#yporesomerelacionomejorcontíos

Llevaba tiempo sin escribir absolutamente nada. Supongo que no lo necesitaba. Y no sé aún muy bien qué es lo que quiero decir con esta entrada. Ni cómo puedo decirlo.

He «cerrado» casi todas mis redes sociales. Ayer tuve un día bastante horrible, así que hoy estoy motivándome con Vetusta Morla y pensando en las cosas buenas que tengo.

«Amistad». Qué palabra tan complicada. Es parte de las «cosas buenas que tengo», pero también de las malas. Y voy a hacer generalizaciones en este tema:

Las tías, por lo general, se toman la amistad más como «oh, estoy ahí para todo lo que necesites» y «ay, que bonitas mis pichurras» o «cuando me necesites llámame», y hacen «piña de amigas»…. Y luego nada. Ni están ahí cuando lo necesitan, ni cuentan contigo cuando lo necesitas, ni puedes contar con ellas cuando las necesitas.

Los tíos… se lo toman más a lo de «estoy aquí». Y ya. Ni te van a tratar como si fueras especial, ni te van a tratar como si fueras lo mejor, ni van a «hacer piña de amigos».

Cuando estoy mal, no suelo decir nada en persona. No quiero molestar a nadie. Lo pongo en twitter o FB y ya quien se preocupe, que me diga. Generalmente, en estos casos, las tías siempre han pasado. De todo. Así estés muriendote. Y los tíos, aunque sea, te responden o te pregunta… o se preocupan. Un mínimo.

Lo siento, pero es que estos días me he decepcionado bastante. Tanto «amor de amiga» me pone enferma. Me parece super falso. Porque luego a esas personas les importa una mierda lo que te ocurra. Les da igual.

Y yo soy la gilipollas que, en cuanto a ellas les pasa algo, estoy ahí para preguntarles si están bien, si quieren algo, si pueden quedar. Animarlas y esas cosas, vaya. Para que luego ni me contesten a los mensajes y pasen de mi. No me parece nada justo.

Debo despedirme de Ella.

Este va a ser el último post de mi blog que habla de Ella, las últimas palabras, el último pensamiento.

Y creo que va a ser una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en bastante tiempo. Pero es necesario.

Empezaré por el principio, por donde empiezan todas las historia. Primero hay que contar su historia, si no no te puedes despedir bien. No estoy triste, estoy feliz por escribir esta entrada (que sé que no leerá), por despedirme. A veces no te queda más remedio que asumir las cosas y dejar ir a las personas, porque es lo que hay que hacer. Tienes que sentirte mejor contigo misma y un adiós es una forma de hacerlo.

Todo empezó un día, en un pabellón de deportes, mientras leía (o leía, la verdad es que no me acuerdo) un libro de Harry Potter. Eso nos unió. Y todo lo demás. El anime (Detective Conan), el japonés, los comics, el manga, las películas, Harry Potter, la magia, los sueños. Todo lo demás.

A veces la cuidaba. Me quedaba a dormir en su casa. Escribíamos en una libreta. Le contaba un cuento antes de irse a dormir (y, a veces, se quedaba dormida). Y, si se encontraba mal, alguien le acariciaba el pelo. Era (y sigue siendo) como una niña, con su inocencia y sus temas infantiles. Inmadura (aunque quien soy yo para juzgar la madurez de alguien).

Todos esos eran buenos recuerdos. Ella reía y lloraba por igual. Se emocionaba. Era una persona muy sensible y empática. Quizás solo con los cercanos, y no tanto con lo que están lejos. No supimos conservar la amistad estando lejos y ahora está todo completamente… roto.

Pero así como dos personas se unen, se separan, cambian y se rompen. Quizás de manera irreparable.

El no quedar, el no poder quedar, el no confiar, el no arreglarlo, todos esos «noes», me han llevado a conocer una felicidad que no había conocido hasta ahora (bueno, hasta hace poco). Eso es positivo. El saber dar amor a alguien a quien amas. El saber compartir, hablar, tener confianza. Esos fueron, en parte, todos los regalos recibidos a cambio de muchos «noes».

