Eso no era seguro para mi.

Y esa es la verdad, aunque cueste admitirlo.

Un lugar seguro es aquel en el que puedo decir lo que molesta, incomoda, sin miedo a que inviertan la responsabilidad de los actos. Un lugar seguro es aquel en el que me puedo equivocar, pero cabe espacio para el diálogo después. Un lugar seguro es aquel en el que, ante un acontecimiento con múltiples interpretaciones, alguien da un paso al frente por mi y plantea una duda razonable. Un lugar seguro es aquel que no reinterpreta una historia compartida sin la otra persona. Un lugar seguro es aquel en el que sabes que esa persona VA a estar. Sin importar cuando, sin importar cómo.

Eran mis amigos, pero no era un lugar seguro para mi.

Cuando el cuento suena así:

– Oye, esto que has dicho me molesta. Sé que no lo hacías con mala intención, pero lo has repetido tantas veces que no me hace gracia, me gustaría que dejaras de hacerlo.

– Era una broma, no te lo tomes así.

– Para mi no fue una broma, era importante.

– Eso es tu problema.

– Es algo que estás haciendo tú.

– Es que yo soy así, bromista. Y me estás pidiendo que cambie mi forma de ser y no me sale.

– No, solo te he pedido que no hagas esa broma (por enésima vez).

O así:

– Tengo algo importante que decirte. Lo siento porque blabla y blabla y soy malísima y te estoy haciendo muchísimo daño, pero es que tú eres de esta forma y me haces sentir mal porque (cosas que no son ciertas en ningún escenario). Ahora necesito que me des tiempo (A MI) y que pienses sobre lo que te he dicho (sobre lo que YO he hecho).

– Sé que estás vulnerable y yo tampoco lo estoy pasando bien, he pasado por todo esto este fin de semana, ¿podemos poner una fecha para hablarlo?

– No, ahora ya no. Me has presionado cuando te pedí tiempo. No vuelvas a hablar conmigo.

Sabes que eso no es seguro para ti.

Los quise, pero no podía seguir ahí. Y no por mi, no porque yo fuera demasiado, no porque yo fuera una persona muy sensible, no porque fueran malas personas, o me trataran mal ‘per se’.

Solo que yo me merezco un trato más digno. Unos recuerdos completos, no solo migajas. Una presencia, no algo «circunstancial«, como se ha podido interpretar. Alguien que me viese, no que interpretara mi vulnerabilidad como manipulación. Un lugar en el que no tuviera que hacerme pequeña para existir, ni callarme para ser aceptada. Donde poder decir que me duele sin que eso sea atacar o acusar a nadie.

Un lugar donde no se instrumentalice el lenguaje terapéutico. Donde la palabra «empatía» no sea utilizada como arma. Donde las emociones no sean un intercambio. Donde sentir esté bien y no sea malinterpretado. Donde las palabras no signifiquen «chantaje«.

Y sobre todo, un lugar donde no me agredieran. Un lugar donde no hubiera espacio para la agresora después. Por lo menos, hasta que la víctima decidiera qué hacer con ello.

No tuve espacio, no tuve tiempo, no tuve voz. Y si tengo que renunciar a mi espacio en el mundo, a mi tiempo o a mi voz para existir en una mesa, en esa mesa me acabaré sentando en el suelo otra vez. Y eso se acabó.

Hay otra cosa que nunca admitirán. Que tomaban decisiones sobre mi, sobre mis sentimientos, sobre mis intenciones o mis pensamientos… Sin mi.

Cuando alguien decide por ti:

  • Qué te hace daño
  • Cómo vas a interpretar las palabras
  • Si estás preparada o no para algo
  • Tu sufrimiento
  • Tus necesidades
  • Lo que puedes asumir (o no)
  • Tu propia reacción

Cuando decides retirarle su agencia a una persona, decides «prevenir» una situación que asumes que existe o existirá, decides ignorar algo para «proteger» a esa persona del supuesto daño que le haría… Cuando admites que estás omitiendo partes de la historia (‘si no te mandé a la mierda el otro día es porque no sabes todo el cuento‘) Estás siendo paternalista. Y es algo cierto que durante unas pocas semanas se habló más de mi sin mi, que conmigo. Como si yo no supiera nada, como si no tuviera nada claro, como si no tuviera opinión siquiera. O como si no fuera consciente de la situación.

