quizás, así quitabamos trabajo a quien no podía más. Búsquedas, recogidas, acogidas, adopciones, mercadillo… espacio y tiempo. Un tiempo que cada vez escaseaba más. Empecé a trabajar. Por primera vez en mi vida tuve un trabajo, un contrato, un sueldo. También durante estas fechas retomabamos el curso de IAA con Yaracan…. Ese desastroso mes de septiembre 😅 Por más que mis amigos me decían «oye», yo no quería escuchar. Pero sí, en algún momento me saltaron todas las alarmas con el curso. Se hicieron muchísimas cosas MUY mal. Fue una experiencia bastante desagradable que no repetiría. Ese momento debí haber dicho «ya está», debí haber dejado de cargarme cosas encima. Haber dejado de responsabilizarme de varias cosas. Haberme quitado responsabilidades. No era mi trabajo…. Pero solo una vez dije «no puedo»…. Me duró una semana. Seguí. Seguí haciendo lo que podía como podía. Y la frustración aumentó, porque parecía que nadie más podía! Y eso me pasó factura. En octubre empezaba mi particular «hasta aquí». Mis límites. No podía más. Y daba igual cuantas veces lo gritara, no podía más. Incluso aunque me «dieran la razón» (¿desde cuando eso es imporante?), aunque pidiera ayuda…. Nada cambiaba. Nunca cambió nada. Y esa sensación de gritarle al aire. Esa sensación de que mis opiniones, mi realidad, mis sentimientos no valían nada. De que mi tiempo no valía nada. De que mi trabajo no valía absolutamente NADA. Todo eso se fue colando en mi, como el atisbo de una sombra por la que no estaba dispuesta a volver a pasar. Así que acabé diciendo HASTA AQUI. Yo misma me doy mi valor.

Acabé el 2020 deseando no volver a caer en esto, no volver a ayudar más, no hacer más voluntariado…. Acabé 2020 pidiendo paz y calma, diciendo que no volvería a hacer voluntariado en ninguna de sus formas durante una (larga) temporada. Esto escribía el 7 de enero. Y si tuviera que hacer algún resumen similar del 2021…. No recuerdo ni la mitad de cosas que he hecho. Ha sido un año de los más complicados, no sé si incluso diría el más complicado desde 2012. Este año he perdido todo sin ganar absolutamente nada.

Durante el primer trimestre del año, mi gata, Navi, desapareció de casa. Me pasé meses búscandola, colocando carteles, saliendo todas las noches, incluso con toque de queda, para buscarla. Nunca apareció. Sigo sin ella, y después de un suceso desagradable que me encontré en el jardín, no tengo ninguna esperanza. La perdí. No sé qué le pasó, ni quiero saberlo, solo sé que la perdí. Que ya no está y que no creo que vuelva. A veces aún sueño con que vuelve, que aparece por casa…. Voy a pérdida por año y no puedo.

Además, empezaba el año comentandole a mi psiquiatra que sentía que no estaba disfrutando de nada, que tenía la sensación de que me estaba deprimiendo de nuevo, que no estaba bien, que nada me motivaba….. Mi psiquiatra dijo que estaba bien, que me veía bien, que solo seguía con el problema de no dormir bien, pero que bueno, que ajustabamos la medicación…. No salí muy convencida. Volvió detective conan a la gallega y yo le empecé a coger el gustillo de nuevo, así que volví a viciarme. Me sentí «viva» durante una temporada. Tenía una aficcion, un gusto, estaba disfrutando de algo y me sentía bien. Todo estaba yendo bien.

Y desde ahí…. caida mortal. Triple salto con fatídico desenlace. Me prometí no hablar de Glifo y no lo haré. Cometí muchos errores personales que me llevaron a uno de los peores días de mi vida. Las 2 peores horas de mi vida, discutiendo con personas a las que quería y quise tanto. 2 horas en las que me rompí y nos rompimos. 2 horas en las que no quise más que morirme, allí, yo sola, en el portal de mi casa, plantada y discutiendo sinsentidos y sin razón. La conciencia tranquila porque hice lo que creí correcto en el momento que creí correcto siempre, pero eso no quita el dolor. Después de subir a casa y cenar, sentí tanto dolor que solo quería que aquello acabara y no me importaba cómo. Tuve miedo, tanto miedo que no me vi capaz de dormir sola y me fui a casa de Iago. Al día siguiente me despedí de ellla y ahí se acabó la historia, una historia que llevabamos 6 años escribiendo. Fue un punto y final.

