A veces las palabras se amontonan en mi cabeza, se mezclan con los sentimientos, se pisan unas palabras con otroas, se plantan cara, se provocan, se pelean y, al final, acaban perdiendo todo su significado. ¿Qué hacer entonces? Mejor no decir nada.
Categoría: Recuerdos
Lo siento
Perdona. He roto una promesa. He roto muchas promesas. Si se trata de romper, he roto muchas cosas. Y he hecho mucho daño. A ti, sobre todo. Y te preguntarás mil por qués. Mil razones, que no tengo. Simplemente, no era feliz. Te quería. Y te quiero. Pero las cosas han cambiado, supongo. Los sentimientos han cambiado. Supongo. La única canción que se me viene ahora a la mente es una de La Quinta Estación, aquella que decía «si no te supe amar no fue por ti, no creo en el amor y no es por mi.» ¿Culpables? Ninguno. Las cosas cambian y supongo que hay que saber aceptarlo. ¿Por qué ahora? ¿Acaso tiene que haber una razón? ¿Un por qué? Simplemente fue ahora. Quizás no lo hayamos llevado bien, quizás cometimos errores (los dos). Demasiados errores. Solo era cuestión de tiempo, y sabes tan bien cómo yo que lo mejor era cortar por lo sano. Simplemente era cuestión de tiempo.
Quizás no lo haya llevado bien. Lo siento, el amor no es lo mío. Sé que ahora te estarás sintiendo culpable. Te preguntarás qué hiciste mal. Te echarás la culpa. Yo lo único que puedo decir ahora y que diré siempre es que eres una de las mejores personas que he conocido. Y de lo único que me arrepiento es de haberte hecho daño. En algún momento, en cualquier momento. Al final, sobre todo al final. He sido egoísta, y lo he roto todo. Tenías razón cuando me dijiste que lo mejor sería que no nos acercásemos mucho, porque al final acabaríamos haciéndonos daños. Lo siento. Culpa mía.
Pero se trata de saber aceptarlo, ¿no? Como decía Buda, hay que saber aceptar los cambios. La transitoriedad, que decía Hector, Ese concepto tan japonés. Dejarlo ir y seguir adelante. Fue bonito, fue hermoso… pero eso, fue. Fue y ya está. Sin razones, sin por qués. Sin nada que arreglar. Todo arreglado. Me quedo los miles de recuerdos bonitos como lo que son, recuerdos. Que como siempre digo, en algún momento harán daño («y es que malditos seais los fantasmas, jugais con ventaja, doleis de verdad»). Pero de los que no me arrepiento. Tampoco me arrepiento de la decisión que he tomado. Por ti, por mi… Creo que más por mi. Seguir hacia adelante y no mirar atrás, ¿entiendes eso? Ya encontrarás a alguien que sepa entenderte mejor. Yo lo he intentado, y no me arrepiento. Lo siento, no te supe amar. Lo siento. Lo siento. Lo siento.
Algún día volveremos a vernos. Algún día volveremos a hablar. Entonces entenderás que lo mejor era separarnos. O quizás no. Algún día… Algún día.
Ajá, seguiré haciéndolo
- – ¿Por que te preocupas tanto?
- – Porque… Porque… realmente no me gustaría ser ninguna molestia.
- – No te preocupes tanto, en serio
- – Seguiré haciéndolo.
- – Ya, ya lo se. Joder, la 1 y 10. ¿Hablamos otro dia si no te importa?
- – Cuando quieras, ya sabes
- – Ok. Buenas noches.
- – Descansa .
- – Gracias.
Él me lo dijo hace años.
Hay que poner mucho empeño en volar cuando alguien te ha encadenado a la tierra; pero has de romper las cadenas, ese es el interés de la vida porque si no ¿que interés tendría poder volar? ¿que interés tiene conseguir algo si no es porque lo has perseguido largo tiempo?
Venga, un saludo
Estoy más que segura de que no se pasará por aquí. Ni siquiera se acordará. Y, quien sabe, quizás de vez en cuando piense en mi. A veces me gusta pensar que si. Que nunca he sido una carga. Que nunca fue culpa mía. Dependencia emocional absoluta. Especial, quizás especial. De alguna manera, aprendí. Por las malas, aprendí. A ser independiente, a ser yo sin preocuparme por los demás. A estar a mi aire y dejar a los demás al suyo.
No, sé que no se pasará por aquí. Dudo que lo haga alguna vez, ni siquiera tiene tiempo. En cualquier caso, me apetecía escribir sobre eso.
(no hablaré más de ello, lo prometo)
Era…
Un sueño perfecto. Era libertad. Era viento y mar. Velocidad. Como un pájaro que pasa volando a ras de las olas del mar (o un hipogrifo en un lago). Era gritar. Era sumergirse entre las olas. Era el agradable sol en la cara y la sensación de sentirse viva. Era liberación. Como si no existiera el mundo, como si no hubiera problemas. Como si no existiera nadie más. Yo, sola. Y el mundo a mi alrededor no importaba. Descontextualizado. ¿Quién era y dónde estaba? Era lo menos importante. Era Yo. Estaba viva. Y el viento soplaba en mi oído, como una suave música que desearía no olvidar. Relajante y a la vez enérgica. Me daba fuerzas para seguir adelante. Etérea, inalcanzable. Inmaterial, como si no fuera nada en realidad. Como si nadie importara, como si a nadie le importara. Me hacía sentir bien, no se estaba tan mal. Imágenes sucesivas, inconexas. Momentos de absoluta libertad. Yo sola y el viento. Única y especial. Absurdo. Perfecto. Instante.