La chica que lo perdió todo

Se forzó tanto en continuar. Se forzó tanto en seguir como si nada pasase, como si pudiera con todo, como si fuera una heroína. Estudiar, trabajar, gestionar. Estudiar, trabajar, gestionar. On repeat. Mientras el frío se instauraba dentro de ella otra vez. Otra. Maldita. Vez. On repeat.

Ese frío que lo cubrió todo de blanco, de hielo y de muerte. Esa chica se refugió en una pequeña cabaña, chiquitita, con el corazón encogido y sin querer salir. Era familiar, había crecido en ese frío, estaba cómoda, con su camita, su ordenador… Estudiar, trabajar, gestionar. No sabía como estaba, pero estaba. On repeat. Otra. Maldita. Vez.

Empezó como un pequeño eco. Una intuición. Una voz en su cabeza diciendole «algo no está bien». ¿Serían paranoias? ¿Pensamientos intrusivos? Gestionar, gestionar, gestionar. Un breve murmullo, extendido en el tiempo. Gestionar, gestionar, gestionar. Durante días y días. Meses. Años. On repeat.

Hasta que esa voz empezó a ganar fuerza, a poner patas arriba su mundo, inquietante, incesante. Algo no iba bien. ¿Eso era familiar? Sentir lazos desvaneciéndose en la nada. Otra. Maldita. Vez.

«Siento que eres… como un bonito recuerdo»

Y llegó el evento principal, la hora del show, el baile perfecto. La actriz principal llegó con sus prendas raídas, agotada, cansada. Pero llegó. Estuvo ahí. Sintió el calor. Pudo sentir el calor. Y pudo volar hacia él…. Solo un poquito más. Solo un poquito más. Maldito Ícaro. On repeat.

Esa chica no pudo volver al frío tras sentir el calor. Se plantó. Hizo algo diferente. Una. Buena. Vez. Y empezó a tirar de esos hilos invisibles. Probando, testando, descubriendo. Se rompieron. El frío se lo había llevado todo. Incluso esos hilos. Se rompieron. Y por mucho que la chica se esforzaba en sentirlos de nuevo… Ya no estaban.

La soledad. Otra. Maldita. Vez. On repeat.

Me voy – Vanesa Martín

Conocí esta canción hace unos cuantos años, cuando me rompí por última vez, cuando quise desaparecer de aquí, de todo, de todas partes, por última vez. Derrotada, cansada, rota.

Esta vez decido irme, porque quedarme iba a tener un precio TAN alto que no lo podría asumir. Porque quedarme iba a significar tener que callarme, silenciarme, «aceptar» una realidad que no es la mía, una versión que me invisibiliza, me anula, me niega y me destruye. Y aunque los demás digan que no hicieron nada… Hay palabras que no cambiarán por mucho que se borren las conversaciones.

No puedo dar más de mi. No puedo esforzarme más por unos vínculos rotos que solo yo quiero reparar. No puedo vivir en un espacio que me niega constantemente.

Me voy

he decidido que ya no doy más
Que es preferible romperme a doblar
La calle eterna de las despedidas
De conversaciones que no se darán

Admiro al tiempo que nunca paró
Las conclusiones me crean tensión
Como tus ojos me cargan de dudas

Me voy, y si algún día preguntas por mí
Tal vez te quieras volver a reír
Seré de nadie, seré de la lluvia que ya te empapó
Seré los brazos que vas a querer
La doble vuelta de tuerca en tu piel
La luz del fondo que siempre te invita

Así, me he despertado contigo a la vez
Te veo dormir y me quiero morder
Me siento como un muñeco de aire
Anclada a la vida que empiezo a no ver

Porque contigo no sé quién se va
No sé quién gana ni soy tu rival
La cuenta eterna que acaba en huida

Me voy, y si algún día preguntas por mí
Tal vez te quieras volver a reír
Seré de nadie, seré de la lluvia que ya te empapó
Seré los brazos que vas a querer
La doble vuelta de tuerca en tu piel
La luz del fondo que siempre te invita

Me voy y si algún día preguntas por mí
Tal vez te quieras volver a reír
Seré de nadie, seré de la lluvia que ya te empapó
Seré los brazos que vas a querer
La doble vuelta de tuerca en tu piel
La luz del fondo que siempre te invita

¡Ay! Me voy
Y si algún día preguntas por mí
Tal vez te quieras volver a reír
Seré de nadie, seré de la lluvia que ya te empapó
Seré los brazos que vas a querer
La doble vuelta de tuerca en tu piel
La luz del fondo que siempre te invita