A todo esto, mientras todo esto sucedía, yo sabía que estaba cayendo más y más. Y sabiendo que esto estaba pasando, traté de pedir ayuda, traté de cerrar capítulos pendientes para que todo quedase finalizado y yo pudiese reiniciar mi vida. Solo quiero eso, reiniciar, olvidarme de todo. Mi vida se estaba desmoronando por completo, tenía un pilar resquebrajado soportandome y la vida parecía que no quería dejar de golpearme. De repente me encontré con más peso encima de lo que mi pilar endeble podía sostener. De repente mi edificio no tenía cimientos y aún así todo seguía recayendo en mi. De repente me encontraba intentando sostener una amistad que no se sostenía, una pareja que no se sostenía sola, un trabajo que no paraba de exigirme, una casa que se me venia encima, un gato que a nadie le importaba…. Una vida, MI vida, que se me escapaba de las manos como si fuera agua.

Tuve que reforzar los límites, parar el mundo, pedir tiempo, pedir espacio, desprenderme de cosas pesadas para poder continuar. Aún a día de hoy no tengo muy claro en qué punto estoy, pero supongo que de alguna manera me estoy recomponiendo. Aún quedan tabiques por tirar y cimientos que construir de nuevo. Siento mucho si has sido una de esas personas que no han pasado mi criba. Espero que entiendas que he tenido que tirar los cimientos de mi casa para sobrevivir y que toca construirlos de nuevo…

No voy a hacer la clásica entrada de «una foto, un vídeo, una canción, etc.»… Quizás sí que mencione ciertas cosas. Como canción, diría que

«Triple mortal»

Grupo este año no tengo. Tampoco una frase…. quizás esa que dice «contigo no sé quien se va, no se quién gana ni soy tu rival»… No tengo una persona este año. Es más, ha sido el año de las decepciones, del soltar lastre, de la soledad. Un lugar sería Londres. Volvi, después de tantos años…. No he leido ningun libro. Tampoco tengo una película que haya quemado este año. Eso sí, ha estado cargado de series buenas: Detective Conan, ARCANE, Wandavision, Loki o Hawkeye. Ni páginas web, ni horas preferidas. Un juego? no sabría decir tampoco.

Lo que más me gustó del año? No voy a negar que aunque fueron muchos malos momentos juntos, algo sí que he disfrutado. El viaje a Londres, quizás fue lo más llamativo, lo mejor y lo que más disfruté, pero he aprendido que hay muchos grises en la vida y que no siempre es todo tan blanco como nos parece, así que….

Lo peor: no saber parar. No saber cuando parar. No saber decir que no. No saber rendirme…. Seguir intentandolo una y otra vez, hasta el desgaste absoluto, hasta la depresión absoluta…. Y el esperar más de la gente de lo que debería esperar.

No hay textos. Quizás solo el sentimiento de soledad que me ha inundado durante todo el año. Me he sentido muy sola en todo momento. No puedo considerarlo del todo un sentimiento negativo, pero he necesito aprender a vivir la soledad de diferentes maneras. A veces era desgarradora, otras veces solo me producía calma.

De propósitos para este 2022…. pocas cosas, pero creo que pueden ser útiles en mi vida:

  • sacar una foto al día. Si es de/con gente mejor.
  • Caminar un poco. Si pido algo en alguna tienda online, pedir que me lo manden a algún punto de recogida cercano en vez de a casa, así voy andando hasta ese punto.
  • Dedicar un mínimo de 10 minutos al día a desarrollar algo de la historia de Yuki al día. Da igual lo que sea: personajes, background, worldbuilding, una escena, un diálogo…. No ofuscarme si hay una parte que no sé cómo continuarla, simplemente pasar a otra parte y escribirla…. Ya continuaré eso que no sé en otro momento. Pero escribe. 10 minutos al menos.
  • Dedicar un tiempo para documentarme para escribir. Leer historias similares, ver series relacionadas…. tener información para poder desarrollar la historia.

El eterno vidrio roto

Hoy voy a hablar de ti.

