Os echo tanto de menos…

Ojalá no sintiera este enorme vacío cada vez que pienso en ti. En ti y en ella. Las dos personas que mejor me han entendido a lo largo de los años… Hasta que se fueron. Hasta que me destrozaron. Las dos.

«…Porque eres una de esas pocas personas con las que soy realmente feliz, de las que estoy segura de que no me fallaría nunca, porque eres de esas que siempre ha estado ahí, para todo. La persona que me dijo que hay hilos que nunca se rompen, que solo se camuflan, que con el paso del tiempo adquieren el color de la vida…»

«… A pesar de eso, sabes que siempre seré tu fan incondicional, pase lo que pase.»

«Las relaciones se adaptan y se fortalecen, llegando a ser irrompibles, sin importar lo que pase. Y eso es verdad, es lo que hay.»

Creí que era irrompible. Creí que era tan fuerte que no se rompería con nada. Y cuando MÁS te necesité. Cuando mi identidad y autoconcepto se derrumbaba, tú solo das la estocada final. Cortas el hilo. Sin anestesia. Sin duda. Cogiste el puñal contra el que llevaba semanas luchando y me lo clavaste. «Ahí te mueras», como si no te importara. Me partiste por la mitad. Y aún así sobreviví. No por ti, no gracias a ti. Sobreviví ese día y el resto de días. No sé si podría perdonarte, pero podría haber hecho el esfuerzo por entenderte. Y aunque entender no es lo mismo que perdonar, vivir con eso parecía una tarea fácil, me veía capaz de vivir sin perdonar (y sin guardar rencor, porque no soy alguien rencoroso). Solo necesitaba tiempo para asimilar el daño ….Pero lo complicaste tanto. Decidiste complicarlo TANTO. Te pedí tiempo para asimilarlo, un tiempo para mi, para colocar esa herida clavada en mi alma. Y tú solo seguiste clavando el puñal. Me bloqueaste. Borraste nuestra conversación. Lo bueno y lo malo. Borraste AÑOS de mi vida sin miramientos. ¿Por qué? ¿Fue porque te dije que no podía permitirme que tuvieras acceso a mi? ¿Después del puñal que me clavaste? ¿Por venganza? ¿Por vergüenza? ¿Por miedo a enfrentarte a eso que provocaste? ¿Como enfrentas ese dolor sin perderte a ti misma? ¿Sin sentirte decepcionada contigo misma? ¿Como asumir las consecuencias de tus actos?

La decepción inundó el vínculo y el hilo simplemente desapareció, como si no pudiera recuperarlo nunca.

Fuiste mi Nana, mi estrella guía, mi rosa de los vientos. Y te echo de menos.

Ella me dijo un día: «¿Te acuerdas del día de tu cumple? Fuimos las últimas en dormirnos de los que estabamos en esta tienda de campaña, hablando de muchas cosas, de ese día: del enfado tonto de Y*, de M* (your Nana), de las cosas divertidas… a pesar de todo, porque había cosas que quizás no irían bien, a pesar de que el mundo no estaba bien del todo… ¿pero no era un buen momento? ¿Un buen día? Un éxito. ¿No lo habías pasado bien ese día con tus amigos que te quieren? No digas que tu vida no tiene nada valioso ni interesante que contar, porque está llena de éxitos que te hacen a ti grande.«

A ella también la echo de menos, por momentos. Me dijo esto cuando aún eramos jóvenes e inconscientes, cuando el dolor aún no se había instalado en mi vida tanto como ese último verano. La quise tanto. Erais dos personas capaces de ver mi interior tan puro como solo vosotras conoceis… Pero las dos veces que pedí ayuda activamente, que pedí presencia, que pedí una amiga… Las dos veces me fallaron. Pero os echo tanto de menos.

La decepción parece que no se irá nunca.

La muerte del yo.

Todo se ha deshecho. Finalmente todo ha muerto en mi. Pongo fin a «la Irene de antes» en este 01 de enero de 2026. Lo conseguiste, Melanie, me mataste. Te dije que no, que no me iba a morir por mucho que tú me lo dijeras… Pero finalmente me mataste. Eliminaste todo lo que eramos tú y yo sin vuelta atrás, sin retorno…. Años de conversaciones eliminadas de un día para otro.

¿Como puedo quedarme con lo bueno si eso tambien lo borraste? ¿Qué esperas que haga ante mi propia muerte? Decía que este año me rompí 20 veces y me recompuse 21…. Pero eso fue antes de saber que me mataste.

Es imposible que Irene vuelva. La Irene que alguna vez conocisteis ahora mismo está muerta. Enhorabuena, lo habeis conseguido. En tres meses habeis matado a una persona inocente, la habeis aniquilado por completo. Una vida hecha escombros. ¿Y todo para qué?

