Eso mismo. Siempre me pasa igual. No sé seleccionar información. Quiero contarlo todo, pero no sé cómo conectar ideas. Quiero escribir mil palabras, y ni siquiera sé escribir. Es.. frustrante, en cierta manera. Sé que a la gente no le interesa lo que escribo, sé que escribir para mi no tiene sentido, pero…. No sé hacerlo. No me sale. Acostumbrada a escribir para mí misma, acostumbrada a escribir simples pensamientos, ahora que me piden algo más, algo de mejor calidad, algo «que interese»… Ahora que me piden que «escriba bien»…. No soy capaz.
Categoría: Pensamientos
Soñar con las palabras
Escribamos algo. Algo que vaya más allá de los límites. Algo imposible. Una historia que empiece por el final y acabe en el principio. Un cuento que no termine. Escribamos del revés. Escribamos con letras ilegibles. Hagamos que lo improbable sea probable y posible. Tracemos sueños con las manos y permitamonos soñar con las palabras. Un poder que va más allá de cualquier límite. Si, eso, soñemos.
Soñemos. ¿Soñar? ¿Soñar con qué? Imagínate un mundo. Imagínate un universo. Y, bajo ese millón de estrellas, imagínate a ti. Un ínfimo punto. Ahora, sueña. Porque, a pesar de todo, a pesar de nuestra diminuta existencia, seguimos soñando. Tenemos la capacidad de soñar. De cerrar los ojos, de día o de noche. De soñar incluso despiertos. Sentados en la orilla del mar o mirando las estrellas. Esas mismas estrellas que te recuerdan lo pequeño que eres. Y, sin embargo, sueñas.
Tambien puedes tratar de poner esos sueños en un papel. Donde las palabras y los sentimientos se mezclan. Donde los pensamientos se transforman en algo más que palabras en tu cerebro. Cuando llegan a ser y se convierten en una manera de desahogar todo eso que llevas dentro. Esos pensamientos que nadie sabe. Esos secretos que ocultas entre las palabras. Esos sentimientos que nadie conoce. Y en el fondo te preguntas… ¿alguien ha llegado a conocerte realmente? Y es posible que, quizás, tal vez, seguramente, nadie lo haya hecho.
Porque, en cuanto a sueños, nadie ha conseguido descifrar mis palabras.
Mejor no decir nada
A veces las palabras se amontonan en mi cabeza, se mezclan con los sentimientos, se pisan unas palabras con otroas, se plantan cara, se provocan, se pelean y, al final, acaban perdiendo todo su significado. ¿Qué hacer entonces? Mejor no decir nada.
Lo siento
Perdona. He roto una promesa. He roto muchas promesas. Si se trata de romper, he roto muchas cosas. Y he hecho mucho daño. A ti, sobre todo. Y te preguntarás mil por qués. Mil razones, que no tengo. Simplemente, no era feliz. Te quería. Y te quiero. Pero las cosas han cambiado, supongo. Los sentimientos han cambiado. Supongo. La única canción que se me viene ahora a la mente es una de La Quinta Estación, aquella que decía «si no te supe amar no fue por ti, no creo en el amor y no es por mi.» ¿Culpables? Ninguno. Las cosas cambian y supongo que hay que saber aceptarlo. ¿Por qué ahora? ¿Acaso tiene que haber una razón? ¿Un por qué? Simplemente fue ahora. Quizás no lo hayamos llevado bien, quizás cometimos errores (los dos). Demasiados errores. Solo era cuestión de tiempo, y sabes tan bien cómo yo que lo mejor era cortar por lo sano. Simplemente era cuestión de tiempo.
Quizás no lo haya llevado bien. Lo siento, el amor no es lo mío. Sé que ahora te estarás sintiendo culpable. Te preguntarás qué hiciste mal. Te echarás la culpa. Yo lo único que puedo decir ahora y que diré siempre es que eres una de las mejores personas que he conocido. Y de lo único que me arrepiento es de haberte hecho daño. En algún momento, en cualquier momento. Al final, sobre todo al final. He sido egoísta, y lo he roto todo. Tenías razón cuando me dijiste que lo mejor sería que no nos acercásemos mucho, porque al final acabaríamos haciéndonos daños. Lo siento. Culpa mía.
