¿Es normal que quiera volver a hablar del tema con las mismas personas?
Sí. Cuando algo duele, duele y seguirá doliendo hasta que no tengas ese momento de reparación, esa conversación. La comodidad está bien y mientras eso no moleste, las cosas estarán bien…. Pero eso siempre va a estar ahí molestando en mi cabeza. Es que ni siquiera me veo capaz de estar en un mismo espacio sin volver al tema…
Depresión, oh, here we are. Expresaba con palabras lo que tenía en la cabeza, otra vez ese sentimiento de insignificancia, de…. no importarle a nadie, no preocuparle a nadie, de ser totalmente prescindible, en cualquier sitio. Que soy la única que estoy sufriendo ASI y que los demás están mejor sin mi…. Y eso duele.
Supongo que soy la única que quiere reparar aquello que se rompió. Que «nadie me guarda rencor» y que «simplemente» no quieren hablar del tema. Pero algo se rompió en mi (todo se rompió en mi) y nadie es capaz de verlo a la cara, de sostener eso… «No creo que Irene sea capaz de evitar ese tema»… Es que NO quiero evitar ese tema. «Nadie tenía problemas con verla en el cumpleaños de…. Fue decisión de ella, pero los demás, ni siquiera la otra persona, no tenían nada en contra»…. «Para mi sería muy incómodo, otra cosa es que en algún momento surja verse en grupo y se cree normalidad». No entiendes que para mi no va a haber ninguna normalidad nunca. No hasta que se hable. No hasta poder sentarme con vosotros y que hablemos del tema, por muy incómodo que sea.
Pero ahora cada vez que vuelvo a esto, a esta entrada, a ese momento…. Todo llega a la misma conclusión: no hubo ni siquiera la mínima intención de reparar nada, porque nadie veía que para mi todo esto fue una ruptura. Dolorosa, muy dolorosa.
Porque cada vez que pedí diálogo, las excusas se fueron haciendo más y más evidentes. Publicar aquí fue visto como un motivo más, una razón más para negarme una humanidad que pedí desde el primer momento. Si todo lo que publico en mi blog va a ser usado en mi contra… Desde luego, no podía ser yo.
No, no uso ni he usado el blog para atacar a nadie. He expresado lo que sentía cuando lo sentía. No lo he compartido para «señalar» a nadie. Si lo compartí UNA vez fue para expresar lo que sentía en ese momento. La rabia. El dolor. La desesperación. Pero si ni siquiera eres capaz de entender eso… Me temo que el año pasado tenía razón cuando dije que tienes la empatía en el culo. Lo que se publicó en redes, se borró casi de inmediato, arrepentida. Así que no puede ser que digas que «lo hago público» para que «os entereis» cuando lo publiqué una única vez y lo borré. Nadie entra en mi blog, salvo quien realmente quiere tergiversar lo que escribo o usarlo a su favor para defenderse de palabras que no están ahí para atacar o mentir, sino para expresar lo que siento y lo que HE VIVIDO. No puedes negar mi experiencia, así como yo no niego la tuya.
Pero os empeñasteis en negar mi verdad, en negar mi experiencia, en negar incluso mis razones. Te empeñaste en negar mi realidad, diciendo que mi realidad estaba alterada. Cuando se pone en entredicho la experiencia de la otra persona, deja de haber diálogo posible. Y aunque deseara con todas mis fuerzas mantener una conversación en persona, desde el primer momento, una conversación más humana y cálida que simples mensajes de texto, sabía que esa oportunidad no iba a existir.
Por eso borré los chats. Yo no llego hasta el final del asunto si no estoy segura de que no hay nada que hacer. No soy una persona de rendirse. No soy una persona que de las cosas por hecho, que no reflexione sobre los asuntos que le importen, que no lo intente más veces. Lo doy todo, hasta el final.
Pero cuando llega el final es cuando entiendo que no puedo hacer nada más. Que las conversaciones mantenidas no me sirven para nada porque no había diálogo, solo posturas ya cerradas. No había intención de reflexión. Hubo un período de 2-3 meses donde las conversaciones estuvieron ahí y no se hizo ningún tipo de reflexión, así que… ¿Qué puedo esperar?
Y en ese momento llega el blog.
Que no consideres que me hicieras daño no significa que el impacto de tus acciones fuera diferente. Sí, me hiciste daño. Diste muchas cosas por sentada. Dudaste de mi desde el primer momento. No me creíste. Y luego decidiste activamente (y me lo dijiste) mirar para otro lado. Para protegerte quizás, para salvarte a ti. Pero esas acciones tuvieron consecuencias en mi. Todo lo que ocurrió esos días, el resultado de vuestras conclusiones y, sobre todo, la imposibilidad alguna de diálogo, me llevaron a una depresión MUY grave. No levantaba cabeza. Lloraba a todas horas. No tenía ni un día en paz conmigo misma porque NO PODIA.