A veces las pérdidas pueden (y deben) ser ganancias, un «no» dará paso a muchos «sí».

Hoy, por última vez, tomo una decisión, decido dar un «no», con la esperanza de que, en algún momento, se transforme en un «sí», en otro sí cualquiera.

¿Es necesario? Sí, por supuesto que sí.

A veces tienes que dejar de pensar en los demás, pensar un poco en ti misma. Dejar de atormentarte de lo que hacen o dejan de hacer. De si cuentan contigo o no. ¿Qué más te da? No son «amigos», no son «amigos de verdad» (o al menos, eso creo). No puedes confiar en ellos como lo harías con otras personas (ya que ellos no confían en ti). Por eso son amistades que se rompen. A veces más a menudo de lo que me gustaría.

Pero la vida sigue. Y soy feliz. Eso es lo que cuenta, ¿no? Entonces toca decir adiós. Adiós a los pesares, adiós al pasado, adiós a los problemas (aunque me lo repetiré mil veces y no lo conseguiré). Los problemas solo generan estrés, y el estrés solo genera problemas, creando un círculo vicioso que hay que romper.

Roto.

A new beginning

Gritos, lágrimas y una puerta que se cierra. ¿El fin de una etapa? No lo sé.

Tus decisiones construyen tu camino. Y es hora de retomarlo de nuevo en vez de dejarse llevar. Si no te gusta algo, cambialo, ponle solución. De nada sirve quedarse en un pozo si no intentas salir de él. Aunque te caigas, una y otra vez.

Una decisión ya está tomada. Quedan mil más por tomar. Todo un camino por delante.

Bécquer.

Te odio. Amante de Bécquer, soñador compulsivo, romántico suicida. Se lanzaría de cabeza a una piscina solo por un trozo de amor (como si carne se tratara). Unos trozos que no eran suficientes para tanta hambre de amor.

No quería compartir mi vida contigo. Nunca lo entendiste. Y ahora Bécquer me trae tus recuerdos en un estúpido tren. Hay cosas que nunca se olvidan.

Nunca quise compartir mi vida contigo. Y si alguna vez dije «te amo», fue mentira. Aunque duela admitirlo. Eso no era amor. Claro que me gustaban las palabras bonitas, el romance puro, el amor por amor, sin reproches. Que me quisieras. Pero, cuando quieres a alguien, lo tienes que querer tanto en lo que te gusta como en lo que no. Sus defectos y sus virtudes. Y odiaba (todavía odio) tus defectos. Tus reproches, tu amor enfermizo y tus estúpidas inseguridades. Tus rencores sin sentido, que lo estropearon absolutamente todo. No me gustaban tus defectos, por eso no podia amarte.

Todo lo que dije era mentira. «Algún día podré quererte». «Todo se arreglará». «Volveremos a estar como siempre, sin problemas». «Dentro de un tiempo, volveremos a encontrarnos, y todo habrá vuelto a la normalidad». Mentiras, viles. Soy una mentirosa. Pero porque me sentí obligada. No era yo misma. Lo dije para calmar tu estúpido y ávido corazón, que yo no pude llenar con un amor tan insincero. No me culpes, no podia amarte. No podía amar a alguien que nunca me entendió, que no llegó a comprender quién era, y que solo engañaba para conseguir unos trozos de amor.

¿Me conocías? Sólo conociste a la persona que tu me dejabas ser, la unica persona que podía ser. Esa parte de mi, forzada a decir cosas que no sentía del todo. Forzada a callar, en muchas ocasiones, por no discutir. La de las discusiones sin sentido.

¿Ves, Bécquer, lo que me has hecho decir? Permististe que un joven soñador se estrellara contra un muro inquebrantable, el del amor no deseado. Yo solo quería un poco de calor, y eso buscaba cuando le abrí mi mundo, cuando dejé que entrara. Un poco de calor para mi propia frialdad. No quería un fuego devastador que me impidiera crecer a mi aire, que se llevara todo el oxígeno y que no me dejara respirar. No quería eso, pero eso fue lo que me diste. Tú, soñador incansable, con tu amor de leyenda, inexistente. Estúpido Bécquer.