De los años que me volvi loca por ti. Mi amor platónico. Siempre te he llamado así. Te pierdo y te encuentro, pero nunca nos damos encontrado. Nunca en el momento exacto. ¿Que pasaria en el momento exacto? ¿Qué si fuera el momento ideal?

Hace 4 años… Quizás hubiese dudado más. Hace 4 años, yo aun pensaba en huir a Madrid y encontrarme contigo. Pero ya no huyo a Madrid y, sobre todo, ya no me encontraba contigo.

En mi interior, algo hace 4 años decidió matar esa historia. «Cosas de cria» me decía. Tus palabras de alguna vez aún resonaba un poco en mi cabeza «para mi eres como una hermana pequeña». Crush. Pedacitos de cristales rotos. Pero no dolió tanto. Al fin y al cabo, solo fue una historia que en ningun momento pudo haber sido y no fue.

Pero ahora estoy como hace 4 años. Con más historia, más madurez y más responsabilidades por delante. Con ideas de futuro. Y tu, con tu vuelta a la libertad. ¡Podemos vernos! ¡Podemos llamarnos! ¡Podemos cenar juntos! Oooh!

Pero yo ya tengo mi casa. Mi hogar. Un sitio al que regresar. Mi mundo compuesto. Y no sería capaz de descomponerlo por ti.

Dejemoslo en… platónico. Y si algún día este sentimiento se convierte en algo más intenso, tan intenso como lo fue durante años… Ya veremos. Ojalá. Ojalá que no.

26 años

Esencialmente hay tres formas de contar el paso del tiempo. Puede ser de año en año, como venía haciendo hasta ahora cuando todos los años a las 00.00 del día 1 de enero publicaba una entrada en este blog, resumiendo como me había ido ese año. Otras personas cuentan los años por año escolar, de septiembre a septiembre, porque les es más fácil llevar así la cuenta.

La ultima forma es la que traigo aquí: por cumpleaños. Y es que hoy cumplo 26 años.

 

Creo que si pienso en mis 25 podría decir que ha sido el año más difícil de toda mi vida y no me equivocaría ni un ápice. Empezaba este año con la sombra de una enfermedad que nos acompañó durante toda la primera mitad, desde junio hasta enero.  En diciembre, en fin de año, no tenía energías para resumir el año. No es que no le viese nada positivo al 2018…. Es que cuando una enfermedad como el cáncer llena tus vidas, todo se vuelve más pesado…. Las discusiones, las clases, las preocupaciones, la impotencia…. Todo suma. Aprendes a ser más diligente e intentas ser más comprensiva y, quizás, más compasiva. Y es que nunca sabes lo que pasa por la mente de una persona que tiene la muerte en los talones…. Y nunca sabes cuando llegará ese momento.

 

Porque quizás llegue. Mi madre nunca dejó de luchar. No se rindió, pero… su hígado no pudo más. Empezamos así la segunda mitad de mis 25 años. El 22 de enero de 2019, mi madre nos dejó. Sentí cierto alivio… sabía que estaba sufriendo. Me pasé esa noche con ella y no pude dormir en toda la noche porque sabía que se estaba yendo… Así que me sentía más tranquila. Simplemente, dejó de respirar. Dejó de existir.

Creo que aún es ahora cuando empiezo a aceptarlo. Todo el trimestre siguiente, el último del ciclo de Patronaje que estoy haciendo, giró en torno a ese hecho. De por si es un estrés este período… Tienes que estudiar, aprobar, hacer trabajos, planear las prácticas…. Y sumándole el hecho de tener que aprender a vivir en otras circunstancias, con más preocupaciones, con papeleo encima y sin un apoyo que para muchos puede ser esencial… Me encontré ahogada y perdida. Lo pasé MUY mal.

Por suerte,  conseguí aprobar todas y poder entrar en una empresa de producción audiovisual para hacer las prácticas. Me fui a Madrid y desconecté.

 

Pensé que 3 meses en Madrid me ayudarían. La verdad es que no estoy segura. A veces he tenido la sensación de estar huyendo de la situación, más que aceptarla y «superarla». A veces tenía la sensación de que al volver a casa nada habría pasado y mi madre estaría esperandome o me llamaría en algún momento para preguntarme que qué tal. Tampoco han sido tres meses fáciles. Nada ha sido fácil este año, por desgracia.