Te echo de menos – Beret

Cuando ya no sepas dónde ir
Solo vete donde dé más miedo
Las cosas que no puedes cambiar
Son las mismas que acaban cambiándote luego

Te prometí hacer todo por ti
Pero hacerte feliz yo no puedo
Y si vas a ser alguien sin mí
Por favor, nunca seas aquello que te hicieron

Y ya pasó un día y no te veo
Ya llevamos dos y te pierdo (te pierdo)
Si pasas de página, ya no te leo

Te echo de menos
Aunque yo fui quien te eché
A veces no sé qué quiero
Cómo te voy a querer

Pones un pero
Yo que siempre te esperé (uh)
Lo malo es que tú eres fuego
Y yo tengo miedo a arder

Quiérete
Hasta que olvides por qué no lo hacías
Olvida todo menos la alegría
Un sinsentido que te diga «vive» y me llames «mi vida»

Dices «ven»
Y no me indicas que por dónde siga
Perdiste el tiempo, según tú lo miras
Pero lo bueno nunca va a llegar enseguida

Y ahora que no queda tiempo me da por querer decirte
Que tú siempre me has querido como no hago yo
Que lo que duele no es irse, sino darse cuenta tarde
De que sí pude quedarme cuando ella no

Si el amor puede con todo, mi problema siempre ha sido
Pensar que yo de verdad podre con el amor

Y cómo voy a conocerte, si siempre viví conmigo
Y el que menos se conoce en realidad soy yo

Te echo de menos
Aunque yo fui quien te eché (uh)
A veces no sé qué quiero
Cómo te voy a querer

Pones un pero
Yo que siempre te esperé (uh)
Lo malo es que tú eres fuego
Y yo tengo miedo a arder

Y lo malo que es pensar por primera vez
Que puede ser la última de algo y la pura ironía de verle correr
Tan sólo por huir a salvo de mis pasos
Ya llevo una vida queriéndote tanto
Esperándote, dándome igual cada daño que me está costando
El poder darme cuenta que para ti no cuento tanto

Te echo de menos
Aunque yo fui quien te eché (uh)
A veces no sé qué quiero
Cómo te voy a querer

Pones un pero
Yo que siempre te esperé (uh)
Lo malo es que tú eres fuego
Y yo tengo miedo a arder

Os echo tanto de menos…

Ojalá no sintiera este enorme vacío cada vez que pienso en ti. En ti y en ella. Las dos personas que mejor me han entendido a lo largo de los años… Hasta que se fueron. Hasta que me destrozaron. Las dos.

«…Porque eres una de esas pocas personas con las que soy realmente feliz, de las que estoy segura de que no me fallaría nunca, porque eres de esas que siempre ha estado ahí, para todo. La persona que me dijo que hay hilos que nunca se rompen, que solo se camuflan, que con el paso del tiempo adquieren el color de la vida…»

«… A pesar de eso, sabes que siempre seré tu fan incondicional, pase lo que pase.»

«Las relaciones se adaptan y se fortalecen, llegando a ser irrompibles, sin importar lo que pase. Y eso es verdad, es lo que hay.»

Creí que era irrompible. Creí que era tan fuerte que no se rompería con nada. Y cuando MÁS te necesité. Cuando mi identidad y autoconcepto se derrumbaba, tú solo das la estocada final. Cortas el hilo. Sin anestesia. Sin duda. Cogiste el puñal contra el que llevaba semanas luchando y me lo clavaste. «Ahí te mueras», como si no te importara. Me partiste por la mitad. Y aún así sobreviví. No por ti, no gracias a ti. Sobreviví ese día y el resto de días. No sé si podría perdonarte, pero podría haber hecho el esfuerzo por entenderte. Y aunque entender no es lo mismo que perdonar, vivir con eso parecía una tarea fácil, me veía capaz de vivir sin perdonar (y sin guardar rencor, porque no soy alguien rencoroso). Solo necesitaba tiempo para asimilar el daño ….Pero lo complicaste tanto. Decidiste complicarlo TANTO. Te pedí tiempo para asimilarlo, un tiempo para mi, para colocar esa herida clavada en mi alma. Y tú solo seguiste clavando el puñal. Me bloqueaste. Borraste nuestra conversación. Lo bueno y lo malo. Borraste AÑOS de mi vida sin miramientos. ¿Por qué? ¿Fue porque te dije que no podía permitirme que tuvieras acceso a mi? ¿Después del puñal que me clavaste? ¿Por venganza? ¿Por vergüenza? ¿Por miedo a enfrentarte a eso que provocaste? ¿Como enfrentas ese dolor sin perderte a ti misma? ¿Sin sentirte decepcionada contigo misma? ¿Como asumir las consecuencias de tus actos?