Es fácil negar el daño cuando no lo has visto de frente. Cuando ni siquiera te has atrevido a asomar por la rendija a ese vacío. Me pusiste un «único» límite, cuando sabías que era el ÚNICO límite que no podía cumplir. «No repetir el tema…. porque ya estaba más que hablado». Para mi no. Tu límite era un imposible, porque para mi no estaba «más que hablado». La única circunstancia que pedí desde el primer momento, que fue hablar del tema por voz, nunca surgió. Y no surgirá nunca. Y esa fue mi única petición, en todo momento. Hablar como adultos, cara a cara, con la calidez de los gestos, el silencio de las miradas, la ternura de las palabras. Pero cuando no hay madurez emocional, no puedes pedir más. No se le pueden pedir peras al olmo.
Desde la comodidad del chat todo ha sido muy fácil. Fue fácil interpretar mis intenciones. Fue fácil decidir lo que me convenía. Fue fácil anular mi realidad. Bastaba con decir «eso no fue así» y cerrar la conversación. Pero…. ¿donde queda lo que yo viví? El diálogo quedó cerrado y traté de explicarlo por aquí, por este blog. Otra vez mis palabras fueron interpretadas de cualquier forma. Y, si lees esto, creo que también vas a interpretar de nuevo mis palabras. Dirás que te estoy acusando, que te estoy atacando o que te estoy juzgando.
Y después de todo… Sigues suponiendo. Supones que en mi cumpleaños lo pasé mal por no tener felicitaciones (qué más daba? No esperaba nada de nadie). Supones que habríamos tenido una bronca por no haberme felicitado, incluso «soñaste» con ello. Supones. Siempre supones. Pero nunca te paras a preguntar si tus teorías son ciertas. Nunca te paras a reflexionar por qué siempre haces las mismas suposiciones. No te paras a ver que tus suposiciones están siempre muy muy alejadas de la realidad, de lo que yo pienso y de lo que yo siento. MUY alejadas. Desde el momento en el que esa duda no existe, desde el momento en el que nadie se para a pensar «Oye, ¿qué habrá querido decir Irene con esto? ¿De verdad pretendía hacer chantaje emocional o simplemente está desbordada?» … Desde el momento en el que la curiosidad por la realidad de la persona con la que estás hablando desaparece por completo…. Los castillos en el aire que construyes no se sostienen. Y eso me parece muy triste.
«Esto empezo cuando me mintió»…. Pero es que no te mentí… No interpreté lo mismo que tú y eso es muy diferente a mentir. Entiendo por qué tú no lo ves igual. Para ti estaba claro como el agua, pero para mi nunca estuvo tan claro. Nunca tuve más contexto emocional que el que dijiste, que cuando admitiste que «no sabía nada» y que no tenía ni idea de la dimensión del conflicto. ¿Como puedes pensar que mentí cuando admites que no me diste toda la información necesaria para que fuera consciente?
Siempre he aceptado las consecuencias de lo ocurrido. Lo he dicho muchas veces. Sé que el mensaje se recibió como presión y entiendo por qué. Pero tras intentar el diálogo en tantas ocasiones sin recibir ni una sola oportunidad, me cansé. A este blog se llega por algo y es que cuando el diálogo se acabó, vine aquí a gritarle al viento. Mi primera entrada para retomar el blog fue precisamente eso, una «vuelta al muro». Una vuelta a la escritura terapéutica. No con intención de difamar a nadie, sino de expresar mis emociones, mis sentimientos, mi dolor, mi rabia, lo bonito, lo malo, lo que yo vivi… Todo.
Tras las continuas respuestas de «no voy a hablar», «no quiero hablar», «no puede hablar», cada una con con su correspondiente excusa («no está preparada para lo que yo le tenga que decir», «no es capaz de asumir lo que hizo», «no quiero tener nada que ver porque me ha difamado en redes»)… Decidí borrar todo. Las conversaciones, los contactos, los grupos en los que en algún momento hemos estado… Todo. Puedo borrar vuestros números de teléfono, pero aún estoy intentando borrar hasta los recuerdos. Por lo que sea, eso es mucho más difícil.
Todo esto para decir… Que este tema aún me sigue haciendo daño. Aún me duele. Me alegro que los demás hayais podido pasar página, de verdad. Bien por vosotros. A mi aún me va a doler un rato.
Ya verás cómo me olvidas
Y te encuentro en cualquier bar
Pegando saltos de alegría
Y me dices que lo nuestro
No era lo que merecías
Seré cosas que se cuentan
Vueltas de la vida