 

Pero… Aquí estamos. Acabé las prácticas hace  una semana. Ha sido una experiencia enriquecedora y maravillosa. No sé, me han metido el gusto por coser más y me gustaría poder hacer el master en diseño de vestuario aquí en Madrid (pero es muy caro). Ha sido juntar mis dos mundos: el patronaje y la comunicación audiovisual. Y estoy muy contenta por ello. Prácticas aprobadas, asignaturas aprobadas… Solo me queda presentar el proyecto!!!!

 

Además de haber aprobado todo, este año que pensé que suspendería en más de una ocasión, estoy ahora mismo a punto de cumplir otro de mis sueños: conocer a una de mis hermanas. No de sangre, pero si de corazón. Y es que Mine siempre ha llenado mi mundo y mañana por fin la conoceré en persona. No puedo estar más ilusionada…

Me gustaría que mi madre estuviese aquí para que pudiese ver todo lo que he ido consiguiendo durante estos últimos meses, poder hablarle de las prácticas, el viaje a Orlando, que pudiese ver que todo esto me hace muy feliz. En febrero-marzo yo no era capaz de pensar que este día llegaría. No era capaz de pensar que sería tan positiva. Pero hoy me siento bien, me siento con energías. Siento que los 25 ya están atrás y que empiezan los 26. Y que es otro año distinto.

 

Y que, por supuesto, será mejor.

 

Año 2017

Nuevo año, nuevo resumen, nuevas ganas. Octavo año consecutivo que hago esta entrada. Y merece la pena.

Una foto : Este año pondré esta foto tan especial. Me produce tanta calma y paz interior…. Eso que necesitaba en ese momento y que solo ellos me pueden dar en paseos como estos….photo_2017-12-31_15-36-30

 

Un vídeo: Es un poco largo, pero merece la pena. El vozarrón y el sentimiento que le pone, y el significado que le encontraron a la canción…. Brutal.

 

Una canción: No vales más que yo – La Oreja de Van Gogh

*Un grupo: Vetusta Morla (repito este año porque sacaron disco nuevo :P)

Una frase:
Tarde o temprano, todo cae por su propio peso.

Una persona:
Deby, Clarisse…

Un lugar:
Oza dos Ríos

Un libro:
Juego de Tronos

Una película:
Kimi no na wa

Una serie:
Vikings

Una página web
Pinterest

Una hora:
Las 2 de la mañana

Un juego:
Life is Strange

Lo que más me gustó:
Poder ayudar, aún por encima de mis propias posibilidades. Sentirme más viva que nunca.

– Lo peor:
La depresión. Saber que volví a caer en ese pozo. Sentir que me ahogaba en él, que me podía el estrés y me sobrepasaba todo.

– Un texto: «Quiereme entera», de Dulce Maria Lyonaz

“Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz y sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!”

 

– Un sentimiento:
Decepción.

 

Hace años me prometí a mi misma que nunca volvería a rendirme. Que nunca volvería a caer. Y este año me fallé a mi misma. Caí. Como una tonta, además. Caí de nuevo en lo más profundo del pozo. Fue a principios de Agosto cuando toqué fondo y llevo ya medio año intentando volver a flote (y creo que lo estoy consiguiendo).
Este año tambien aprendí lo que es ser una esponja… Y es que yo soy una esponja que lo absorbe TODO. Cualquier malhumor, cualquier mal rollo, me afecta y me va a afectar siempre, porque lo absorbo, me quedo con él, lo retengo en mi mente. Y me callo. Me callo y guardo y guardo y guardo. Hasta que no puedo más. Hasta las esponjas tienen un límite. Y ahí la depresión, la ansiedad, las ganas de morirme, los días en cama sin poder hacer nada, los problemas con los demás, mi actitud con los demás…. Una vez identificado el problema… espero que todo sea más fácil.

 

Por ultimo, no quiero despedir el año sin recordar que este año ha sido un año de pérdidas y ganancias. Empecé el año allá por Abril perdiendo a varias personas importantes para mi. Traicionada, infravalorada…. Seguí perdiendo en Julio, Agosto, Septiembre…. Pero por el camino también «gané» a varias personas. Recuperé a una, ayudé a otras…. Hice lo que pude siempre que estuvo en mi mano. Y aprendí.