La decepción inundó el vínculo y el hilo simplemente desapareció, como si no pudiera recuperarlo nunca.

Fuiste mi Nana, mi estrella guía, mi rosa de los vientos. Y te echo de menos.

Ella me dijo un día: «¿Te acuerdas del día de tu cumple? Fuimos las últimas en dormirnos de los que estabamos en esta tienda de campaña, hablando de muchas cosas, de ese día: del enfado tonto de Y*, de M* (your Nana), de las cosas divertidas… a pesar de todo, porque había cosas que quizás no irían bien, a pesar de que el mundo no estaba bien del todo… ¿pero no era un buen momento? ¿Un buen día? Un éxito. ¿No lo habías pasado bien ese día con tus amigos que te quieren? No digas que tu vida no tiene nada valioso ni interesante que contar, porque está llena de éxitos que te hacen a ti grande.«

A ella también la echo de menos, por momentos. Me dijo esto cuando aún eramos jóvenes e inconscientes, cuando el dolor aún no se había instalado en mi vida tanto como ese último verano. La quise tanto. Erais dos personas capaces de ver mi interior tan puro como solo vosotras conoceis… Pero las dos veces que pedí ayuda activamente, que pedí presencia, que pedí una amiga… Las dos veces me fallaron. Pero os echo tanto de menos.

La decepción parece que no se irá nunca.

Accountability

Sometimes, when people avoid you, it’s because they feel shame and guilt over how they treated you. Deep down, they know you didn’t deserve it and that they owe you more than silence, but avoidance becomes their coping mechanism. It’s emotionally unintelligent, yet very common in people who are avoidant or who lack emotional regulation. To face you would mean to face themselves, and for many people, that’s unbearable. It would mean listening to the pain they caused, sitting with your disappointment, and admitting the role they played in damaging the connection. Many people would rather carry guilt in silence than deal with the raw, heavy responsibility of seeing your pain reflected back at them.

Avoidance often shows up because accountability feels threatening. If they admit what they did, they also admit that the loss of the connection is on them. That’s hard for a fragile ego to hold, especially for people who already struggle with feelings of inadequacy. Accepting that they hurt you—and possibly ruined things beyond repair—means accepting that they are the reason you may never come back. So instead of being vulnerable, they hide. They push you away. They convince themselves it’s better to act cold or detached than to admit they miss you but don’t know how to fix what they broke.

For some, avoidance is about control. It’s easier to distance themselves and flip the narrative. They might frame you as the problem, exaggerate your flaws, or invent reasons to be angry at you so they don’t have to sit with the weight of their own mistakes. By making it about “your wrongs,” they regain power. They reframe themselves as the victim and you as the one at fault. That’s projection. By disowning their guilt and placing it onto you, they avoid the discomfort of self-awareness.

Avoidance can also be a way of pretending they don’t care. If they can convince themselves—and everyone else—that losing you isn’t a big deal, they don’t have to face the truth of their own vulnerability: that they messed up something that mattered.

All you wanted was accountability—some form of recognition, maybe even an apology. But instead, you’re met with silence, hostility, or deflection. It leaves you questioning yourself, doubting whether your pain was valid, replaying everything to understand how the blame somehow shifted onto you. It can feel deeply invalidating. Instead of healing through acknowledgment, you’re left with the extra burden of confusion, abandonment, and unresolved hurt.

This dynamic is a form of secondary wounding. The original wound was whatever they did to you. But the avoidance—the refusal to acknowledge or repair—creates a second wound. It reinforces feelings of being unseen, unimportant, and disposable. For many people, that second wound is harder to live with than the initial mistake. Mistakes can be forgiven when they’re owned, but avoidance says, “I’d rather protect my pride than protect your heart.”

Sadly, many connections could be salvaged if people were willing to face the discomfort of a real conversation. But because they fear vulnerability, they’d rather destroy something meaningful than sit with the temporary discomfort of accountability. Meanwhile, the person left behind is forced to process both the pain of the original hurt and the silence that followed.