¿Qué va a salir de aqui? Porque incluso cuando digo «no puedo más», «dejad de hablar de mi», hay acciones que desvelan que sigo estando en vuestras vidas. ¿Os importo? Yo sé que no. Pues desapareced de una vez, dejad de hablar de mi. Haced como si nunca hubiera existido para vosotros y ya está. ¿Para qué quiero yo los recuerdos? Nunca me han dado nada bueno. No los quiero, quedaoslos. Quedaos con todo lo que yo era antes, todo lo bueno y lo malo, y desapareced de mi vida.

Lo conseguisteis al final. Me habeis matado. Id a mi tumba a ponerme flores y a llorar por mi y seguid con vuestras vidas.

En algún momento renaceré. Nunca he toreado en peores plazas, es cierto. Nunca me mataron tanto por dentro ni de tantas formas distintas. Os espero en mi funeral para veros una última vez.

De aquí solo puede salir una persona nueva.

¿Qué significa para ti?

Después del impacto de sus palabras, de darme cuenta de esa agresión y llamarlo como lo que fue, me está costando asimilar que * fuera capaz de decirme algo así.

Me pasé la tarde sola en urgencias, quedándome con las justificaciones suyas y teniendo que ‘revivir’ esas palabras constantemente, cada vez que hablaba con un profesional. No tuve tiempo para reflexionar sobre ellas, pero cuando pude hacerlo sentí que debería estar sintiéndome MUY enfadada y dando una respuesta mucho más contundente. Solo estaba profundamente decepcionada. No quería hacer saña de la herida (hacer madera del árbol caído), pero sentí que si no ponía distancia en ese momento no iba a poder sanar nunca, que empezaría a sentir rencor y era lo que menos quería. No quiero terminar una relación así, y menos con *. No quiero que las últimas palabras que tenga de ella sean esa agresión verbal y sus audios posteriores (que ni recuerdo lo que dicen) tratando de justificarse.

Siento que necesito este tiempo, este punto muerto, para digerir el trauma, para acomodar esa herida en mi interior, buscarle un hueco y aprender a convivir con ella. Ni mil disculpas de * van a poder sanar esa agresión ni van a quitar el sentimiento de desilusión, de decepción. Tengo que aprender a aceptar que lo que pasó, pasó y va a vivir conmigo, pero eso no tiene por qué repercutir en una futura relación con ella. Se puede perdonar sin olvidar y se puede vivir también sin perdonar. El rencor y el perdón no tienen por qué ir de la mano.

No sé si algún día la confianza volverá a ser la misma. De momento no lo veo posible, y si algún día volvemos a ser amigas creo que siempre tendré la duda en mi interior, siempre me preguntaré «¿Cuando será la próxima? Puede esperar algo así de esa persona?». Quizás, una de mis condiciones inamovibles tiene que ser que ella admita esos prontos, esos conatos de rabia que dirige hacia su entorno. Lo estaba trabajando y lo llevaba bien, pero ese día traspasó cualquier límite y fui capaz de ver una cara que nunca me habría imaginado y que siempre estará ahí «subyacente».

Por el momento, esta pausa me deja tranquila, siento como si nada importara ya. No sé si es la medicación o que todo lo demás ha ido perdiendo intensidad y lo que me deja es la calma de no tener expectativas de nadie y hacia nadie.

Me sentí traicionada y eso sí que me dolió, pero poner ese límite con *, tan marcado, tan estricto y habérselo comunicado «bien», de la manera que a mi me habría gustado recibirlo, me hace sentir bien conmigo misma, serena. También me siento orgullosa de mi misma por haber «plantado cara» y verbalizado lo que fue con ella, sin que quepa duda a la justificación ni a una interpretación errónea. No traté de buscarle una explicación, no traté de dialogar. No hubo diálogo.

2.5.16.22.91 Cifras.

Son solo números, pero las historias se remontan a mucho, muchisimo más tiempo atrás.

Un concesionario (o un taller, no me acuerdo) como parada de autobús en una calle con tráfico. Un perro, un pequeño Yorkshire y una compañera. De mi hermana, no mía. Dos años mayor que yo.

«Cuentame al oido… (si Lucky es bueno o muy malito)». Canciones inventadas. La recuerdo porque la repetimos mucho.

Me fui. Pero las cosas no cambiaron. El diario de Hermione Granger, en el que, mientras Hermione dormía, Harry y Ron escribían la vida de Draco Malfoy (y otras paranoias) a las 3 o 4 de la madrugada. O haciendo varitas con palos de madera, con cuchillos y un poco «a escondidas» (por si nos pillaban los cuchillos). Jugando al escondite, y a Naruto, y a otras cosas. Mi jardín siempre fue grande para que las niñas jugaramos. Ver los dibujos a las 7 de la mañana pensando que eran las 8 (por el cambio de reloj), y jugar al Jenga esperando a que nos vinieran a buscar. Y otros miles de recuerdos, como el chiste de «te jodes mamá, gluglu gluglu».

Los recuerdos no son vinculantes. Ayudan a construir amistades, pero el lazo se hace más fuerte si compartes otras cosas. Opiniones hasta las tantas, puntos de vista y diferencias. FOTOLOGS (si, eso), texto, imágenes, comentarios. Cierto…. apoyo y comprensión mutuos, sin importar lo que hicieramos o el tiempo que pasara.