 

Para 2018 me he propuesto metas más realizables, metas que no dependan de los demás. El año pasado me puse metas como «aprender a entenderme y entender a los demás» o «no rayarme tanto». Objetivos poco claros, poco específicos y que no siempre dependían de mi. Este año he intentado cambiar el enfoque.

  • Crear un horario para conseguir unos hábitos y tiempo para mí misma.
  • Objetivos de la UNED más eficientes.
  • Ahorrar mensualmente (esta con ayuda de algunas apps y al ser mensual…)
  • Pasarme juegos pendientes.
  • Leer más.
  • Separar lo personal de lo «profesional», de lo emocional. Aprender a distinguir.
  • Avanzar un poco hacia el veganismo

 

El 2018 va a ser un año mejor, no tengo ninguna duda. Feliz Año!!!!

 

 

No sabes lo que es odiar

Hoy te volví a recordar y eso es algo que ultimamente casi nunca pasa. Ya no me haces falta.

Te odié. No sabes cuanto te odié. Durante mucho tiempo soñaba con encontrarme contigo, con discutir contigo, gritarnos, pegarte con toda mi rabia. Sé que nunca sería capaz de hacer algo así. Sé que solo eran sueños. Pero todos esos sueños demostraban lo mucho que llegué a odiarte.

No creo que se pueda odiar a alguien toda una vida. Sí, existe un tiempo, un período, en el que tienes que superar eso. Días, meses, años…. Me costó unos 4 años dejar de odiarte, cuando alguien por fin quiso escuchar mi versión, cuando alguien quiso saber qué me pasó, o por qué me pasaba. 4 años para sentirme escuchada. 4 años para dejar de odiarte. Y después de esos 4 años, llegó la melancolía, la pena, la tristeza, el «echarte de menos», el intentar por enésima vez hablar contigo. Síndrome de graduación. Me sentí desplazada, reemplazada….

Con el tiempo, aprendes que no es así. Aprendí que ya no necesito echarte de menos. Que ya no necesito nada de ti.  Aprendí que no sabes lidiar con los problemas y el día que tengas alguno de verdad, no sé qué será de ti. Aprendí que puedo vivir con la cabeza alta, porque, aunque no siempre hago las cosas bien, sé escoger a las personas que me rodean. Mi mente tiene una capacidad asombrosa para conseguir problemas con la gente que no me conviene. Y tú eres y fuiste, de entre todas las personas, lo peor.

No sabes lo que es odiar. Pero tampoco sabes lo que es cuidar, querer o apreciar. Te crees especial porque haces que los demás se sientan especiales. Y que te queramos. Pero cuando los demás no podemos hacernos cargo, cuando los demás no podemos cuidar, o querer, o apreciar. Cuando más necesitamos eso de ti…. huyes. Y yo te odié por huir. Te odié. Pero ya no te necesito.

No puedes, simplemente, dejar de lado a las amigas que te necesiten cuando tienen alguna enfermedad. Lo hiciste dos veces ya. Y lo seguirás haciendo. Y ojalá no te veas nunca sola. Ojalá no te falte de nada. Ojalá no necesites nunca que te cuiden o te quieran. Y ojalá tengas siempre alguien ahí para ello.

 

Hoy he visto varios dibujos tuyos. Van a ir todos a la basura, incluso aquellos que fueron un regalo o que me prestaste. Entre libretas y libretas he visto un dibujo nuestro en Londres. Nunca lo había visto. Y te eché de menos. Y eso es algo que tampoco pasa muy a menudo. Y que, espero, no vuelva a pasar nunca. Adiós, Antía.

 

Año 2016

Hacemos resumen un año más…. Y ya van 7! FELIZ AÑO A TODOS

Una foto: Este año pondré dos. Dos momentos que marcaron mi año. El inicio de dos cosas grandes.

12987058_10153432246360025_4560514535382584805_n
Este día para mi marcó un antes y un después. Me sentí una intrusa, pero….  sentí que empezaba algo grande.

14231276_10208962006200560_4840900975547403257_o
Llevaba dos días conmigo, no tenía ni collar, pero Sabú mostraba esta sonrisa en el vete.