Pero se trata de saber aceptarlo, ¿no? Como decía Buda, hay que saber aceptar los cambios. La transitoriedad, que decía Hector, Ese concepto tan japonés. Dejarlo ir y seguir adelante. Fue bonito, fue hermoso… pero eso, fue. Fue y ya está. Sin razones, sin por qués. Sin nada que arreglar. Todo arreglado. Me quedo los miles de recuerdos bonitos como lo que son, recuerdos. Que como siempre digo, en algún momento harán daño («y es que malditos seais los fantasmas, jugais con ventaja, doleis de verdad»). Pero de los que no me arrepiento. Tampoco me arrepiento de la decisión que he tomado. Por ti, por mi… Creo que más por mi. Seguir hacia adelante y no mirar atrás, ¿entiendes eso? Ya encontrarás a alguien que sepa entenderte mejor. Yo lo he intentado, y no me arrepiento. Lo siento, no te supe amar. Lo siento. Lo siento. Lo siento.
Algún día volveremos a vernos. Algún día volveremos a hablar. Entonces entenderás que lo mejor era separarnos. O quizás no. Algún día… Algún día.
¿Quién soy?
Sentarme en el suelo y pensar. ¿Quién soy? A dónde voy y de dónde vengo. Quién fui, si es que fui alguien algún día. Y quién seré. Donde estaré. Y qué estaré haciendo. ¿Qué he hecho todos estos años? ¿Cuánto tiempo he desperdiciado? Y cuánto tiempo estaré perdiendo en estos momentos. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué más puedo hacer?
Barcos de Papel
Si, eso, barcos de papel. Supongo que no sabía qué poner. Se dice que si haces mil grullas, tu deseo se cumple. ¿Qué pasa si haces mil barcos de papel? Los sueltas en el puerto y dejas que naveguen. Sería, incluso, gracioso. ¿Se comportarían igual que los sueños? Yo creo que se hundirían. Pero es como cuando pruebas a sentarte unos metros por encima del mar, con los pies sueltos. Ver el mar justo debajo de ti. Y te entran ganas de tirar tus zapatos. Aún sigo pensándolo. Algún día lo haré, cuando esos zapatos me pesen demasiado, cuando me haya cansado de caminar. Y soltaré mil barcos de papel, ya que ellos tambien tienen derecho a soñar con navegar. E irán cargados de sueños, para que lleguen a donde yo no puedo llegar (ya sea el otro lado del océano, cualquier otra parte del mundo, o las profundidades del océano. O a lo más alto, allí donde solo llegan los sueños).
Otra cosa… ¿alguna vez os habeis preguntado qué haríais si tuvierais que escapar? ¿A dónde irías y quién querrías que te encontrase? Desconectar de todo. Y si alguna vez no quiero ver a nadie, yo estaría viendo el mar. Lejos de casa, lejos de las nuevas tecnologías, lejos del blog. Lejos de todo. Si, en ese mundo que es solo mío, en el que domina el mar y el viento. Allí, donde viven los sueños y los recuerdos. Donde muy pocas personas pueden llegar. Tampoco pido que nadie me venga a buscar, pero… ya sabes, nunca pediré nada.
PD: pensé en cambiar el nombre del blog por el de esta entrada, pero… No puedo. La frase tonta de la semana seguira siendo eso, la frase tonta de la semana. Diga lo que diga.
Si, es cierto
Puede que no siempre sea simpática. Que no sea la mejor persona del mundo. Que te trate mal. Que me encante decir tonterías. Gritar como una loca solo para hacerte reír. Que me encanten tus mil caras (que, en realidad, son pocas, pero a mi me gustan todas). Tu dulce cuello. Puede que me divierta viendo páginas sin sentido, escribiendo en un blog o inventando mis propias historias con Antía. Que, por encima de todas las cosas, esté Yuki. Que tenga una canción para cada frase o momento.
