Supongo que no puedo pedirte eso. Que ya te pido demasiado.
Tengo un corazón herido, y tú ya cargas con mis cicatrices. No puedo pedirte que las cures.
Mensajes, palabras y canciones que llenan mi mente. Todo junto
Supongo que no puedo pedirte eso. Que ya te pido demasiado.
Tengo un corazón herido, y tú ya cargas con mis cicatrices. No puedo pedirte que las cures.
– Gracias
– ¿Por qué?
– Por todo. Por aturarme, escucharme, comprenderme.
– No te aturo. Me encanta como eres.
– Te quiero.
– ¿Qué pretendes?
– Dominar el mundo.
– No tiene gracia.
– ¿Y que tal…venganza?
– ¿Por qué?
– Me he convertido en un… monstruo. El objetivo de los monstruos suele ser la dominación del mundo o la venganza.
– Te equivocas. Esas no son las alas de un monstruo.
– Entonces, ¿qué son?
– Las alas de un ángel.
– Entiendo… y dime, ¿Por qué debería luchar un ángel? ¿Cuales son los sueños de los ángeles?
– …
– Los ángeles solo anhelan una cosa…
– Dime qué
– Ser humanos.
Poco a poco. Paso a paso. Sin prisas. Con calma.
Y es que hoy tengo mil cosas que decir.
Yo tambien tengo miedo. No tanto por meter la pata o hacer algo que no te guste. Eso son tonterías. Tengo miedo de saltar y caer. De dar un paso y que tú no lo des conmigo, y sentir que, lo que parecía que era suelo firme, se desvanece bajo mis pies. Tengo miedo de caer en eso que llaman «amor», y que tu no caigas conmigo. Miedo de lanzarme y que no estés a mi lado, que no me sigas. Y de enamorarme y comportarme estúpidamente, hacer cosas de las que me arrepienta… y perderte.
Quizás lo que me da verdadero pánico es el amor, en si mismo.
(y quizás, en vez de escribirlo, debería decirtelo a la cara. Ya sabes, que son tonterías y que yo me rayo mucho por nada. No es importante.)
Ver fugazmente su sonrisa en todas las sonrisas que ves. Es… extraño, pero empiezo a acostumbrarme. Y empiezo a entender un par de cosas. Y empiezo a pensar que las cosas solo pueden ir a mejor. Quizás ha sido esta última semana… No sé.
A veces… es como chocar contra un muro. Una muestra de afecto, un «te quiero», y ni se inmuta. No dice nada, no hace nada. Supongo que… duele, un poco. Saltar y acabar chocando con cierta frialdad, con otros temas, cuando lo único que quieres, lo único que pides es que te responda. Creo que no pido tanto, solo un «te quiero».
Pero como sé que es tonto, y que es un bruto, y que probablemente esté pensando en otras cosas. Me callo y digo «ña», esperando que, antes de irme a dormir, nos despidamos con un «Buenas noches. Te quiero». Y una conversación del tipo:
– Hablamos mañana?
– Claro.
Solo sé que soy idiota.
Hoy estoy positiva :DD