El muro se quebró, pero no fuiste tú, Bécquer. Nunca pude enamorarme de ti, con tus libros y citas de literatura, y tus largas noches discutiendo hasta las tantas, sin solución alguna. No fuiste tú, eterno soñador. Porque los sueños no siempre se cumplen. El muro se quebró, si, pero no fuiste tú. Fue la música, el aire libre, la libertad. La alegría de un corazón amable. Su sonrisa, su gracioso humor, siempre tratando de animarme, desde el primer momento (y aún ahora, siempre). Me trajo la felicidad que contigo no pude encontrar. La confianza de ser yo misma, de mostrarme tal y como soy, sin ropa que valga. Me miró a los ojos, yo diría que de igual a igual, con mis propios miedos e inseguridades, con sus propios miedos e inseguridades. Y lo aceptó (aunque, quizás no lo asumió del todo…pero yo creo que lo hará). Y confió en mi, sin tapujos, sin reproches (no demasiados). Supo entender (aunque no del todo…pero poco a poco) esa parte de mi que nadie entendía y que nadie aguantaba. Creo que aprendió a apreciar mis defectos, igual que yo aprendí a apreciar los suyos. Y me encantan. Tanto sus virtudes como sus defectos.

Eso es amor.

Y no tú, Bécquer. Tú no.

Borradores

Cuando no sabes que decir, cuando las ideas se van acumulando, cuando miles de palabras no encuentran su lugar… Al final acaban apareciendo miles de posibles entradas que esperan ser publicadas algún día. Sin embargo, no hay forma de poner en orden esos pensamientos. Miles de sentimientos, miles de razones, miles de motivos. El caos absoluto. Quizás se me haya vuelto a desvanecer la inspiración. Allá donde se pierden los sueños, donde vive la desilusión, donde se oculta la desesperación. Y sin embargo ahí sigo, esperando publicar algo algún día. Cuando tenga ganas.

Y mientras no tenga nada que decir, mientras los borradores se sigan acumulando. Mientras las ideas se agolpen en mi cabeza y se junten y se mezclen. Mientras los sueños sigan intactos… Seguiré existiendo

Un mundo feliz…

Nunca he sido la alegría de la vida. Nunca he sido la estación en la que te quieras quedar, ni la clase de persona que hace más amenas las esperas. Compartir un momento conmigo es, probablemente, compartir el silencio.

No tengo don de gentes (o eso dicen). Nunca tengo temas de qué hablar, nada que decir ni ingenio para decir algo gracioso. Ni siquiera la capacidad para parecer interesante. No esperes que yo tome la iniciativa.

Es probable que, en cuanto creas conocerme, te des media vuelta. Vayas con otros, que quizás te aporten otro tipo de cosas, de sentimientos, de conversaciones. Algo que no solo sea silencio o estupideces (porque solo sé decir estupideces). Algo que no solo sean problemas (porque solo tengo problemas). Algo que no solo sean quejas (por todo).

Pero, quizás (y solo quizás), detrás de todo eso, haya algo más.

Me he cansado.

Quizás es eso. Quizás es que me he cansado de todo. De la vida, de la gente, de buscar siempre un ‘algo’ que no existe. He perdido las ganas de… Luchar, de luchar por mis pensamientos, de defender quién soy. «Soy asi», era mi mejor excusa. Y ahora… ¿Quien soy ahora?

He pasado años defendiendo que..ser como era, era lo ‘correcto’, que estaba bien. Que debía «ser yo misma». Y, sobre todo, he pasado años con un único propósito: mejorar como persona.

Es un propósito que me marqué después… De años de máxima soledad, apartando a gente a la que de verdad le importaba, alejandola, enfadandome con ella por cualquier motivo (como hago siempre)… Y que ha seguido ahi, aguantandome, año tras año, dia a dia, cada hora. No quería que volviera a ocurrir. Queria arreglar cada error cometido con esa persona, cada gilipollez dicha, cada estupidez… Queria… Mejorar como persona, ser «buena», como ella había sido conmigo, siempre.