You cannot teach accountability to someone who has built their identity around avoiding it. Growth requires discomfort, and some people would rather sacrifice relationships than face themselves.
People build their identity around avoidance when accountability once felt unsafe. If taking responsibility was met with punishment, shame, or withdrawal, they learned to survive by deflecting, blaming, and controlling the narrative. Avoidance, in many ways, became their armor. As adults, that same defense shows up as denial, minimization, or justification. They rewrite events to remain the victim. They intellectualize their behavior instead of feeling it. They distance themselves from the impact they’ve had on others because facing it would unravel who they believe they are. And when you try to hold them accountable, their defenses activate.

If you’re empathic, your nervous system feels that rupture immediately. You sense their discomfort and rush to repair it by overexplaining, softening, or taking responsibility just to restore connection. Uncontained empathy pulls your attention outward. You become so focused on their reactions, their discomfort, and their emotions that you detach from your own internal experience. Your body prioritizes maintaining connection over staying aligned with yourself. If they truly believed they weren’t the problem, they wouldn’t be running from the conversation. Avoiding accountability is what people do when the truth makes them look worse than the version they’ve been pretending to be.


Most people think a lack of accountability is a communication issue. It isn’t. It’s an identity issue. Taking responsibility forces someone to confront the gap between who they think they are and how they actually show up. For many people, that gap is too uncomfortable to face, so they protect their self-image instead of their integrity. Here’s the uncomfortable truth: people who refuse accountability often know exactly what they’re doing. They just choose emotional comfort over personal growth. So they rationalize, they justify, they over-explain. Confusion becomes a shield. Clarity becomes the threat. And the real trap? You start doing the emotional labor for them—explaining, translating, hoping they’ll finally “get it.” That isn’t empathy. That’s self-abandonment disguised as patience.

Accountability isn’t created through logic. It’s revealed through willingness. And no amount of understanding can replace that. If they won’t admit what happened, they’re still protecting the lie. And if they’re protecting the lie, they’re not sorry for the damage it caused. They’re just afraid of being seen for who they really are, because truth ruins their control.


You protect your nervous system every time you choose not to seek answers from someone who’s more invested in protecting their ego than building a healthy relationship. When we try to hold people accountable who don’t want to be held accountable, we often re-wound ourselves in the process. It’s easier to deny, deflect, and distort than to take accountability. So instead of owning their behavior, they rewrite the story so that you’re the problem.
But their version doesn’t change your reality, and your healing doesn’t need their validation.
This creates a cycle where we plead, overexplain, and chase the apology we deserve, hoping it will bring relief—but each attempt keeps our nervous system locked in fight-or-flight, searching for safety in the very place that hurt us.

You protect your nervous system every time you choose not to send that text, every time you stop yourself from making that phone call. You reclaim your worth when you pause, breathe, and ask: What do I truly need right now?
In that moment, you remind yourself: I deserve better than chasing answers from someone who isn’t choosing me. We often hold the fantasy that if we just explain to someone how they’re hurting us, they’ll want to change. But you can’t force anyone to change. Accountability is an inside job.


Yo he cumplido mi parte, ¿y tú?

No quiero volver a sentarme en el suelo

No quiero volver a vincularme con nadie si al final van a acabar siempre mal y sin ningún tipo de responsabilidad afectiva. No quiero volver a sufrir lo que estoy sufriendo.

Me merezco relaciones mejores. Me merezco vínculos más sanos. Me merezco amistades mejores. No puedo conformarme con menos, estoy cansada de conformarme con migajas. Estoy cansada de sentarme en el suelo esperando una silla. Basta.

Así que si me vas a querer, quiereme bien. Entiende que mis intenciones son puras. Que puedo cometer errores pero nunca lo haré a malas. Que te voy a dar todo, que voy a ser leal. Que puedo fallar, pero siempre estaré dispuesta a intentarlo una y otra vez, a estar ahí, a avanzar contigo. Intentaré suavizar al máximo mis rudezas para no hacerte daño, pero seré honesta con mis sentimientos. Te daré claridad, seguridad y firmeza para que nunca tengas que dudar de mi.

Lo único que puedo pedir a cambio… es que me aportes lo mismo. Quiero vínculos seguros. No quiero volver a sentirme a salvo donde nadie se esfuerza en sostener a los demás, donde impera el individualismo salvaje.

Quiero ser vista, respetada y elegida.

No quiero mendigar amor.

Quiero relaciones sanas, con conversaciones incómodas, con silencios naturales, con compañía y apoyo mutuo. Con empatía, simpatía y afecto. Vínculos compasivos, sin jueces ni juicios.

