Se forzó tanto en continuar. Se forzó tanto en seguir como si nada pasase, como si pudiera con todo, como si fuera una heroína. Estudiar, trabajar, gestionar. Estudiar, trabajar, gestionar. On repeat. Mientras el frío se instauraba dentro de ella otra vez. Otra. Maldita. Vez. On repeat.
Ese frío que lo cubrió todo de blanco, de hielo y de muerte. Esa chica se refugió en una pequeña cabaña, chiquitita, con el corazón encogido y sin querer salir. Era familiar, había crecido en ese frío, estaba cómoda, con su camita, su ordenador… Estudiar, trabajar, gestionar. No sabía como estaba, pero estaba. On repeat. Otra. Maldita. Vez.
Empezó como un pequeño eco. Una intuición. Una voz en su cabeza diciendole «algo no está bien». ¿Serían paranoias? ¿Pensamientos intrusivos? Gestionar, gestionar, gestionar. Un breve murmullo, extendido en el tiempo. Gestionar, gestionar, gestionar. Durante días y días. Meses. Años. On repeat.
Hasta que esa voz empezó a ganar fuerza, a poner patas arriba su mundo, inquietante, incesante. Algo no iba bien. ¿Eso era familiar? Sentir lazos desvaneciéndose en la nada. Otra. Maldita. Vez.
«Siento que eres… como un bonito recuerdo»
Y llegó el evento principal, la hora del show, el baile perfecto. La actriz principal llegó con sus prendas raídas, agotada, cansada. Pero llegó. Estuvo ahí. Sintió el calor. Pudo sentir el calor. Y pudo volar hacia él…. Solo un poquito más. Solo un poquito más. Maldito Ícaro. On repeat.
Esa chica no pudo volver al frío tras sentir el calor. Se plantó. Hizo algo diferente. Una. Buena. Vez. Y empezó a tirar de esos hilos invisibles. Probando, testando, descubriendo. Se rompieron. El frío se lo había llevado todo. Incluso esos hilos. Se rompieron. Y por mucho que la chica se esforzaba en sentirlos de nuevo… Ya no estaban.
La soledad. Otra. Maldita. Vez. On repeat.