Es cierto que no siempre escucho lo suficiente. Que muchas veces juzgo antes de tiempo. Que hablo más de lo debido. Que no me lanzo todo lo que debería. Que a veces me quedo encerrada en mi misma, me callo y no contesto. Me escondo en tus brazos y me oculto del mundo. Que no vivo lo suficiente. Es cierto que muchas veces tengo miedo. Que muchas veces me siento segura cuando nadie me ve. Que soy débil. Que soy cobarde y no me atrevo a hablar de mis sentimientos. Que me apoyo en excusas para justificarme. Que muchas veces no razono lo suficiente. Tampoco es que se me de bien. Que no se me da bien casi nada. Soy mala en los sentimientos. Es cierto que le doy la espalda al mundo. Que mi propio mundo no es siempre alegre. Que a veces lloro por las noches, cuando nadie me ve y nadie me escucha. Que en esos momentos en los que estoy sola, tambien hago otras cosas. Que me encanta leer un libro aunque no siempre «tenga tiempo» para hacerlo. Que trato de aparentar que soy fuerte y que trato de pensar siempre en lo mejor, pero que, en algún rincón de mi mente, siempre pienso «y si…no es así?». Y eso me da miedo. Es verdad, tengo muchos miedos. Es cierto que no me considero la mejor persona del mundo y sin embargo, me duele cuando me dicen que soy la peor. Tambien es cierto que hay muchas cosas que me joden. Que intento no enfadarme, y aún así a veces lo hago. Que aunque intente tener paciencia, muchas veces acabo cansada. Que no siempre tengo fuerzas para sonreír. Que a veces estoy triste. Que a veces te echo de menos. Que a veces la música me hace llorar. Que no siempre tengo pensamientos alegres y bonitos. Que mi mundo no es de color de rosa, sino, más bien, de matices y contrastes, que nunca llega a ser ni blanco ni negro. Que guardo recuerdos que aún me hacen llorar, algunos de no hace tanto tiempo. Que me cuesta olvidar y que no siempre lo consigo.
Tambien es cierto que no me gusta guardar rencor. Que hay sitios que me gustan más que otros y que, si tengo que elegir, prefiero un batido de yogur. Que me gustan los abrazos, mucho más que cualquier beso. Que odio que me besen en la nariz. Que no eres el único que lo hizo alguna vez. Y no me gusta escuchar ciertas canciones, sobre todo después de algún tiempo. También es cierto que Damien Rice consigue que se me pongan los pelos de punta, casi igual que un beso en la espalda. Que leer ciertas historias aún me hace llorar, sobre todo si hablan de Yuki.
Es cierto que soy humana, aunque a veces intento evitarlo. Que no soy de piedra, aunque viva engañándome a mi misma. Que no cambio, aunque lo intente y que, aunque me esfuerzo, a veces desfallezco y pienso que no merece la pena. Que muchas veces desisto, que soy demasiado vaga y que no me esfuerzo lo suficiente. Que muchas veces pierdo la esperanza y que algunos temas me desesperan. Que a veces me siento desilusionada. Que soy fría, y eso no le gusta a todo el mundo. Que a veces me obsesiono. Que no siempre soy del todo sincera y que, muchas veces, lo único que hago es manipular la verdad. Que cuento las cosas a mi manera y, a veces, como me conviene. Que soy egoista. Que pido mucho y no doy nada. También es cierto que no me gusta ver a los demás tristes. Que no sé animar a la gente (soy un desastre), pero que me gusta intentarlo. Que intento estar ahí cuando me necesitan, aunque a veces me harte y apague todo, me olvide del ordenador, del tuenti, del móvil y me quede mirando el techo de mi habitación, tumbada en la cama y escuchando esas canciones melancólicas. Que mi canción favorita es «La frase tonta de la semana», aunque hable de desamor. Que aunque diga que no, o aunque no diga nada, por dentro grito desesperadamente que si. Que odio muchas cosas que, al final, acabo haciendo. Que a veces me odio a mi misma, por tonta y estúpida. Por cometer errores o por no decir las cosas. Que a veces me miro en el espejo y me dio «¿Cómo puedo tener esta cara?» y otras veces pienso justo lo contrario. Que no soy constante, aunque pueda parecerlo. Que no hago nada de buenas, ni siquiera sin querer, y que a veces me deprimo sin motivos. Que a veces no tengo ganas de nadie, o solo tengo ganas de una persona, o de todas menos de una, y eso no significa que la quiera menos.
Tambien es cierto que podría decir mil cosas de mi. Que soy y no soy. Que estoy y no estoy. Que a veces aún no he salido de mi mundo. Que pienso demasiado, y escribo el doble (¿Cómo es posible? No lo sé). Que a veces pienso que estoy en un sueño y que no me gustaría despertar, o que es una pesadilla y ojalá acabase todo. Que lo paso bien siendo como soy y que, sin embargo, a veces sufro. Que soy una rebelde sin causa, como me dirían por ahí, y que, lo que me gustaría de verdad, es ser como el viento, o algo así. Que busco mi propia libertad y sin embargo a veces sopla tan fuerte que te obliga a quedarte en casa. Que a veces me siento como un huracán, que lo destroza todo y deshace todo cuanto toca. Que solo alguien fuerte sería capaz de resistir. Que tengo miedo a anularlo todo. Es cierto que tengo miedo a perderlo todo. Y que me encanta escribirlo todo. Que trato de buscarle razones a lo que no tiene razones y no razono lo que es razonable. Que a veces se me va la inspiración de repente y que puedo estar más de un mes sin escribir nada en mi blog. Que me agobio cuando me presionan demasiado. Que me tomo las cosas con demasiada calma y que casi nunca tengo prisas por nada. Y, aún así, camino a paso rápido, pues no me gusta llegar tarde.