Porque pasó cierto tiempo. Un tiempo en el que apenas hubo comunicación, porque… no era necesaria. No suele ser necesaria.

Sin embargo, todo vuelve a la normalidad. A lo de «siempre». Las relaciones se adaptan y se fortalecen, llegando a ser irrompibles, sin importar lo que pase. Y eso es verdad, es lo que hay.

Hoy esa persona cumple 22 años. Y no me he olvidado (aunque lo parezca).

Me gustaría

Hola. Me gustaría que leyeras esta entrada. No es especial, pero va dedicada a ti. Quizás te sorprenda. Más me sorprendió a mi saber que seguías mi blog. En el fondo, esta entrada no es tan extraña. Porque eres una de esas pocas personas con las que soy realmente feliz, de las que estoy segura de que no me fallaría nunca, porque eres de esas que siempre ha estado ahí, para todo. La persona que me dijo que hay hilos que nunca se rompen, que solo se camuflan, que con el paso del tiempo adquieren el color de la vida. Supongo que ya tardaba mucho en dedicarte una entrada. Lo siento, no soy capaz de escribir como tú, pero lo haré lo mejor que pueda.

Realmente no sé por donde empezar. Saludo e introducción hechos…. ¿y ahora? Me gustaría saber si hay un guión para estas cosas. Supongo que no. Si tuviera que empezar a decir quién eres, creo que no lo tendría muy claro. Puede que no seamos esas amigas que están siempre juntas y que no se separan en todo el día (para eso ya tengo a Antía). Puede que nos veamos poco y durante apenas un minuto, el tiempo que se tarda en cambiar de clase (yo salgo y tú entras, ya sabes). Es cierto que ni siquiera nos da tiempo a hablar. Puede que tampoco nos llamemos muy a menudo, o quedemos para tomar algo. Supongo que tendría que decir que «pertenecemos a dos mundos… algo distintos», aunque no sea así del todo. Simplemente vivimos vidas distintas. A pesar de eso, sabes que siempre seré tu fan incondicional, pase lo que pase.

Tambien puedo decir que fuiste una de las personas que me dio la vida, años atrás, cuando sentí que todo estaba perdido. Puedo decir que tus palabras, lo que escribías e, incluso, cuando llegaste a enfadarte un poco conmigo, fueron mi salvación. Eso es lo que siento, aunque no sé si sabes bien a qué me refiero (está todo en mi fotolog, ya lo sabes). Como ya te dije, no pretendo expresar sentimientos sino pensamientos… los sentimientos se me dan bastante mal. Supongo que a ti se te da mejor. Por eso me gusta como escribes, siempre me ha gustado. Transformación de sentimientos en palabras… o algo así. Supongo que nunca seré capaz.

Hubo una época en la que me sentí apartada de ti. Quizás fue porque habíamos perdido el contacto. Cada una tenía su vida, y no parecíamos preocuparnos por la otra. Sabía que en realidad no era así y me di cuenta cuando pasé por tu instituto, cuando me viniste a buscar a medio camino de la estación. Corrí los último metros hasta ti, como si fuera la última distancia entre nosotras. Estaba contenta, feliz. Hablaríamos, y te vería tocar el bajo. Como ya sabes, me sentí Hachiko. Desde ese momento, me convertí en tu fan (y así me declaro, aún ahora y digas lo que digas. Nadie me va a quitar eso). Siento como si esos últimos metros de verdad fueran el último paso, como si… desde ese momento ya no hubiera distancias. Que podría sentir, ver y tocar ese fino hilo que nos unía, para siempre. Quizás es exagerado, no lo sé. El tiempo dirá.

¿Empecé bien? Bueno, no es una carta de amor. Eso tampoco se me da bien. Si tengo que ponerle nombre a esto, no se lo pondría. Y si tengo que ponerle fotos, tampoco. Tengo tantas pocas fotos de ti. Bueno, mejor. No las necesito. No estoy segura de que los ángeles salgan en fotografías. Tú quedas en mi corazón (oh, dios, que cursi ha sonado eso!)… Tendrá que ser así. Porque te quiero. Hoy, mañana y siempre. Porque.. bueno, tus palabras lo han reflejado mejor:

A veces puede parecer que el lazo que une una amistad se desata al ser desamarrado por el paso del tiempo, pero los marineros no inventaron sus nudos en vano y los ángeles aprendieron de ellos a tejer esa unión que une dos sentimientos en uno, resistiendo, haciendo frente a los sengundos, a las horas que intentan hacer que esas cuerdas que unen dos almas se desgasten hasta romperse. Pero hay hilos, que nunca se rompen, que adquieren el color de la vida y aunque parezca que ya no están, simplemente se camuflan entre la sociedad adoptando su color. Nuestro hilo, puede parecer transparente, sin embargo, aunque mis ojos sean ciegos a él, mi tacto siempre lo siente…
Te quiero mi pequeño ángel…

..Mîel

PD: Aún tengo el tarro de Miel de peluche, a ver cuando te lo puedo dar.