Pero cada dia, cada semana, cada mes, y especialmente estos ultimos, todo parece indicarme una cosa: he fallado. He fallado en mi proposito. No he mejorado NADA como persona. Sigo siendo la misma persona horrible, cobarde, que aparta a los que mas le importan y se enfada por tonterías, sin saber valorar lo que de verdad tiene a su lado. Sigo siendo la misma egoísta e inmadura que era hace 3-4-5 años. He fallado.

Y cada palabra, cada persona, me lo recuerda. Constantemente vuelve. «Eres de lo peor», «No quiero que te juntes conmigo», «No quiero que le hagas daño a mis seres queridos», «Desaparece», «Eres una egoista, caprichos», «Nunca piensas en los demás», «Eres mala»… He fallado. He intentado ser «mejor», y solo he conseguido…cansarme. De todo.

¿De verdad es autoinflingido? No es tan fácil cuando has fallado el único proposito por el que luchabas, la unica razón que te movía, que te hacia levantarte cada dia con una buena intención. No es tan fácil cuando has fallado hasta en eso. ¿Como quieres que me sienta ahora? Soy un desastre de persona, y ni siquiera puedo cumplir con lo que quiero…

Perdón.

Lágrimas

¿A cuantas personas has visto llorar? ¿Cuantas veces han caído lágrimas en tu hombro? Ese dolor, que no puedes expresar, y que no es tuyo. Y no puedes hacer nada. Finges una sonrisa, intentas distraer, intentas animar… pero no puedes hacer nada más. Y mientras, tú, sientes el golpe, por dentro, sin decir nada. En silencio.

Un abrazo, fuerte, muy fuerte. Unas palabras. Un beso en su frente y en la mejilla y de nuevo otro abrazo. ¿Qué más puedo hacer?

Recuerdos que vienen a mi mente. Ahora mismo, en este momento. Otras personas, otros lugares… pero las mismas lágrimas, los mismos abrazos, las mismas miradas. Duelen. Cada una de ellas, duelen por dentro. Un dolor compartido (porque compartirlo es lo mejor).

Ya van cuatro. Cuatro recuerdos. Cuatro personas, importantes, para mi. Cuatro dosis de dolor ajeno, aunque no tan ajeno. Cuatro… lágrimas.

-No llores por favor, sino voy a llorar yo también (30 de octubre de 2010)
-No te preocupes, es una tontería.
-No lo entiendes.
-Me gustaría poder decir algo, pero… no sé qué decirte.

