Llevaba tiempo sin escribir absolutamente nada. Supongo que no lo necesitaba. Y no sé aún muy bien qué es lo que quiero decir con esta entrada. Ni cómo puedo decirlo.
He «cerrado» casi todas mis redes sociales. Ayer tuve un día bastante horrible, así que hoy estoy motivándome con Vetusta Morla y pensando en las cosas buenas que tengo.
«Amistad». Qué palabra tan complicada. Es parte de las «cosas buenas que tengo», pero también de las malas. Y voy a hacer generalizaciones en este tema:
Las tías, por lo general, se toman la amistad más como «oh, estoy ahí para todo lo que necesites» y «ay, que bonitas mis pichurras» o «cuando me necesites llámame», y hacen «piña de amigas»…. Y luego nada. Ni están ahí cuando lo necesitan, ni cuentan contigo cuando lo necesitas, ni puedes contar con ellas cuando las necesitas.
Los tíos… se lo toman más a lo de «estoy aquí». Y ya. Ni te van a tratar como si fueras especial, ni te van a tratar como si fueras lo mejor, ni van a «hacer piña de amigos».
Cuando estoy mal, no suelo decir nada en persona. No quiero molestar a nadie. Lo pongo en twitter o FB y ya quien se preocupe, que me diga. Generalmente, en estos casos, las tías siempre han pasado. De todo. Así estés muriendote. Y los tíos, aunque sea, te responden o te pregunta… o se preocupan. Un mínimo.
Lo siento, pero es que estos días me he decepcionado bastante. Tanto «amor de amiga» me pone enferma. Me parece super falso. Porque luego a esas personas les importa una mierda lo que te ocurra. Les da igual.
Y yo soy la gilipollas que, en cuanto a ellas les pasa algo, estoy ahí para preguntarles si están bien, si quieren algo, si pueden quedar. Animarlas y esas cosas, vaya. Para que luego ni me contesten a los mensajes y pasen de mi. No me parece nada justo.