No quiero más condescendencia ni superioridad moral. No quiero más desconfianza en lo ajeno. No quiero vínculos donde se presuponga la maldad intrínseca de los demás, sino la bondad del desconocido como un individuo más. Como tú, como yo. De por si la vida es demasiado dura como para mostrar solo tus espinas, sé amable. Pero de verdad. La falsa amabilidad no sirve, la comodidad de la superficie no es suficiente.

Quiero sentir que tengo vínculos reales y no falsas comedias. Quiero amistades reales, no solo conveniencias.

Aquel que no se molesta en conocerte o consigue desconocerte a pesar del tiempo… ¿para qué lo quieres en tu vida?… ¿Para desmerecerte?

Fiera – Funambulista

Te dejé el amor en tu guantera
A dos mil kilómetros de mar
Perdimos señal en la frontera
Se apagó la música en el bar
Y ahora, ¿quién te va a amansar cuando salgas fiera?

Te dejé el amor en tu guantera
Alumbrando sitios que verás
Me dijiste: «llama cuando quieras»
Prometí que nada iba a cambiar

Y ahora, ¿quién te va a amansar cuando salgas fiera?
Cuando falte voluntad, cuando te deshielas
Y ahora, ¿quién te va a abrazar cuando te deshielas?

¿A quién vas a mostrar tus cicatrices
Tu rabia por vencer los imposibles
Tu salto que es mortal y te hace libre
Tu forma de besar que es invencible?

Todo se quedó desordenado
Ya no huele a ti en el salón
Tú estarás mirando en otro lado, y yo
Yo soplando velas en tu honor

Y ahora, ¿quién te va a amansar cuando salgas fiera?
Cuando falte voluntad, cuando te deshielas
Y ahora, ¿quién te va a abrazar cuando te deshielas?

¿A quién vas a mostrar tus cicatrices
Tu rabia por vencer los imposibles
Tu salto que es mortal y te hace libre
Tu forma de besar?

Te guardaré un lugar
Por si apareces
Y quieres descansar
De tantas veces

Que te ha salido mal
Y te entristece
Te guardaré un lugar

Y ahora, ¿quién te va a amansar cuando salgas fiera?
Cuando falte voluntad, cuando te deshielas
Y ahora, ¿quién te va a abrazar cuando te deshielas?
Cuando quieres reventar contra las aceras

Dime a quién vas a besar, hasta que te entienda
Dime a quién vas a besar, hasta que lo entienda
Dime a quién vas a besar, hasta que te entienda

Te dejé el amor en tu guantera
A dos mil kilómetros de mar

La muerte del yo.

Todo se ha deshecho. Finalmente todo ha muerto en mi. Pongo fin a «la Irene de antes» en este 01 de enero de 2026. Lo conseguiste, Melanie, me mataste. Te dije que no, que no me iba a morir por mucho que tú me lo dijeras… Pero finalmente me mataste. Eliminaste todo lo que eramos tú y yo sin vuelta atrás, sin retorno…. Años de conversaciones eliminadas de un día para otro.

¿Como puedo quedarme con lo bueno si eso tambien lo borraste? ¿Qué esperas que haga ante mi propia muerte? Decía que este año me rompí 20 veces y me recompuse 21…. Pero eso fue antes de saber que me mataste.

Es imposible que Irene vuelva. La Irene que alguna vez conocisteis ahora mismo está muerta. Enhorabuena, lo habeis conseguido. En tres meses habeis matado a una persona inocente, la habeis aniquilado por completo. Una vida hecha escombros. ¿Y todo para qué?

¿Qué va a salir de aqui? Porque incluso cuando digo «no puedo más», «dejad de hablar de mi», hay acciones que desvelan que sigo estando en vuestras vidas. ¿Os importo? Yo sé que no. Pues desapareced de una vez, dejad de hablar de mi. Haced como si nunca hubiera existido para vosotros y ya está. ¿Para qué quiero yo los recuerdos? Nunca me han dado nada bueno. No los quiero, quedaoslos. Quedaos con todo lo que yo era antes, todo lo bueno y lo malo, y desapareced de mi vida.

Lo conseguisteis al final. Me habeis matado. Id a mi tumba a ponerme flores y a llorar por mi y seguid con vuestras vidas.

En algún momento renaceré. Nunca he toreado en peores plazas, es cierto. Nunca me mataron tanto por dentro ni de tantas formas distintas. Os espero en mi funeral para veros una última vez.

De aquí solo puede salir una persona nueva.