Por poder, puedo

Podría escribir mil cosas, escribir mil palabras y doscientas letras. Podría hablar sobre todo, sobre nada y sobre lo otro. Sobre esto, sobre aquello. Podría inventarme una historia que hablase de dragones, duendes, príncipes y princesas. Brujas malvadas, ogros y el hombre del saco. Una historia que dé miedo, una que hable de amores imposibles, de amores olvidados, de amores que no pueden ser. Una historia que tenga final feliz. Una historia en la que mueran los protagonistas, a lo Romeo y Julieta. Podría inventarme una historia que trate de la profundidad del corazón, que hable de esa parte oscura del alma. Una historia que te dé miedo, que te haga pensar, que te haga reflexionar, que te haga cambiar. Podría escribir un cuento infantil, sobre perritos, conejitos y animalitos diversos, que tuviera una intención moral, que pretendiera educarte. Podría hablarte de un hombre no demasiado alto, un gigante o de aquella chica que vi. Una chica que lloraba. Podría hablarte de la tristeza. Podría hablarte de la alegría. Podría hablarte del amor o del odio. Podría hablarte del egoísmo de la humanidad. Podría hablarte del egoísmo individual de cada uno. Podría contarte cuales son mis anhelos, podría averiguar qué anhelan los demás. Imaginar y dejar que las palabras fluyesen.Podría contarte qué dicen las canciones que escucho o que quieren decir todas esas melodías. Podría enseñarte el lenguaje del silencio o describir el sabor del viento. Podría decirte de qué color es el sonido de las olas del mar o a que huele el tacto de una mariposa. Podría decirte qué veo cuando cierro los ojos, cuando todo está oscuro. Podría contarte una historia que hablase de la soledad y de alguien que siempre estuvo solo. Podría decirte qué es la amistad e inventarme una historia sobre eso. Escribir sobre la marcha en qué consiste el mundo.  Podría hablar de mi y contar mi historia. Podría hablar de ti. Podría hablar de él o de ella. De nosotros. De ellos. Podría hablar de todo lo posible y lo imposible. De aquel juego que jugué, de la serie que vi o del libro que leí. Puedo escribir una historia real o inventada, original o una copia. Podría perderme en mil palabras, en mil preguntas y en mil respuestas. Podía irme por las ramas y no decir absolutamente nada. Decirlo todo. Repetirme y volver a decir lo que ya he dicho. Repetirme de nuevo, con los mismos errores. Podría decir todo lo que he callado y lo que sigo callando. Podría perderme entre líneas (y no sería difícil). Podría decir todo lo que quiero y lo que no quiero. Podría no decir nada y quedarme en silencio.

…..

…..

…. Silencio. Podría decirlo todo. Y sin embargo, no habría dicho nada. Y sin embargo, lo que quiero decir está ahí.

No he dicho nada.