Un vídeo: Damien Rice – The greatest bastard @ Cruilla 2016 (grabado por mi)

Una canción: Los Buenos – Vetusta Morla

*Un grupo: Jpelirrojo

Una frase:
«Sé voleador»

Una persona:
Mis niñas: Susi, Ana, Celia y Adela.

Un lugar:
Florencia

Un libro:
La viajera incandescente – Ana Cerezuela

Una película:
Mascotas

Una serie:
Gotham

–  Una página web (grupo en facebook)
https://www.facebook.com/groups/HeVistoUnPerroPerdido/

Una hora:
Las 11 de la noche

Un juego:
Overwatch

Lo que más me gustó:
Hacer cosas. Salir de mi zona de confort. Conocer gente estupenda. Ayudar más allá de mis propios límites. Las tardes con mis niñas (y los perros). «Acoger» a Sabú.

Lo peor:
La ansiedad, que siempre lo jode todo.

Un texto:
«NO ENTENDEIS NADA» (Terafobia)

Me habéis visto, me habéis oído, me habéis juzgado, con todo lujo de detalles y parámetros.

Habéis encontrado mis escondites, habéis medido el compás de mi respiración, habéis analizado hasta el color de mis sandalias.

Habéis hecho un retrato robot de mi corazón, habéis escudriñado mis palabras, deducido mis sueños, calibrado mis emociones.
Habéis encontrado cientos de claves para desencriptar mi mente y, contra todo pronóstico, no habéis entendido nada.

Y es que vosotros no sabéis cómo me cambia la cara en primavera, no habéis visto mi alma estirándose al sol. No me habéis sentido vibrar en un concierto, no sabéis qué música suena en mi cabeza cuando río. No me habéis apretado la mano hasta quedarme dormida, no tenéis ni idea de cómo beso, de cómo bailo, de cómo suspiro, y no entendéis nada.

¿Qué vais a entender? Si no me habéis visto explorar lo inexistente, si no sabéis cuántas veces he viajado en el tiempo, si no entendéis que hay lugares a los que nunca vais a poder seguirme, si no sabéis a qué sabe un cortocircuito en mi planeta, si ni siquiera habéis adivinado de qué color veo el cielo.

¿Qué queréis entender, si no entendéis nada?

Un sentimiento:
ANSIEDAD

Haciendo un resumen global del año…. Creo que ha sido un buen año, exceptuando los últimos meses y los problemas puntuales (porque los hubo). He hecho muchas cosas, he viajado mucho (Interrail, Madrid, Barcelona…), he cumplido un sueño, he conocido y estado con gente estupenda y maravillosa. Me he emocionado, he salido de mi zona de confort, me he enamorado (de otro perro…. qué le hago, soy así). Puedo seguir enumerando cosas positivas que me ha traido este año. Ha regresado Torako, he adoptado a Sabú, he ido a sitios increibles (gracias, Celia, y gracias niñas), he ayudado en momentos que antes pensaba que no podría ayudar.He participado en búsquedas y rescates, con sus largas esperas, con tanta gente arrimando el hombro y sus frustraciones, y sus cafés y sus guardias, sus noches de desvelo, sus «última vuelta y para casa» a las 5 de la mañana. Amelie, Gora, Gudelj, July…. He trabajado codo con codo con mis niñas para administrar y moderar un grupo con más de 3.000 personas. He acabado (por fin!) el regalo de Iria. He visto a Damien Rice en concierto, he ido a Madrid, he conocido a mi hermosa Clarisse.

Todo tiene su contraparte, por desgracia. Muchas cosas que hice solo ayudaron a aumentar mi ansiedad, haciendo que los dos últimos meses del año fueran insoportables. No puedo salvarme sola y he llegado a un punto en el que he tenido que pedir ayuda. El vaso se ha desbordado. Espero que este año me traiga las herramientas necesarias para aprender a lidiar con esto. Estoy casi segura de que lo haré!

Objetivos para 2017?

  • Aprender a entenderme y entender a los demás
  • No «rayarme» tanto
  • Llevar un Bullet Journal y organizarme mejor
  • Conseguir mantener un «día de crochet», para al menos tener ese día para avanzar
  • Poner las cosas al día, llevar a cabo los proyectos que tengo pensado (para eso el Bullet Journal)
  • AHORRAR. Ya me lo puse el año pasado pero…. no es lo mío, de verdad.