Es cierto.
Tambien es cierto que te quiero
¿Y los recuerdos?
Me preguntaste si sabía cómo se podía borrar un álbum de fotos, unas fotografías. Y a mi se me vinieron un montón de preguntas a la mente, algunas sin sentido. ¿Y los recuerdos? ¿Cómo se borran los recuerdos? Es fácil quemar las fotos, borrar los archivos, pero… ¿y las imágenes de nuestra memoria? ¿Los tesoros que guardamos? ¿A donde se van cuando ya no queda nada? ¿Se los llevará el mar? ¿O quizás la brisa? ¿Serán borrados por la suave arena? ¿O quedan grabados a fuego bajo la piel? Ocultos, secretos, privados, solo tuyos, pero también de él… ¿Qué será de los recuerdos? ¿También se borrarán, como las imagenes? ¿Es posible? Cada beso, cada sonrisa, que era solo vuestra… ¿Serás capaz de borrarlas? Yo confío en ti. Sé que tú lo conseguirás. Pero.. ¿Y él? ¿Qué será de él? De sus recuerdos y de sus imágenes, cuando ya has puesto un punto y aparte en su vida, en la tuya. Un corte en el camino.
Sin embargo, y como siempre, con recuerdos o sin ellos, se trata de seguir adelante. No arrepentirse de las decisiones, si eran las más correctas. No mirar atrás, no buscar en los recuerdos. Salir con la cabeza alta. Que esos recuerdos no hagan daño, salgan solos y sean algo bonito. Algo que ya no existe. Algo que ya se acabó. Algo, al fin y al cabo.
Recuerdos… tristes recuerdos.
qué caro es el tiempo…
cuando quise darme cuenta, la gente ya hablaba de carnavales… a veces me sorprende lo rápido que pasa el tiempo, casi sin darnos cuenta, y lo poco que me entero del mundo que me rodea. Quizás es cierto que me aislo demasiado, quizás vivo muy en mi mundo… Bueno, tan malo no debe ser.
Y, de nuevo, carnavales… (un día sin mi música y mira lo que pasa)
Tiempo de cambios
Supongo que su entrada me ha hecho pensar. Bueno, de alguna manera, es algo en lo que siempre he pensado. Donde estaré dentro de un año, o dentro de 20… ni siquiera tan lejos, dónde estaré dentro de 8 meses, en Septiembre… o incluso en Junio, cuando empiece mi pequeño «calvario», cuando el mundo empiece a girar, cuando empiece a moverme, cuando empiece a «hacer algo».
Mi vida siempre ha sido sencilla, sin cambios bruscos (excepto excepciones… valga la redundancia), basada en la rutina y en el paso del tiempo. Nunca me ha preocupado (y, aún así, sigue sin preocuparme). No necesito una vida complicada, que yo ya me la complico bastante. Todo ha sido lento, despacio, y las pocas veces que he ido con prisas, todo ha salido del revés. Sin embargo, no puedo evitar pensar que dentro de nada mi vida quizás sea diferente, quizás no tanto, quizás no haga nada o esté haciendo algo que me guste, o esté haciendo algo que no soporto (¡espero que no!). Pensar que no queda nada, absolutamente nada para que tenga que decidir, y decidir algo de lo que no me arrepienta en la vida, que sea lo que realmente quiera, que me haga «feliz» o, al menos, no me aburra, que se adapte a mí de la mejor manera posible. Decidir y no hacerlo mal, pues es algo que cambiará mi vida. Supongo que es lo que sientes cuando se acerca ese momento decisivo, cuando en cinco meses todo se acaba
Está claro que no echaré de menos vivir aquí. Mi pueblo no es lo que se diga un pueblo agradable. No sé donde estaré, pero Vigo no quedará tan lejos.Echaré de menos las clases de japo… por no decir a él. Pero no me preocupa. Estaré bien, estará bien, estarán bien. Y seguiré sonriendo
Es el no saber y la incertidumbre lo que me preocupa (un poco), y el tener que afrontar esos cambios. Y que sean para mejor, nunca para peor… Será cuando mi vida se empiece a mover por algo, y eso será importante. ¿Sabré lo que es amar? Quien sabe.