Ser… soy como soy

Si tuviera que decir cómo soy, no sabría por donde empezar. Quizás empezaría diciendo que soy una chica un tanto friki y bastante geek. Me flipan las cosas de informática, el manga y el anime. Los videojuegos, el ordenador e Internet. Apenas me gusta la televisión o la radio. Escucho mi propia música y soy capaz de perderme en el MediaMark (yo no soy tonto!) durante horas, solo viendo precios y sin comprar nada. Me gustan las orejas de gato y las clases de japonés. También me gusta leer shojos y ver algún shonen. Me encanta escribir mis propias  historias con Antía y Mine y después hablar de ellas, imaginar situaciones y pensar, en algún futuro, escribirlas, llegar a publicarlas (aunque piense que es imposible). Me encanta que la gente se extrañe al escuchar mi música, con mezclas como 3 Days Grace y Conchita. Me encanta La Quinta Estación (La Frase Tonta de la Semana) y Yellowcard (Back Home, Dear Bobby…), Simple Plan (Meet you there) o M-Clan (Miedo), entre otros. También me gusta Kudai. Quizás eso me haga especial.
También podría decir que, como me dicen siempre, soy bastante terca y cabezota. Optimista, siempre que puedo. Prefiero pensar que todo va a salir bien antes de que vaya mal. Pensar que los problemas son solo problemas pasajeros y que cualquier desgracia solo puede ser cosa de la mala suerte. Soy feliz si puedo ver a los demás felices. Me gusta reírme con mis amigos, especialmente con Lucas y con Deby (juntos o separados) y de Antia (=P). Pasar una tarde con Rocío, Raúl, Ingrid... Y sin olvidarme de Adry, Bea y Miel, o incluso David. Me gusta ayudar, intentar animar a la gente aunque a veces no lo consiga. Esforzarme por intentarlo. También soy bastante fría, seca y poco cariñosa. No soy una buena amiga y, mucho menos, una buena novia. Tengo mis defectos, que son muchos, y no intento agradar a nadie. Mi gran máxima es que «tienes que gustarte a ti mismo». Tampoco me enfado demasiado, prefiero dejarlo estar antes de enfadarme más, prefiero olvidarlo. Puede que a veces me cueste mucho perdonar, puede que a veces piense que es injusto, puede que piense muchas cosas. Pero no lo diré si también pienso que es injusto lo que estoy pensando. Soy de esas personas que piensan «sus motivos tendrán», que piensan «el problema es suyo», que piensan «si se enfada es cosa suya, yo no estoy enfadada». A veces me cuesta mucho hablar las cosas, solo por no estallar y decir barbaridades. Y muchas veces incluso me siento culpable si alguien se enfada (aunque no sea culpa mía). Sin embargo, también sé ser encantadora, si puedo y me lo propongo. También puedo ser la persona más amable y generosa. También soy egoísta, y muchas veces solo pienso en mi. Sin embargo, me gusta pensar en los demás antes que en mi misma, aunque  a veces no lo cumpla. Me gusta esforzarme por mejorar y por ser mejor persona. Por ser una persona razonable y sensata, aunque no lo consiga, y trato, muchas veces, de no dejarme llevar por sentimientos menores y negativos y que prevalezcan, sobre todo, esos fuertes lazos que me unen a la gente.
También podría decir que soy una persona que le gusta la libertad. No me gusta sentirme agobiada ni caminar entre mucha gente. Me gusta el mar, especialmente su brisa, y el viento. Volar de vez en cuando. Ponerme de pie de cara al viento y estirar los brazos, sentir el viento en mi cara y escuchar el ruido que hace al mover las hojas de los árboles, escuchar las olas del mar (si estoy cerca del mar) y esa sensación de estar volando.  Soy de esas personas que piensa «eres libre», que no ata a nadie a su lado, que tampoco exijo demasiado (o eso creo). Que piensa «puedes estar con quien quieras». Tampoco me gusta que se preocupen demasiado por mi. Si estoy mal, me animo pensando que «estaré bien». No suelo callarme lo que siento y, normalmente, siempre se lo contaré a alguien. Si no, siempre puedo escribirlo en el blog (sé que siempre habrá alguien que lo lea, aunque solo sea Lowell).
También puedo hablar de lo que no me gusta. Es una lista bastante extensa, y soy tan quisquillosa con mis cosas que no sabría por donde empezar. Tengo muchas manías. No me gusta la textura de las verduras, por ejemplo. La cebolla es algo que odio. Tampoco me gusta el huevo, ni la tortilla de patatas. No me gusta el olor a gasolina, que a mucha gente le gusta, ni el de la pintura. Realmente y, generalizando, no me gusta ningún olor demasiado fuerte. Me encanta el olor de la lavanda. Odio el agua fría en la ducha. Tampoco me gustan los sonidos chirriantes, y mucho menos los golpes o golpecitos repetitivos, especialmente si van acompañados de movimientos repetitivos. No soporto esos movimientos repetitivos ( y Antía lo sabe bien). Tampoco me gustan los relojes de tic-tac, tan insoportables, a los que siempre les quito la pila. No me gusta dormir con alguna luz (tengo que bajar la persiana del todo y desenchufar todo lo que pueda tener luz). Es imposible que mi habitación esté más de un día ordenada, porque siempre acabo colocando todo en una esquina. Odio la falta de humanidad que tiene mucha gente. La poca caridad y el egoísmo. El valor que se le da al dinero y al éxito hoy en día. Que la gente se olvide de las cosas realmente importantes. También odio las palabras engañosas, las falsas promesas y las palabras cumplidas. Quizás porque yo siempre intento ir con la verdad por delante. Odio la prepotencia y aquellas personas que intentan ir por delante de los demás, que se aprovechan de las buenas acciones o que intentan aplastar al de al lado. Odio los recuerdos, que muchas veces hacen daño, y el miedo al pasado. Odio que la gente cambie, especialmente si no te avisa. Odio que se le de más importancia al amor que a la amistad, aunque cada uno es como es.

Quizás podría dejarlo así. Me faltarán cosas, miles de cosas, pinceladas de mi misma. Sin embargo, soy como soy, y sigo esforzándome por cambiar para mejor. Está claro que no soy perfecta, que tengo un montón de fallos. Tampoco intento ser perfecta. Me gusta ser como soy. Me gustan mis defectos, tanto físicos como psicologicos y no trato de que les agraden a nadie. Esta soy yo (asustada y decidida, como diría la canción).Y quien no quiera, que no mire.