Sueño.
¿Quién eres?
– Who are you?
– mm… Buena pregunta. ¿Quién soy?
– Un bicho?
– No sabía que era un bicho, pero gracias.
– Que va. Eres un ángel… caído, pero un ángel.
– Emmmm….
– Eres un sol.
– Como que no, ¿eh? Que yo no brillo como los vampiros.
– Eres mi amiga. Eso me sobra.
(Una conversación interesante. Solo cabe decir «gracias»).
¿Quién soy?
Gracias
Sueños
Hoy soñé contigo. No fue un sueño triste, sino que sonreí al verte, sabiendo que podría ser la última vez que volvería a verte. Soñé con un reencuentro, en sueños. Y eso que no ha pasado tanto tiempo (casi 5 meses). Estaba tranquila, sabía que sólo era un sueño. Pero tú apareciste por allí, sin avisar. Soñé contigo. Te di un abrazo y tiré de tu mano, aunque luego desapareciste. Supongo que en un sueño estas cosas pasan, y por eso no fue un sueño triste. Llevabas un corte de pelo extraño, ¿es así como te peinas ahora? No te pega en absoluto. Por eso al principio me costó reconocerte. Pero sabía que eras tú. Estabas en el mismo sitio de siempre, tomando lo mismo de siempre, y yo era la misma de siempre. Me sentí, quizás, un poco más pequeña. Me di cuenta de que solo era un sueño. Pero, aunque me gustaría que hubiese sido verdad, los sueños son solo sueños. No me ha costado nada aceptarlo. Por eso me alegro de haber soñado contigo. Sé que no se hará realidad (es imposible, no se puede recuperar el tiempo perdido, mucho menos en estos casos), pero sé que estás… bien. Aunque te has cambiado el peinado. Que no volverás ya lo he asumido (no me queda más remedio), y si volveré a verte o no, por las noches, en sueños, no es cosa mía. Gracias.
¿Y los recuerdos?
Me preguntaste si sabía cómo se podía borrar un álbum de fotos, unas fotografías. Y a mi se me vinieron un montón de preguntas a la mente, algunas sin sentido. ¿Y los recuerdos? ¿Cómo se borran los recuerdos? Es fácil quemar las fotos, borrar los archivos, pero… ¿y las imágenes de nuestra memoria? ¿Los tesoros que guardamos? ¿A donde se van cuando ya no queda nada? ¿Se los llevará el mar? ¿O quizás la brisa? ¿Serán borrados por la suave arena? ¿O quedan grabados a fuego bajo la piel? Ocultos, secretos, privados, solo tuyos, pero también de él… ¿Qué será de los recuerdos? ¿También se borrarán, como las imagenes? ¿Es posible? Cada beso, cada sonrisa, que era solo vuestra… ¿Serás capaz de borrarlas? Yo confío en ti. Sé que tú lo conseguirás. Pero.. ¿Y él? ¿Qué será de él? De sus recuerdos y de sus imágenes, cuando ya has puesto un punto y aparte en su vida, en la tuya. Un corte en el camino.
Sin embargo, y como siempre, con recuerdos o sin ellos, se trata de seguir adelante. No arrepentirse de las decisiones, si eran las más correctas. No mirar atrás, no buscar en los recuerdos. Salir con la cabeza alta. Que esos recuerdos no hagan daño, salgan solos y sean algo bonito. Algo que ya no existe. Algo que ya se acabó. Algo, al fin y al cabo.
Recuerdos… tristes recuerdos.
Tiempo de cambios
Supongo que su entrada me ha hecho pensar. Bueno, de alguna manera, es algo en lo que siempre he pensado. Donde estaré dentro de un año, o dentro de 20… ni siquiera tan lejos, dónde estaré dentro de 8 meses, en Septiembre… o incluso en Junio, cuando empiece mi pequeño «calvario», cuando el mundo empiece a girar, cuando empiece a moverme, cuando empiece a «hacer algo».
Mi vida siempre ha sido sencilla, sin cambios bruscos (excepto excepciones… valga la redundancia), basada en la rutina y en el paso del tiempo. Nunca me ha preocupado (y, aún así, sigue sin preocuparme). No necesito una vida complicada, que yo ya me la complico bastante. Todo ha sido lento, despacio, y las pocas veces que he ido con prisas, todo ha salido del revés. Sin embargo, no puedo evitar pensar que dentro de nada mi vida quizás sea diferente, quizás no tanto, quizás no haga nada o esté haciendo algo que me guste, o esté haciendo algo que no soporto (¡espero que no!). Pensar que no queda nada, absolutamente nada para que tenga que decidir, y decidir algo de lo que no me arrepienta en la vida, que sea lo que realmente quiera, que me haga «feliz» o, al menos, no me aburra, que se adapte a mí de la mejor manera posible. Decidir y no hacerlo mal, pues es algo que cambiará mi vida. Supongo que es lo que sientes cuando se acerca ese momento decisivo, cuando en cinco meses todo se acaba
Está claro que no echaré de menos vivir aquí. Mi pueblo no es lo que se diga un pueblo agradable. No sé donde estaré, pero Vigo no quedará tan lejos.Echaré de menos las clases de japo… por no decir a él. Pero no me preocupa. Estaré bien, estará bien, estarán bien. Y seguiré sonriendo
Es el no saber y la incertidumbre lo que me preocupa (un poco), y el tener que afrontar esos cambios. Y que sean para mejor, nunca para peor… Será cuando mi vida se empiece a mover por algo, y eso será importante. ¿Sabré lo que es amar? Quien sabe.